Opinión del licenciado Hugo Cravero
Director Grupo Urbano y (fundamentalmente) baigorriense
Alguna vez te pusiste a pensar qué tipo de ciudad es Granadero Baigorria.
Turística. Industrial. Residencial. Dormitorio. De paso. Tecnológica. De miras al río. Natural. Verde. De edificios. De casas bajas.
En sí es todo eso y no.
Hay como una asincronía entre lo que somos y seremos.
Esta anarquía social, demográfica y territorial, se mantiene desde siempre.
Es más, justo en esta semana en que cumplimos 132 años fundacionales, se podría decir, sin ánimos agoreros, que el único que llevó adelante un plan de pueblo fue Lisandro Paganini en su traza original del poblado a finales de la década del 80' del siglo XIX.
Por entonces Paganini quería hacer un negocio inmobiliario extraordinario, como lo hicieron otros terratenientes contemporáneos al fundador, que beneficiados por los gobiernos de turno, y las cercanías políticas con la generación de los 80', no pararon de crear pueblos, vendiendo a precio vil lotes y chacras a los nuevos argentinos venidos de Europa.
Don Lisandro supo lo que quería y lo llevó a cabo. La perfecta diagramación de los barrios San Miguel y Centro lo denota. Las calles anchas y generosas. Los espacios verdes y armónicos. Los bulevares de doble mano, y la ruta a San Lorenzo, actual avenida San Martín, fueron ideados por el escribano.
Luego todo quedó en manos de agrimensores y negocios inmobiliarios.
Los loteos futuros, las anexiones de territorio al viejo Pueblo Paganini, fue de manera no meditada, por lo menos no de forma colectiva.
Un dato revelador de esto es que el centro urbano y cívico de Paganini estaba programado en San Miguel, pero la comodidad de los pioneros, que se radicaron en barrio Centro, hizo que que ahí se instalara la vida pública del pueblo.
De allí es que en la ciudad haya manchones urbanísticos, sin planes, ni previsiones.
Desde siempre se discutieron proyectos reguladores. Hubo reuniones y convocatorias, pero pocas definiciones.
Quedará en la imaginación si fue por mediocridad, o para hacer la vista gorda y de esta forma emprendedores inmobiliarios hicieran pingües de negocios a costa de hacer de Granadero Baigorria una localidad sin una línea a seguir.
De barrios desconectados y desidia urbanística.
Durante años Baigorria fue parte de los no.
Gente que no.
Yo he sido de ese triste equipo. Por falta de información de mí parte. Pero otros lo fueron, y lo son, por ser contrera a cualquier cosa. Son los que quieren que no les toquen el pueblo, el cual ya no existe.
Pigmeos intelectuales, militantes del no.
Acá por estos lares hemos discutido de manera hueca temas irrelevantes y otros trascendentes que habrían cambiado la historia local.
Podríamos hacer un listado de pecados veniales, pero quisiera detenerme en dos, porque en los dos estuve en las huestes opositoras y hoy las veo como sonseras de juventud que dieron frutos a algunos para ambiciones personales, pero la sociedad quedó mirando con la ñata contra el vidrio.
Uno fue el conflicto de las cloacas en la segunda intendencia de Humberto Sdrigotti.
Era 1994 y el poder del Gringo era potente. Se encaminaba a su tercer mandato consecutivo, pero el Concejo votó la ordenanza que daba la potestad al Municipio de hacer la totalidad de la obra de cloacas, para todo el ejido urbano de entonces, con costo al vecino.
Políticos de la oposición, vecinalistas, vecinos y un par de los mismos pibes que hoy siguen en la sintonía del no, nos reunimos en asambleas, fuimos al Concejo y rompimos un par de ventanas, llamamos a los medios, armamos bardo, nos movilizamos, un par de cosillas más en protesta de la obra.
La situación del país estaba mal. El neoliberalismo atravesaba el cordón y sólo pensar en otra cuenta que pagar alertó a los baigorrienses. Sumado a la prepotencia del sdrigottismo que no daba brazo a torcer, hizo que se caldearan los ánimos.
Pero, en sí la obra, viéndolo hoy a 27 años de los acontecimientos, era viable. La pasión sin una razonable planificación de qué hacer para mejorar el proyecto del oficialismo de esos años dejó a la ciudad sin cloacas, y en la actualidad, en pleno 2021, a duras penas se cuenta con el servicio en algunos sectores de la localidad.
Es bueno recordar, como resumen, que Humberto perdió las elecciones en el 95', a manos de una alianza con muchos de los que se habían negado a las cloacas.
Otro conflicto fue el de la Reserva Natural.
Trataré de ser breve para contarlo.
En 1977 el intendente de facto Anuceto Locatelli, un prefecto enviados por los milicos como interventor del Municipio, dictó un bando/ordenanza entregando a un grupo de vecinos de barrio Paraíso la concesión de los 600 metros de costa desde bajada Estrada a calle Urquiza.
