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Miércoles, 24 Febrero 2021 En memoria

Humberto Sdrigotti, el hombre que soñó una ciudad aun inconclusa

Nota de tapa del periódico El Urbano, edición febrero de 2021

Una crónica histórica, justa y necesaria, para saber de dónde se viene para ser la ciudad que hoy es Granadero Baigorria

El jefe había organizado un asado para el martes 12 de agosto al mediodía en su quincho, allá en el fondo, Orsetti al fondo, donde se resolvían los conflictos o se acumulaban.
Las internas en la Municipalidad, en las primeras líneas del poder, eran insostenibles, y el Gringo lo sabía. También comprendía que ya no tenía las mismas fuerzas que otros años donde un sólo gesto ordenaba los tantos y santo remedio.
Por eso el almuerzo. Reunir a los bandos internistas, uno constituido por las abogadas que llevaban agua para su molino, y el otro por los más militantes y territoriales, que también hacían sus diferencias a espaldas del hombre que los había llevado hasta allí.
El intendente estaba agotado y enfermo, pero igualmente no bajaba los brazos. El encuentro era urgente, sólo faltaban 40 días para las elecciones de 2003 que lo proyectaban ganador para su cuarto mandato, y se necesitaba aceitar temas de la gestión y de la campaña.
Con él estaban los más cercanos en el quincho del fondo del fondo. Su estrechísimo grupo de colaboradores, que lo asistían política y humanamente de a sol a sol.
La cita era en un horario estricto, de puntualidad inglesa, como le gustaba al mandatario. A la hora señalada los comensales de cada lado de la disputa no habían llegado. En esa mesa casi vacía, el hombre que supo de triunfos nunca antes vistos en el paisaje baigorriense, se sintió derrotado por la infantil polémica que lejos estaba de esa ciudad que supo soñar. Dio la orden de servir el asado, meditó los hechos al fuego lento de un cigarrillo negro, terminó su porción de costilla, apuró el vaso de cerveza y se fue a dormir la siesta.
- Si llegan a venir díganle que se vayan, que me fui a dormir - dijo y se retiró a su habitación.
El jueves siguiente, el 14 de agosto de 2003, Humberto Luis Sdrigotti intendente por tres periodos moría, en su casa de San Miguel, de Orsetti al 1300, de un infarto.
Tenía 62 años.

Humberto nació en Rosario, en barrio Belgrano. Su familia ya se ocupaba de la construcción de nichos y parcelas en el cementerio La Piedad, por eso el laburo de albañil lo atravesó toda su vida.
Lector feroz y de gran inteligencia, de niño se notó que estaba adelantado de manera natural de los demás jóvenes de su edad.
- Avanzó rápidamente en la escuela. Las maestras lo hacían pasar de grado con rapidez, por eso a los 15 ya estaba el 5° año de la secundaria - contó Analía Sdrigotti, única hija del que fuera el intendente de mayores logros electorales aun hoy no repetidos.
Los Sdrigotti eran de clase media trabajadora. Humberto era el único hijo varón. Tenía dos hermanas, una mayor por unos años, Sara, y otra, Esther, que nació cuando él tenía 18. Sus padres esperaban mucho del muchacho, pero un hecho que no se entendió por entonces, más se comprendió después, le cambió la vida. A meses de terminar los estudios secundarios y convertirse en Maestro Mayor de Obras, el adolescente, con sólo 16 años, dejó la escuela y se vino a trabajar al cementerio de Baigorria al oficio que conocía desde la cuna.
- Mi abuela siempre le reprochó la determinación de dejar los estudios, pero él sabía que tenía que ayudar en la casa con dinero. Su hermana mayor estaba enferma, mi abuelo no podía con todo, y él tomo la responsabilidad de aportar y solventar los gastos - dijo Analía.
De a poco Humberto fue creciendo en su labor. La llegada de Esther, el fallecimiento prematuro de Sara, la muerte temprana de su madre, la viudez de su padre enfermo, su matrimonio con Pepi a la vuelta de la colimba en 1964, fue el cúmulo de hechos que lo hizo poner al frente de todo.
Su casa de Belgrano al 200 era el centro. Pepi, joven y veintiañera, se hizo cargo de la economía familiar y él solventó todo desde su trabajo en el cementerio local.

