Más de dos centenas de vecinos, de la toda la región, participaron la tarde del sábado 19 de la recorrida del cementerio hebreo, que está en el extremo oeste del camposanto municipal El Redentor. El mismo, que se encuentra cerrado hace casi cinco décadas, perteneció a la organización tratante de blancas llamada Zwi Migdal, que en 1934, y bajo la autorización de los responsables de la comuna de Paganini, instalaron dos prostíbulos en la en barrio San Fernando y que en 1937 habilitó la necrópolis para el entierro de los judíos rufianes, que habían sido expulsados de las sinagogas por proxenetas.
La convocatoria fue organizada por el área de Género del Municipio de Granadero Baigorria y la actividad fue guiada por Mariana Rossi, directora de la escuela media 330. A su vez participaron la de la jornada Laura Resta, quien junto a Mabel Borga escribieron “Pinchicha y después. El ocaso del mundo protibulario” y Sibila Camps, autora del libro “La Red. La trama oscura del caso Marito Verón”.
La directora del área de Género, Patricia Molina, dijo a Télam que “la apertura al público del cementerio es un paso que parece pequeño pero es muy simbólico para la ciudad ya que la región del Cordón Industrial de Rosario aún padece la problemática de la prostitución y la trata que se representan en ese espacio”.
“Esta iniciativa tiene que ver con la aplicación de la perspectiva de género y representa un primer paso para generar cambios en la comunidad y para que quede una relectura de la historia”, consideró.
“Durante el recorrido hablamos de casos de trata que sucedieron en la zona y casos emblemáticos como el de Marita Verón para entender que la historia tiene una lectura desde la actualidad y que aún nos interpela”, señaló.

“Estamos derribando barreras. Hoy sigue instalado el machismo dentro de la zona en aquellas personas que se preguntan por qué hacemos un recorrido por el cementerio con perspectiva de género, lo que muestra la resistencia que aún existe”, destacó.
Durante el recorrido, los visitantes pudieron enterarse que la organización mafiosa regentó el negocio de la prostitución en Rosario pero debió mudarse al poblado rural lindero de Granadero Baigorria, llamado en aquel entonces Pueblo Paganini corridos por la ordenanza municipal 7 que impulsó el intendente Esteban Morcillo y que decretó el fin de los prostíbulos para el 1º de enero de 1933 en toda la ciudad.
Los miembros de Zwi Migdal mudaron su organización y sus negocios ahora ilegales al incipiente poblado en donde construyeron dos lujosos prostíbulos y un cementerio con las instalaciones necesarias para dar una sepultura religiosa a sus muertos.

La directora de la escuela media 330 de Granadero Baigorria y especialista en el tema, Mariana Rossi, fue la otra guía durante la visita, entre las lapidas de mármol negro contó que “la gente cree que están enterradas las víctimas de trata pero en realidad están los proxenetas y madamas, las altas jerarquías de la organización porque con el maltrato que recibían las chicas no iban a preocuparse por enterrarlas acá”.
“Los destinos de estas mujeres que además morían muy jóvenes fueron nefastos y hoy los desconocemos porque la historia no los estudió”, enfatizó.
“Ellas venían de Europa del Este, algunas engañadas sin saber que les esperaba y otras venían a continuar su actividad en la prostitución buscando mejorar su situación económica porque en Argentina les rendía mas el dinero, incluso podían mandarles a sus familias en Europa”, relató.
“Ésta no era la única organización que trataba con mujeres, había franceses, italianos y criollos pero la Zwi Migdal se hizo más conocida porque fueron expulsados de la colectividad judía, ahí está lo llamativo”, señaló.
“Después de la denuncia de Raquel Liberman en Buenos Aires en marzo de 1930, la organización empieza a ser investigada, detienen a más de cien personas de las cuales dos quedan presas y muchos son expulsados del país aunque vuelven a entrar y continúan activos hasta 1937 en lo que se conoce como su decadencia”.
El Ciudadano – Télam – El Urbano Digital








