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Domingo, 24 Febrero 2019

El fin del ramismo

Los candidatos que no fueron

 

Opinión de Hugo Cravero
El viernes 22 de febrero fue una jornada cargada de supuestos y suspicacias. Pero además de renunciamientos y finales de ciclo. El caso claro a estas afirmaciones fue la no presentación de listas del espacio liderado por el ex intendente baigorriense, y actual diputado nacional, Alejandro Ramos.
Durante todos estos meses, previo al cierre de listas, se dijo mucho, y se especuló aún más, sobre la decisión que éste sector iba a tomar, elementalmente por Ana Paula Milo, ex concejala de la ciudad, quien estuvo a una centena de votos para ser re electa en 2017, y que todas las encuestas la daban como altamente competitiva en la búsqueda de una banca en el parlamento baigorriense. Asimismo, la diputada provincial mandato cumplido, Érika Gonnet también medía por demás de bien en todos los sondes previos.
Pero no. A pesar de negociar hasta la misma medianoche del viernes, al límite mismo del cierre, el ramismo no armó nada.
El sainete arrancó a mediados de noviembre del año pasado cuando se hizo pública una supuesta reunión entre referentes del magliaismo y del ex jefe comunal. En ese probable cónclave se habría firmado la paz entre los sectores y la posibilidad de no ir a internas electorales. A su vez se venía de un posible acuerdo entre los militantes de Alejandro Ramos y el concejal Favio Maurelli, quien había roto con el oficialismo y buscaba alianzas para enfrentar las elecciones de 2019.
El tiempo fue pasando y Maurelli no esperó la decisión de sus ex camaradas de filas políticas y se terminó aliando con Guillermo Da Ponte. Ya por entonces se hacía más fuerte que la orden de Ramos era no jugar en las elecciones. Guardarse, preservarse, dejarlas pasar. Así de simple para el diputado y muy difícil de digerir para la militancia ramista, en su inmensa mayoría jóvenes de menos 40 años.
Todo se fue dilatando, pero nadie, ni siquiera los ramistas, pensaban que eso podría pasar. Cómo un espacio político tan poderoso, que gobernó y modernizó Baigorria durante 8 años, que había acumulado tanto poder interno y externo, dejara todo y ya.
“Di todo de mí. Intenté hasta último momento. Es un duelo para mí. Ojalá que todo esto haya servido para algo”, se confesó a éste medio una de las más allegadas a éste sector a minutos después de las 0 del viernes 22, cuando agotadas las chances, no pudieron inscribir la lista que, supuestamente, iba a candidatear a Érika Gonnet para la intendencia y a Ana Paula Milo como concejal.
Hasta el mediodía de ese viernes la participación del ramismo era casi nula. Pero en la audición de Ariel Marini, en su programa radial de FM City, el periodista dejó abierta la chance y el micro mundo político baigorriense explotó. Las llamadas, los mensajes de Whats App, las consultas se empezaron a cruzar desde la ciudad el sur santafesino con la Capital provincial, lugar donde se cocinaba el cierre de listas.
Durante esas últimas horas la cuerda se tensó. Los pibes del ramismo, esos que no saben bien de los acuerdos y entuertos en los que andaba, o anda, Alejandro Ramos no querían perder eso que tanto le costó conseguir. Representan a una cantidad importantísima de electores y sabían a ciencia cierta que de jugar había chances de ir por todo.
Pero no se pudo. O mejor dicho, Ramos no quiso. O alguien más poderoso que él, al que el legislador nacional le debe toda su carrera política. No hay otra explicación.
Lo que dejó de existir el pasado viernes 22, justo a las 23 y 59, es el ramismo. Porque qué sector político puede tener un líder que desaparece en cuatro años de la vida política baigorriense y después ordena a la tropa guardarse.
Qué teme Ramos.
A quién le teme.
Esos votos peronistas de la centro izquierda irán a parar a lo que más se les parezca, obviamente, a la hora de elegir. Pero de seguro que muchos de los nuevos cuadros generados desde lo que fue el ramismo seguirán escribiendo la historia de Granadero Baigorria, como alguna vez también lo hizo dignamente Alejandro Ramos.