En los 70' Sdrigotti ya era un hombre adinerado. Militante peronista desde siempre durante la dictadura tuvo que sufrir la persecución.
- No la pasó mal, pero si había autos que lo seguían, o nos vigilaban la casa - comentó Analía.
Humberto se hizo peronista y es literal.
- Estudió al peronismo, porque su padre le decía que había un antes y después desde la llegada de Perón. Leyó todo lo que pudo de Juan Perón, su vida, sus pensamientos. Él decía que el peronismo tiene una doctrina, similar a la doctrina social de la iglesia – dijo Pepi, la mujer que se enamoró de Humberto a sus 15 años, una historia de amor y compromiso que llega hasta hoy cuando no contiene el llanto recordando al hombre con quien vivió y sufrió, y supo crear una familia.
Humberto ya era un referente en la vida social de Baigorria a principio de los 80', por eso cuando se supo que se volvía a la democracia, compañeros del peronismo, entre ellos el recordado abogado Esteban Jurado, lo fueron a buscar para que participe de las elecciones internas del Partido Justicialista.
- Vino un día y me dijo: “Nosotros ya estamos bien, tenemos todo, no nos falta nada. Es hora de dar algo por mí ciudad que me dio lo que soy y lo que somos”. Y así se metió en la política – recuerda Pepi cuando la decisión meditada del Gringo fue anunciada primero y llevada a cabo después.

Pero para que se entienda esta parte de la historia retrocedamos unos años. En 1975 la legislatura santafesina, avalándose en el censo de 1971, daba el estatus de ciudad a Granadero Baigorria. El 1° de enero del 76', por decreto del gobernador Carlos Silvestre Begnis, el presidente comunal Juan Clodomiro “Piruqui” Acosta, era nombrado intendente de la ciudad. Las elecciones de ese año iban a conformar el primer Concejo deliberante local, pero el golpe de Estado asesino del 24 de marzo lo impidió.
Las elecciones de 1983 eran especiales porque se elegía el primer intendente y la primigenia legislatura baigorriense.
El peronismo venía herido, pues Piruqui que era un aliado natural del PJ de Granadero Baigorria, y había ganado en 73 con el apoyo de gran parte de la militancia peronista, esta vez iba sólo con Línea Popular.
A su vez el partido estaba diezmado por la masacre hecha por los militares, que llenaron las cárceles de militantes sociales de izquierda y del campo nacional y popular, desapareciendo a los mejores cuadros políticos de esa generación.
El peronismo local no estaba alejado de estos males. Y eso se vio en las internas.
Humberto enfrentó a Eduardo García Vera, un docente que daba seguridad entre tanta turbulencia pero no llegaba al electorado profundamente peronista, a pesar que los llamados históricos lo acompañaban. Sdrigotti perdió la compulsa, y recién allí fue cuando José Horacio Monti, el radical que ya había gobernado la ciudad desde 1964 al 69', se candidateó por la lista 3.
La amistad entre ambos dirigentes venía de antes, cuando el Gringo ya dirigía las cuadrillas en el cementerio y Monti era presidente de la comuna en los 60'. El apoyo a sotto voce de Humberto a su viejo amigo solidificó el triunfo de la Unión Cívica Radical baigorriense el 30 de octubre de 1983.
La vuelta democrática y la primavera alfonsinista también se respiraba en Baigorria. El mayor expositor de esa movida era el secretario de Gobierno y Cultura de Horacio Monti, Alfredo Secondo, quien ya venía acompañando al viejo militante de la boina blanca desde sus inicios de gestión en la comuna.
El Flaco era la verdadera máquina de aquella primera intendencia, pero la interna peronista ya estaba en manos de Humberto. En las elecciones de 1985, el PJ se impuso logrando renovar dos bancas en el Concejo, llegando al recinto uno de los futuros colaboradores de Sdrigotti, Alberto Bertero, quien le ganó al radical Dante Vignale.
Del 85' al 87' llegar a la Municipalidad fue un trámite para el Gringo. Esta vez las elecciones internas las ganó con comodidad a Eduardo García Vera, y junto a Raúl Zavattero, quien fue su primer candidato a concejal, Humberto Luis Sdrigotti se imponía por 3600 votos contra 2600 a su gran amigo José Monti.
Ese domingo 8 de noviembre de 1987 no solamente ganaba el peronismo baigorriense después de casi 35 años en la ciudad, sino que nacía una mística y un concepto político. Comenzaba a gobernar el sdrigottismo.

