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Martes, 27 Abril 2021 #Orgullobaigorriense

En la primera línea

Nota de tapa del Periódico El Urbano, edición abril

Escrita por el licenciado Hugo Cravero

En el Centro Cultural “Cholo” Montironi, una veintena de personas están al frente del plan de vacunación contra el Covid – 19 en Baigorria. Ellos, casi de manera anónima, están siendo parte de una historia que se contará mañana como una hazaña humana y solidaria.
Breves relatos, que cuentan una crónica necesaria.


Un pequeño grupo de pos adolescentes avanzan en la mañana húmeda por Constancio C. Vigil a paso lento y firme. Sino estuviesen vestidos con sus atuendos, ambos de colores azules, celestes, blancos y rosas, parecerían un manojo de juventudes que circulan por una calle de Bon Vivant.
Son cuatro o cinco y se nota que son amigos, compinches de una aventura que jamás pensaron vivir. Ellos, juntos otros, son parte del plantel humano que día a día, desde hace un mes y medio, vacunan en el Cholo Montironi.
Son la primera línea que dan pelea a un enemigo invisible y mortalmente efectivo.

Todo está en calma. En el Bicentenario, rebautizado como Centro Cultural Cholo Montironi, en honor al músico baigorriense que enorgullece a la ciudad ribereña, hay una tranquilidad extraña. Es lunes y la vacunación contra el coronavirus es pasiva, según cuenta Natalia Annunziatta, la joven bioquímica que lleva la Subsecretaría de Salud municipal con una eficacia que genera admiración de propios y ajenos.
Natalia, que no para de sanitizar sus manos en tiempos cortos, reflexiona sobre el hecho histórico que se está viviendo.
- A veces, en la vorágine, no somos conscientes de lo que estamos atravesando. Todos nosotros, los vacunadores voluntarios, los trabajadores del hospital y el Municipio, somos parte de un acontecimiento único, sin precedentes -
Granadero Baigorria es una de las pocas municipalidades de la provincia que la campaña de vacunación contra el Covid – 19 se realiza en una dependencia propia, por afuera de un efector de salud.
- El 12 de febrero pasado se hizo acá - por el Centro Cultural - el operativo Santa Fe Verano, en conjunto con el Ministerio de Salud de la provincia. Fue cuando le propusimos a la ministra Sonia Martorano la posibilidad de vacunar en este espacio. Ella lo visitó y lo evaluó. Es por eso que desde el lunes 8 de marzo se empezó la campaña en el Cholo Montironi -
Al cierre de esta edición 4 mil vecinos de la ciudad ya han sido vacunados. Docentes y no docentes del Ministerio de Educación, personal del sistema de salud de Baigorria y adultos mayores menores de 70 años, hasta 101, han recibido por lo menos una dosis para inocularse contra el mal que aflige al mundo desde hace un año y medio.

Maite mezcla el rioplatense con el malagueño. Su voz suena extraña pero no deja de ser argenta cuando está entre sus pares.
Detrás de su barbijo, de su trenzado cabello, de sus ojos pardos, hay una historia que recorrió miles de kilómetros para estar allí, como una más de la docena de voluntarios enviados por la facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario.
La extrovertida muchacha de 25 años, a sólo meses de cursada y cuatro materias a rendir para convertirse en médica, se fue del país a España, con su familia, cuando tenía 4 años, en pleno caos del segundo periodo neoliberal y el fin del gobierno de Fernando de la Rúa corralito mediante.
Similar al argumento de la serie Vientos de agua, la pionera en cruzar el océano fue la abuela de Maite, que con 7 años junto a sus padres emprendieron el viaje a estas costas. Medio siglo después toda su familia volvía a España buscando un destino. Fue así que Maite, sus hermanos, sus padres y su abuela se radicaron en Málaga.
- Nos fuimos cuando tenía 4 años. Sólo vinimos una sola vez, estuvimos 15 días y nos volvimos a España. O sea que no conocía a nadie cuando decidí venirme a estudiar medicina a Rosario - dice Maite en la nota que se grabó para El Urbano Digital.
Fueron tiempos durísimos para la joven. En Rosario no había quedado ningún familiar. Todos se fueron con ellos entre 2000 y 2001.
- Vine a estudiar acá porqué en España no había podido ingresar a la facultad, y yo sólo quería ser médica. Así como argentina vine a Rosario, que es la ciudad de donde éramos. Al principio no conocía a nadie, pero es fácil hacerse de amigos acá, así que hoy dudo que vuelva para allá - comenta Maite, quien es líder natural del grupo de vacunadores universitarios que cada día están allí, muchas veces silentes testigos de los acontecimientos diarios en el Cholo.

