Hay ciudades que le dan la espalda al río. Rosario hace tiempo, no. La ciudad decidió, hace unos 35 años, que no iba a ser una de ellas. Esa decisión no fue un eslogan ni una promesa de campaña. Fue una política de Estado sostenida a través de seis intendentes, dos gobiernos provinciales y décadas de inversión pública y privada que fue transformando, metro a metro, una costa industrial que tenía que re significarse en el sistema de espacio público concentrado más importante que tiene la ciudad.
Un colorido y simpático documental nos remonta a 1933, con Esteban Morcillo como intendente. La historia que se cuenta es la del nacimiento de un espacio balneario de 400 metros de extensión por 150 metros de fondo en un terreno donado por Carlos Escauriza. La historia detrás de la historia, contada por los 90 años del balneario en el mítico Bar El Cairo, narra el amor prohibido entre Carlos y Natalia, una pareja que, contrariando el deseo de sus padres, se casaron en secreto y abrieron un bar llamado La Peña. El origen de todo esto, antes de la donación. La gracia de la iniciativa de los rosarinos, la virtud de los intendentes de la ciudad para escuchar la vibración de lo que puede enriquecer el espacio y uso público, como la creación de este balneario popular, municipal que es la Florida desde entonces. La sumatoria de más de 900 metros de la Rambla Catalunya sellaron la identidad del norte rosarino.
En paralelo, en el extremo sur de Ovidio Lagos al fondo, sobre el arroyo Saladillo, nació y tuvo un esplendor de más de 50 años el balneario Los Ángeles, un solaz para las familias de clase media acomodada, une duró casi hasta los años 80, momento en que inundaciones y exceso de contaminación industrial provocaron su cierre.
Un gran hito vino años después: el Parque España, inaugurado en 1992 bajo la gestión de Héctor Cavallero. Una escalinata, un anfiteatro, un balcón al Paraná. Lo que parecía una obra aislada fue en realidad el disparo de largada de una transformación que no se detuvo más y avanzó con una apertura hacia el norte.
En 1994 llegó la Isla de los Inventos en la vieja estación del Ferrocarril Central Argentino. En 1995 los galpones portuarios se convirtieron en el Centro de Expresiones Contemporáneas. En 1998, se sumaron otros en la Franja Joven. En 2004, los Silos Davis — contenedores industriales de hormigón donde se acopiaba granos para exportar al mundo — se convirtieron en el MACRO, hoy el museo de arte contemporáneo más importante del país.
Puerto Norte pasó de zona ferroviaria e industrial a uno de los desarrollos urbanos más importantes del interior argentino.
Siempre vas a encontrar un lugar desde el que ver el río: el Parque de las Colectividades, el anfiteatro, el Paseo 20 de Junio, la costanera sur. Un sistema costero continuo que hoy supera los 10 kilómetros. Y en los últimos dos años, la gestión conjunta de Maxi Pullaro y Pablo Javkin aceleró ese proceso como no se veía desde la época de Cavallero. El 27 de febrero de 2026, Rosario inauguró Costa Nueva: 3,2 kilómetros de paseo continuo desde La Fluvial hasta el Parque España, sobre lo que eran dos kilómetros de costa inaccesible, oscura y peligrosa en pleno centro de la ciudad. El Aura del Tricentenario — una cubierta reflectante única en el país, construida donde había una playa de maniobras ferroviaria abandonada — galpones reconvertidos en Tecnoteca, escuela de artes urbanas, mercado de emprendedores, experiencias culturales.
En el ex Batallón 121, el Centro Acuático Provincial con dos piscinas olímpicas ya lleva el 50% de avance para los Juegos Suramericanos 2026. Y en La Florida, las obras de Transformación que incluyen el Parque Acuático, van a completar un proceso que suma más metros de playa. Es la primera vez que pasa en más de 40 años. Durante todo este tiempo, los personajes políticos que salen a agitar el NO, liso y llano, se callaron. No hablaron ni propusieron nada superador. Muy por el contrario, financian campañas de desprestigio en redes sociales, falsean datos y tratan de nutrir sus filas con la peor de las prácticas de la política: odiar. Mas aún, siguen mintiendo para instalar una polémica falsa en torno a la recuperación de 200 metros totalmente degradados en los últimos años. Digámoslo claro: un lugar del que no hablaron nunca en todo este tiempo, no propusieron ninguna solución y callaron cuando lo que sucedía ahí de noche eran consumos varios (entre ellos, alcohol y drogas) parlantes al palo, picadas de motos y otras escenas que desalientan totalmente un paseo después de las 6 de la tarde.