Antes de Humberto, Constantino José Secco había sido el último justicialista en ganar las elecciones ejecutivas en Baigorria. Su triunfo fue en 1952, en un pueblo que se destacaba en su identidad peronista, pues anteriormente su hermano, Juan F Secco, había sido presidente comunal por el partido de Perón desde el 46' al 52'.
Tras el golpe Estado de 1955. y la proscripción los justicialistas pactaron con un sector del radicalismo. Los censurados se metieron en las hendijas del quiebre de los radicales, entre populares e intransigentes. Perón acordó con Arturo Frondizi para llegue a la presidencia en 1958. Ese arreglo entre perucas y radichetas llegó al pueblo de Granadero Baigorria y los justicialistas apoyaron la lista de los intransigentes.
El líder peronista de entonces era Enrique “Coco” López, quien rosqueba los acuerdos. Coco era un militante natural, quien en los 60' se asoció con Sdrigotti en el negocio del arte funerario. López fue uno más en la familia Sdrigotti, vecino y padrino de Analía.
Volviendo al 58' en la comuna los ganadores fueron los radicales populares, junto a Piruqui Acosta, pero en 1962 fueron los frondizistas los ganadores junto a Guillermo Falletti. Allí es cuando se suma a la gestión pública Alfredo Secondo, hijo de otro puntero justicialista de barrio San Fernando, Mateo Secondo.
Falletti era un mecánico del pueblo. El hombre no quiso continuar en un segundo periodo, así que en 1964 el candidato intransigente fue José Horacio Monti, un empresario vinculado a la bodega Camprot, hoy barrio Martín Fierro, y al mundo rural del pueblo. No hace falta aclarar que todo estos contubernios pasaron por las manos de Coco López.
La relación entre Humberto y Monti nació allí, cuando en el 64' se mudó a Baigorria a trabajar a la necrópolis. Ese vínculo humano y político también lo entrelazó con Secondo, quien ya en los 80' se los vio enfrentado en eternas peleas públicas sobre el manejo del Municipio, pero discretamente su amistad nunca se cortó.
- Mi papá lo eligió a Alfredo como enemigo político - dijo Analía a El Urbano.
- Públicamente discutían, pero todo se acordaba. Humberto era un estratega único - confesó Andrés “Bocha” Tassile, yerno de Sdrigotti y concejal de ese espacio político en los 90'.
- Era puntilloso. Pisaba sobre seguro. Él quería que el Flaco sea su oponente. Más de una vez pagó sus campañas electorales - agregó Tassile.
La relación entre los radicales y el peronista eran cordiales. En 1987 cuando llegó a la intendencia Sdrigotti descubrió que había 2 años de coparticipación adelantada.
- No había plata, ni un mango. Humberto lo sabía porque ya lo había hablado con Monti y Secondo apenas ganó las elecciones - dijo Tassile.
- Así que hubo que apechugar y vivir de nuestros recursos - agregó.
En 1988 con una Municipalidad en quebranto, sin recursos, Humberto puso dinero de su bolsillo para poner en funcionamiento el Estado. Desde la compra de insumos de librería hasta el combustible para que los camiones regadores o tractores estuvieran en las calles. Eran otros años, una ciudad sin servicios, con grandes baldíos, una mezcla de ruralidad y de ciudad en construcción.
El país estaba al borde de caer en la hiperinflación y los saqueos, que aceleraron el final del gobierno de Raúl Alfonsín.
En medio del caos el Gringo capitaneó la crisis como se pudo y el Municipio salió del desastre, comenzando un crecimiento nunca antes visto en Baigorria.