Natalia aprovecha ese lunes pasivo para hacer una visita este medio de las instalaciones donde se guarda con una extrema seguridad las dosis de las vacunas. En un cuarto del Cholo Montironi bajo llaves hay un freezer gigante, de casi dos metros, con un termómetro externo conectado bajo alarma ante cualquier cambio brusco de temperaturas, y una heladera común. Todos los electrodomésticos son nuevos y fueron brindados por el Ministerio de Salud provincial.
- Acá – por el freezer grande – se ponen las Sputnik. Necesitan estar a 18 grados bajo cero, por eso la alarma. Si algo falla nos avisa y salimos corriendo para que no pierdan el frío – comenta Natalia. El detalle es que la guardia es constante, o sea las 24 horas de los 7 días de la semana.
- La heladera son para las dosis de Sinopharm y las de Astrazeneca. Esas necesitan menos frío. De 2 a 6 grados –
Sólo hay dimensión de la magnitud de los controles estando allí, de cerca.
- Las Sputnik vienen con un seguimiento de frío. Las dosis son traídas por el correo, con un chip que controla temperatura y recorrido, desde que bajan del avión hasta acá. Nosotros tenemos que informar todo y subirlo a un sistema operativo – dice la subsecretaria de Salud comunal, indicando unos plásticos imantados donde se guarda la información que luego se vuelca a la web.
- La sinopharm la buscamos nosotros a Rosario y las guardamos como lo indican -
A su vez todo, vacunas aplicadas, ciudadanos ya inoculados, dosis aún sin suministrar, son informadas al sistema provincial que sigue en línea lo que ocurre en todo el territorio santafesino.
- Nosotros, por más seguridad, al registro on line le sumamos soporte en papel, tanto para la Provincia como para el Municipio -

Don Pera tiene casi 90 años. Antes de jubilarse era profesor de música.
- Llegó y antes que se lo vacune preguntó si el piano estaba afinado. Le dijimos que si y fuimos a buscar las llaves, y se puso a tocar un largo rato – relata María Rosa Tinnirello, la actual consejera de la comunidad en el hospital Eva Perón.
Mary tiene una trayectoria cargada en la sociedad baigorriense. Fue presidenta de la biblioteca José Hernández, vecinalista, secretaria de Cultura municipal, concejala. Pero esta etapa de su vida nunca se le borrará de su mente y de su alma.
- Yo les digo a todos. Saquen foto, filmen lo que está ocurriendo aquí. Esto es histórico y emocionante -
Fue así que quedó grabado lo de Don Pera y su pequeño concierto de piano.
Carlitos es enfermero en el Eva Perón y delegado gremial en el hospital escuela. Es robusto, de grandes gestos y una seriedad poco comprobada entre sus compañeros. El hombre embebido en su ambo celeste es un gran profesional de la salud y mejor cantante.
Es por eso que al ver a don Pera al teclado no pudo con su genio y comenzó a cantar a dúo con el pianista, de manera improvisada, tangos y milongas.
Al ritmo de las canciones, el Cholo se llenó de aplausos. Emociones que desafiaron el oscuro momento de pandemia y temores colectivos

Luisa baja de un auto rojo que maneja su amiga. La trae al Cholo una duda. Tiene 78 años, que no aparenta para nada en su vestimenta juvenil y porte, y aún no le llegó el turno para vacunarse. La mujer, de coquetos gestos, cayó justo al vacunatorio ese lunes pasivo, donde se hacen guardias para aquellos vecinos, que como ella, consultan sobre su vacuna.
En el Centro Cultural hay un grupo que espera. Allí están; Coca, una agradable empleada municipal de sonrisa amplia y generosa camaradería, Paola, la enfermera del Eva Perón preparada para colocar las dosis rezagadas, y Natalia Annunziatta, que está íntegramente abocada a éste suceso.
Luisa consulta y Natalia la atiende. Ella entiende que tuvo un mensaje de texto, no sabe cuándo, y que esperó un llamado o algo más que le confirmara el turno. Su amiga, también empilchada con ropa sport y deportiva, ya está vacunada, y es por eso no sabe cómo aún no lo está.
Con la rapidez que da la tecnología, Naty corrobora que tenía un turno asignado, el pasado 6 de abril y le propuso vacunarla allí mismo. La cara de Luisa, su cambio de semblante, su felicidad detenida en segundos, hizo ganar la mañana.
Después un clásico. Una amiga sacando una foto desde un celular, la risa tenue detrás de la mascarilla, una remera arremangada, un leve pinchazo, y la esperanza de seguir vivo, a pesar de todo.

Por el Cholo Montironi se han vacunado a miles. Hasta el mismo Rodolfo Cholo Montironi fue uno de los primeros en vacunarse allí.
- Me siento como en mí casa, nene – dijo el maestro de 91 años a Ariel Marini, el periodista que le sacó la foto justo cuando lo estaban inoculando.
- Acá hay centenas de micro historias. Gente que viene con temor, por lo que se dice en algunos medios. Vecinos que consultan por algún familiar o por ellos. Amigos de toda una vida que son vacunados o sus familiares. Personas que las conozco desde siempre – resume María Rosa Tinnirello.
- Hace poco se vacunó una mujer de 101 años. La vecina baigorriense de mayor edad que se le dio la dosis. A los pocos días se lo vacunó a su hijo, que también es adulto mayor. A los dos los conozco de Baigorria. Es muy grato estar acá, más allá de los motivos que nos trajo – agregó la consejera comunitaria en el Eva Perón.
Hay cartas de agradecimiento, que invitan a los responsables del vacunatorio a no bajar los brazos. Mensajes de WhatsApp que vuelven hacer lagrimear a cualquiera recordando desde la llegada del turno hasta la dosis colocada.
- Hay mucho trabajo, hay uno que se ve y es palpable. Pero hay uno oculto, de control y gestión de los espacios, en sintonía con todos los que están en el Centro Cultural – asevera Annunziatta, que da fe de lo que dice pues suele estar activa hasta entrada la medianoche, coordinando el día por venir.

En una mañana de las tantas en el Centro Cultural donde la angustia gambetea el miedo a morir, la vida se toma revancha.
No hay una sola queja, se respira armonía y esperanza.
Una igualdad que tal vez se convierta en lo normal luego de superar esta densa noche que sufre la humanidad.