El prefecto era amigo de un par de los que ya venían cuidando el lugar y preservándolo. La idea no era mala, pero otros que también eran parte de la cosa, luego se opusieron porque decían, ya en democracia, que el espacio iba a convertirse en un club privado, que los tejidos perimetrales eran elitistas, un par de boberías más, que este periodista adscribía de manera cándida.
La cuestión es que llevaron la disputa a la Justicia. Ida y vuelta. Que fallo de acá, que normativas de acá. Un pérdida de tiempo y guita infernal.
Durante años discutiendo el agujero del mate. Uno de los tantas resoluciones judiciales les dio la razón a la muchachada proteccionistas, y los ganadores tuvieron la misma idea que habían renegado. O sea, cobrar entradas, hacer socios, primero sacar el entejidado para después volver a ponerlo. Crear una asociación civil.
Un sainete sin sentido, que dejaba apercibir el interés de algunos en no perder casas o ranchos construidos en las barrancas, o que un grupete tuviese un lugarcito para poner canoas y kayak.
Hoy la Reserva Natural es un privilegio que se disfruta y es tan de Baigorria como de la región.
En fin.
Ciento treinta y dos años después aquí estamos, desorganizados.
Y aunque parezca imposible, estamos a tiempo de planificar la ciudad. De lo que falta por urbanizar, de lo que se puede recuperar territorialmente y de lo que queremos hacer de nuestra Granadero Baigorria.
Hoy estamos ahí. Cerca.
El Complejo Paganini nos puede proyectar. Cincuenta y tres (53) hectáreas verdes, reparquizadas, reutilizadas, reforestadas para toda la comunidad, no sólo la baigorriense.
Un gran parque que será un pulmón verde para la región.
Allí en ese predio la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) desea instalar su campus. Aunque sea repetitivo vale recordar datos. Cuatro mil quinientos (4500) estudiantes de carreras de ingenierías vendrían a cursar a Baigorria. Seiscientos (600) trabajares, quinientos (500) docentes y cien (100) no docentes, realizarían sus labores en la casa de altos estudios.
Un antes y un después. Una hecho sin precedentes.
Podemos imaginarnos la explosión inmobiliaria en la ciudad.
Podemos darnos una chance de prever lo que ocurrirá con el comercio.
La llegada de la UTN hará que a la Universidad Nacional de Rosario (UNR) construya en el mismo predio aulas y sume carrera superiores para Baigorria.
Universidades privadas ya están viendo a Granadero Baigorria como un lugar para abrir sucursales. Recientemente la Universidad del Gran Rosario se reunió con el intendente Maglia para iniciar una diplamatura en la ciudad. Es obvio que la UGR está interesada en lo que está por suceder en la localidad.
Si a todo esto le agregamos que en Baigorria ya funciona el Politécnico, dependiente de la UNR, no es demencial denominarnos en un futuro como Ciudad Universitaria.
Una localidad que acobije a miles de pibes deseosos de formarse educativamente y que después se queden acá y se sumen como vecinos, formando familia y pertenencia.
El Complejo Paganini es la bisagra de la ciudad. Pero la llegada de la UTN y la UNR nos pone en el mundo.
El milenio, que se inició hace dos décadas, está por empezar en Granadero Baigorria.
Hay que dejar de soñar una ciudad y ponernos a trabajar en un destino, una meta.
Desarrollar el noroeste baigorriense, sus 3 mil hectáreas rurales. Planificar que hacer allí, cómo serán sus barrios.
Fomentar más conectividades con la Autopista.
Debatir con Ybarlucea los límites distritales. Resolver ese chino que son las líneas divisorias, y volver extendernos hasta el canal, sumando territorio y posibilidades para Baigorria.
Definir dónde deben construirse los edificios de altura.
Cómo será la costa y nuestra convivencia con el río.
Conservar la isla Los Mástiles. Fundirnos con la naturaleza.
Urbanizar los barrios postergados y los asentamientos irregulares.
Generar los recursos económicos desde las inversiones inmobiliarias, haciendo la ecuación más simple, que paguen lo que deben pagar y que todo esto genere empleo para los baigorrienses.
Abrir grandes espacios y calles. Conectar la ciudad de este a oeste y norte a sur.
Y, renacer como una Ciudad Universitaria.
Un mojón en el país.
Un orgullo, nuevamente.
Una Granadero Baigorria que sea el destino de miles de jóvenes para venirse a estudiar y después a vivir, acá, cerca del Paraná, de lo verde.
Estamos cerca de cumplir estas metas.
Es urgente que todo sea transmitido por el gobierno municipal. Que no dude en dar el debate, honesto, lejos de chicanas. No quedarse en la discusión chiquita con visionarios del fin del mundo o calienta sillas de bares.
Contarles a los vecinos de buena fe, a las instituciones intermedias, a quien quiera oír, de lo que se trata cuando hablamos de un mañana próximo.
Decirles a los inversores que es Baigorria un lugar ideal para confiar recursos, por arriba de otras localidades.
Y comunicar que el futuro de la ciudad va ser auspicioso siempre y cuando cada uno de nosotros sea parte y se comprometa.