Lo que hizo Humberto en su gestión desde 1990 hasta 1995 sólo se lo puede comparar, dimensionando tiempo y espacio, a los años 30' del siglo pasado cuando la comuna de Paganini hizo el nefasto acuerdo con la Zwi Migdal trayendo los burdeles de rufianes judíos a San Fernando y con esos recursos se pudo urbanizar barrio Centro y San Miguel; o a los 60' de Monti y Secondo cuando se pavimentaron las calles del Centro y Paraíso, junto a la Caja de Crédito; o, ya para los más contemporáneos, a la intendencia de Alejandro Ramos del 2007 al año 15', con el vendaval económico traído desde la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner .
Con dineros propios, con el ahorro estratégico del Gringo se iniciaron las obras de asfalto en San Miguel, Haras, Paraíso, Los Naranjos, Correo y Los Pinos, sin costo al vecino.
En ese lustro sdrigottista, con la Municipalidad saneada, se vio la clara idea que tenía entre ceja y ceja Humberto para la ciudad.
- Quiero una ciudad adentro de un parque. Quiero que Baigorria sea verde, arbolada, segura, en convivencia con el río. Una ciudad digna de ser vivida - dijo Sdrigotti a éste periodista en 1999 cuando se jugaba su tercer mandato.
Ese concepto se vio en sus dos primeros gobiernos. Él fue el que pensó, junto al actual intendente Adrián Maglia, quien por entonces era su secretario de Servicios Públicos, la forestación integral en barrios donde no había arbolado. El ordenamiento y cuidado de los plátanos históricos de barrio Centro también es marca de Humberto, quien dejo que se elevaran para que hoy den esa frondosa sombra única.
Otro hito de Humberto fue la iluminación. Hasta entonces, en los años 80', el alumbrado público era cada cien metros, con lámparas que colgaban de bombillas pendulares e indefensas a tormentas y vientos. La gestión sdrigottista cambió todos los cableados y equipos por faroles modernos, con columnas bajas construidas en su totalidad en el corralón municipal.
Eran años vertiginosos, donde el peronismo no paraba de ganar. Retener la intendencia en el 91' fue simple. El Concejo era manejado por el oficialismo. El sdrigottismo gozaba de muy buena salud, pero un error táctico y comunicacional hizo detener al Gringo.
La obra de cloacas, un mega proyecto que llevaría la red a cada vecino a un costo relativamente alto, malentonó a la oposición, mucha de la que el mismo Sdrigotti colaboró para crear, y a los programas periodísticos de las primitivas radios de FM de la ciudad.
En 1995, su eterno rival, Alfredo Secondo le arrebataría la intendencia, aliándose con otros peronistas y el vecinalismo, por menos de 50 votos.

- Perder me causó dolor. Estaba cansado. Pensé que se había terminado mi vida política, que todo lo que podía dar para Baigorria ya había culminado, pero los compañeros me vinieron a buscar y acá estoy – dijo en declaraciones radiales Humberto en 1997 cuando volvió a enfrentarse en elecciones, pero esta vez de concejal.
Fue la contienda con mayor caudal votos de todas sus postulaciones. Su vuelta al ruedo le fue fácil desde lo electoral, pues el mandato de Secondo venía en caída libre, las obras se habían detenido, la crisis neoliberal estaba por estallar y el país sucumbía una vez más en la desocupación y la miseria. Ahora desde la salud se le veía desmejorado, avejentado. Pero igual puso en marcha su regreso a Chacabuco 1050 desde su escaño.
Su presencia en el Concejo era poderosa e intimidante. En 1998 la ciudad volvió a temblar políticamente. La ordenanza 1420, llamada ordenanza Shopping, dejaba, en resumida cuenta, la posibilidad de desalojar todo el Remanso Valerio, para suplantar el barrio pesquero por un hípermercado y futuros emprendimientos inmobiliarios.
Humberto no sólo se opuso y se sumó al reclamo de los comerciantes y vecinos de la ciudad, sino que en la sesión que se votó la ordenanza, en plena discusión del tema, Sdrigotti sufrió un ataque cardíaco. Fue el primero, que anticipó su final cinco años después.