"Desde los años 90 el gran cambio urbanístico fue abrirnos al río, porque lo teníamos tapado", tal la frase de Pablo (Javkin) cuando inauguro Costa Nueva. Tapado por depósitos, por paredones, por galpones ferroviarios en desuso, por sectores inaccesibles de noche y peligrosos de día. El río estaba ahí, a metros, y los rosarinos no podían llegar. Hoy tiene una vida intensa, con mucha gente que practica deportes náuticos y con un Consejo Consultivo del Río en el que participan todos. Lo creamos en 2022 con una iniciativa impulsada por mí como concejal, con el apoyo de escuelas de kayak, SUP, remo, kite, navegación con vela, guardavidas y personas con mucha experiencia, ligadas históricamente a la sociedad Costanera Rosario, una de las empresas públicas que tiene la municipalidad y que pone en funcionamiento toda la costa norte, desde las Piletas del parque Alem (donde hay colonias de chicos, colonias y actividades para adultos mayores, entre otras actividades a las que muchísima gente accede todos los veranos) hasta Costa Alta.
Este proceso de transformación, que incluye un parque acuático es exactamente lo que algunos no quieren que suceda. Se construye sobre cemento, no se toca ni la playa ni un solo árbol ni se invade el río. Retira bares que hoy se quedan con el espacio público de la gente. Repara el conducto Piaggio, un desagüe pluvial invadido por desagües cloacales ilegales, terminando con una deuda histórica para el saneamiento de la ciudad.
Traslada un muelle que le impide nadar a los rosarinos, colocándolo hacia el norte para la salida de lanchas a las islas. Y pone una atracción de escala regional en un sector que lleva décadas necesitando inversión. Que nadie propuso, ni trajo hasta que el gobernador Maxi Pullaro junto al intendente Pablo Javkin anunciaron los 12600 millones que harán posible la intervención de mayor escala sobre el norte.
Los mismos que no hicieron nada en ese sector durante años de gobierno, los mismos que perdieron la elección en 2023 y todavía no terminaron de procesar que la ciudad eligió otro rumbo, los mismos que ahora descubrieron el ambientalismo y la participación ciudadana como herramientas para frenar lo que no pudieron construir cuando gobernaban. Los que protestan por la inversión pública que reorganiza el sector no los veo protestando por la deuda de la Nación con Rosario por el impuesto a la nafta, que ya supera los $261 mil millones. “Un número que alcanzaría para subsidiar el sistema de colectivos 3 años, asfaltar 5 mil cuadras y conectar 54 mil hogares a la red cloacal”, resalta este mismo diario en exhaustivo análisis esta misma semana.
No me molesta el debate, al contrario, siempre elijo darlo. Sucede que son pocos los que se animan, o confunden agresión con debate. Porque lo que molesta, soberanamente, es la deshonestidad del debate. Nadie que entienda lo que es Rosario y su relación con el río puede mirar los últimos 35 años — el Parque España, el MACRO, Costa Nueva, el Centro Acuático, el Parque Acuático — y decir que esto es privatización del espacio público. Esto es exactamente lo contrario: es la recuperación más sostenida y más ambiciosa de espacio público que tiene la historia de esta ciudad. Las Obras del Acuerdo Rosario, que comenzaron en 2024 y que cuentan la salvación del puente sobre el arroyo Saladillo o la mitigación del corrimiento de la Cascada del Saladillo (una obra de ingeniería monumental para evitar que se siga desplazando), se cuentan dentro de este ambicioso proceso.
Rosario lleva 35 años ganándole terreno al abandono, a la desidia, a los paredones que separaban a la gente del río. Distintos gobiernos. Un rumbo. Cada obra que se hizo en ese tiempo tuvo sus detractores. Cada una de ellas terminó siendo el lugar donde los rosarinos van a encontrarse, a respirar, a estar juntos al lado del Paraná. La transformación de La Florida va a ser lo mismo. Y dentro de algunos años, quedaran en la historia los que empujaron con propuestas y lograron los cambios. A los que mintieron solo les espera el olvido.






