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Sábado, 31 Octubre 2020

De presos y fugas

Crónica de tapa del periódico El Urbano, edición 235 octubre de 2020

Lic. Hugo Cravero

Eduardo duerme en la cocina de su casa que da por calle Chacabuco. Es una práctica que hace cada trasnoche de televisión por cable, películas y zapping. Desde que vive solo, y con la falta de laburo, su pasión televidente se hizo una constante.
El fotógrafo de barrio Centro tiene las horas cambiadas y los hábitos de sueño. Pero esa noche helada y sin luna, algo desveló al hombre que lo hizo sobresaltar de la silla donde hacía horas dormitaba. Por el pasillo norte de su vivienda, un corredor que daba a un departamentito en el fondo de su terreno, una montonera de personas huía a la nada.
Ese jueves 26 de junio de 2003, 22 presos alojados en la seccional 24° se escaparon del penal luego de haber hecho un túnel durante días. La fuga de la cárcel baigorriense fue la mayor de todas las evasiones de detenidos en una comisaría de Santa Fe.
Ese hecho no sólo hizo asustar a Eduardo al ver atónito como un sin fin de muchachos corrían desenfrenados por el pasadizo de su casa, lindante hacia el oeste con las celdas de la 24, sino que hizo rodar cabezas en las cúpulas policiales tanto locales como departamentales.
Granadero Baigorria era noticia nacional con la masiva fuga del 70 % del penal y por el hacinamiento denunciado por familiares y amigos de los reclusos.

Los escapes en la prisión baigorriense se repitieron en muchas ocasiones. A esa de junio del año 3' se sumó a la del 14 de octubre. Meses después de que el nombre de la ciudad sonara en medios del país, 19 convictos huyeron por un boquete hecho en la medianera de un geriátrico que había por entonces por calle Rivadavia. La crónica del diario El Litoral decía de la segunda masiva fuga: “A las 15 de ayer (por el martes 14) sonó el teléfono en la comisaría 24°, situada en Moreno 160, a 150 metros de la ruta 11. Llamaban desde un geriátrico contiguo, para avisar que un par de abuelas habían visto salir corriendo a un grupo de muchachos vestidos con short, que saltaban la pared medianera que separa la seccional de la residencia de ancianos”.

El penal de la 24 fue un colador durante años. La ciudad había crecido en habitantes y sus conflictos, pero no fue simétrico con la seguridad. En 1.996 la intendencia de Alfredo Secondo creó el Comando Radioeléctrico, con la llegada de un destacamento en la zona norte, descomprimiendo los patrullajes de los policías de la comisaría que no daban a vasto por el escaso personal y las guardias en la seccional para cuidar los presos.
“Cuando una comisaría tiene presos tiene afectado hasta el 50% del personal. Y los días que hay visitas todos estamos a disposición del cuidado de ellos”, se confesó a El Urbano un ex policía que tuvo a cargo de seccionales en el Gran Rosario en la primera década del nuevo milenio. “A veces es muy difícil poder evitar las evasiones. Imaginate que nosotros estamos en varias cosas, patrullando, atendiendo reclamos, y ellos están todo el día pensando solamente cómo escaparse”, sumó el jubilado agente.

Pero las seguidillas de fugas siguieron. Los archivos de El Urbano Digital rememoran tres de gran impacto para los ciudadanos del barrio Centro.
El domingo 12 de 2.013 diez reclusos rompieron un candado y se escaparon trepando los tapiales de una casa aledaña.
El 16 de junio del 15 fueron ocho los fugados. Habían cortado el enrejado de un patio interno y se subieron a los techos de la seccional colándose por las viviendas vecinas, ante la mirada de los transeúntes que se despertaban con otro escape en la 24ª.
La última puesta en escena fue el 7 de abril del año 16. Siete presos huyeron desde un baño externo a las celdas, porque el del penal estaba fuera de servicio. Los fugitivos tomaron las calles cerca de las 7 de la mañana.
Fue en ese año que el Municipio y el gobierno provincial invirtieron fuertemente en el penal, dando seguridad al lugar, reforzando cerraduras y aberturas. Pero las medidas llegaron tarde, porque al poco tiempo, en el 17, todos los reclusos fueron trasladados a la seccional 5° y a la alcaldía de Piñero.
Desde entonces hasta el pasado viernes 16 al mediodía el penal baigorriense solo era usado cada vez que alguna persona era detenida por delitos callejeros. Pero el traslado de dieciséis presos desde la seccional 5° de Rosario volvió a poblar el lugar.

Los convictos que llegaron a mediados del mes al penal de la 24 son todos presidiarios por delitos de integridad sexual. Algunos están con procesos que no gozan de libertad condicional y otros tienen condena firme.
Como se dijo párrafos anteriores la cárcel de la comisaría baigorriense fue modificada y refaccionada en 2.017. Esa remodelación otorgó a la alcaldía citadina mayor seguridad y posibilidad de control por parte de los agentes. Tiene un espacio reducido que aloja solamente a 16 personas, por ende en la actualidad el mismo está a pleno de detenidos.
El lugar es una gran salón donde hay literas para que los reos puedan dormir y una pequeña sala donde se le permitió tener un fuelle, un calentador hecho con un ladrillo ahuecado donde se coloca una resistencia eléctrica, que hace de cocina.
A su vez la jefatura policial provee las viandas de almuerzo y cena para cada detenido y artículos de limpieza.
Los martes, jueves y sábados familiares de los presos pueden llevar alimentos y elementos de aseo. La recepción es de 8 a 13 horas, según datos suministrados por personal de la seccional a El Urbano.
“Hoy no se permiten visitas por el tema de la pandemia, ni se llevan a los reclusos a declarar o realizar trámites a tribunales. Esas cosas la resolvemos a través de una computadora vía zoom”, dijo el comisario de la comisaría de Granadero Baigorria, Luciano Quintana.
Aunque el compromiso del Ministerio de Seguridad provincial es de solo dejar los prisioneros por 20 o 30 días en el penal, el malestar se hizo público desde todas las fuerzas políticas locales y mismo intendente Adrián Maglia mantuvo una reunión con el ministro de Gobierno, Estaban Borgonovo, donde le planteó su discordancia con la medida.

Granadero Baigorria está atrapada en dos ciudades. Una que respira aun los aires de pueblo, y otra que se plantea cosmopolita, transformadora. La Comisaría 24ª y su penal están en la primera Baigorria, una que ya casi no existe.
El reseteo de la localidad, el barajar y dar de nuevo, la urgencia de crear un plan urbano que reordene de manera definitiva la ciudad, tendrá que tener a la seguridad como uno de los ejes primordiales.
Sino solo seguirán siendo parches inútiles, inversiones millonarias a palos de ciego.