En 1999 Humberto volvió al Municipio. Le había ganado a Secondo en las elecciones del 22 de agosto de ese año, y como en el 87' encontró al Estado comunal desbastado. A diferencia de su primer gobierno, esta vez no pudo avanzar en su plan de obras.
No sólo la ciudad era otra, el país era otro. En 1987 la ciudad tenía menos población y barrios, pero en 99', en el umbral de la catástrofe neoliberal, la desocupación era galopante, el hambre real golpeaba a las barriadas pobres, y la nueva gestión sdrigottista tenía que atender esos reclamos inmediatos.
Los nuevos desafíos hallaron al Gringo en la encrucijada de llegar a pagar los sueldos a los empleados y asistir a los caídos del sistema.
A pesar de todo, y en especial por su delicado estado de salud, sumado a la interna en las facciones de gobierno, Humberto pudo enderezar el barco en lo económico y realizar algunas obras en la ciudad, pero fundamentalmente brindar servicios a la ciudadanía.
- La gente la pasa mal. No tiene laburo. Por lo menos le queremos dar un servicio público digno – comentó en una entrevista a éste periódico en el año 2000.
En el 2001, en país saquedo por la peor versión capitalista, la Alianza de Fernando de la Rúa estaba liquidada. En medio del “Que se vayan todos”, Humberto perdió las elecciones de medio término, pero no ese resultado no hizo sufrir a su gobierno.
Se lo veía cansado cuando iba al Municipio. No era igual al Humberto de finales de los 80', principio de los 90', cuando gobernaba desde su despacho con las ventanas abiertas, a la vista del vecino que pasaba por la plaza 9 de julio. Eran otros tiempos de grandes problemas económicos, políticos y personales. Pero seguía firme a cargo de la intendencia.
En el 2003 había rumores sobre su salud. Su presencia en el edificio municipal era casi nula. Ya no se lo veía a cualquier hora del día, en cualquier barrio, inspeccionando en personas trabajos y obras. Ya hacía mucho que no estaba a las 6 de la mañana en el corralón, “visitando a los muchachos”, como decía, en un claro posicionamiento que en esa camaradería habitaba su capacidad de controlar a holgazanes y vivillos.
A pesar de idas y vueltas, a mitad de ese año se supo que iba por un cuarto mandato, contra dos pesos pesados del radicalismo local: su rival consuetudinario Alfredo Secondo y Betty Zappalá, la mujer que rompió con el secondismo con la idea de ir por todo desde la honestidad y el trabajo.
No había encuesta que no asegurara que Humberto iba a ganar las elecciones del año 3'. Todo estaba dado para que eso pase, había logrado que el peronismo trabajara unido y la división entre Betty y Alfredo también lo potenciaba.
Sólo había dos motivos que lo desvelaban. El quiebre dentro de sus filas y su corazón maltrecho.
Irónicamente los dos motivos le apagaron la vida.

En el club Paraíso, una vez al mes, todos se reunían para comer en familia. Los Sdrigotti estaban en esa mesa, pero también eran partícipes del invite los Secondo, los Monti, Coco López con sus hijas y su esposa, entre otros tantos que se sumaban a ese encuentro que traspasa los límites de los afectos.
En esos cónclaves todos aportaban ideas para la ciudad. Todavía Analía recuerda con melancolía aquellas reuniones de mesas amplias y tardes de juegos entre amigos que aun conserva.
Allí se aferró la relación de Humberto con Monti, y con Alfredo Secondo. Ahí en el club de Corrientes y Estrada se tejieron estrategias y proyectos para Granadero Baigorria. Es que más allá de colores partidarios y rivalidades en los sufragios, esos hombres sabían que las diferencias de criterios eran quebrantables ante el amor profundo a la ciudad.
Fue ahí donde se formó el Humberto Luis Sdrigotti político. El estadista. El gran intendente baigorriense.
En una de esas jornadas, cuando el golpe de Estado de la Junta Militar a cargo de Jorge Rafael Videla era casi un hecho predecible, el director del Hogar Escuela, Oscar Noreña, que se reunía en las tertulias comentadas párrafos antes, le confió a Sdrigotti de la bravura de lo que se venía, de las penurias que se vivirían en la Argentina.
De manera decidida, el docente le encomendó a Humberto la placa fundacional del edificio emblema del peronismo y su historia. En resguardo la reliquia quedó en el galpón de Sdrigotti, cuidada y, en muchos casos, venerada por su obra y legado.

Humberto había escuchado el editorial de éste periodista insolente y juvenil. Era un julio helado del 99' y el edil estaba en la puerta del Concejo con una camiseta blanca escote en V y de mangas largas. En su mano derecha tenía una carpeta amarillenta llena de papeles impresos y en la otra su compañero cotidiano, un Parliament negro encendido y a medio terminar.
- Por qué dijiste eso en la radio. Mirá que te escuchamos con los muchachos – dijo Humberto con un dejo de reproche y de chanza a éste escritor.
- Charlemos del tema – remató con una gesto paternal imborrable.
En medio de ese contexto la temática del debate político radial se escapa del relato de ésta crónica. Sólo vale decir que ese inmenso ser humano, quien ya se perfilaba para su vuelta victoriosa al Municipio de Baigorria, detenía su andar para dar una explicación por más pequeña que fuera.
- Sos malo Huguito – dijo en un modo casi cómico. - Si sabés que te quiero mucho – finalizó su diálogo y se fue lentamente, gigante y eterno.