La mañanita baigorriense del primer sábado de octubre amenaza a primavera, a azares desafiantes, a explosión de naturaleza, a humedad litoraleña y espera de una mansa siesta. El paisaje del pueblo, que aun se anida a hurtadillas de la ciudad que fue y será, se irrumpe en un pañuelo verde que una piba pasea libremente, confundiéndose en la belleza matinal y fresca de barrio Centro. Esa chica, cargada de rebeldía y sueños de igualdad, dispara las primeras líneas de ésta crónica que relata ausencias y una falta de compromiso ante la presencia de las mujeres en la vida social y pública de Granadero Baigorria.
Los datos abruman y son contundentes. Sólo tres calles en la ciudad llevan nombre de mujer, dos escuelas, el hospital y dos espacios públicos. El Concejo local tiene una sola edila en funciones. Baigorria sólo tuvo dos intendentas, pero no electas por el voto, sino en interinatos. Y la plaza de barrio San Fernando, como si fuera poco, lleva el nombre de un proxeneta.
A diferencia de lo que ocurre a nivel nacional, o en Rosario que se votó la paridad en los cargos públicos electivos, Granadero Baigorria carece de presencia femenina en la vida propia de la ciudad. Como se dijo, sólo tres calles tienen nombre de mujer, pero es una media verdad, pues solamente una arteria lleva identidad propia. Ella es la calle Eva Perón, que hasta hace unas décadas se llamaba Córdoba. La ruta que une barrio Centro con la ruralidad baigorriense, haciendo de medianera de San Miguel Y Martín Fierro, se podría decir que es la única calle pura con nombre de mujer.
Las otras dos la ponemos a consideración. Una es calle La Cautiva, que circula de norte a sur por las barriadas de San Miguel y Martín Fierro, siguiendo la sirga de las vías del Mitre, y la otra es Rosario, que camina de oeste a este por barrio Paraíso. De ambas calles se duda si la elección de las nomenclaturas fue pensando en las mujeres, pues la primera hace referencia a los raptos hechos por los malones indios en el siglo XIX en pampa Argentina y al poema de Esteban Echeverría, y la segunda obviamente a la ciudad vecina.
Ahora bien, hay una mujer que se repite en los nombramientos. Ella es Eva Perón. Unos párrafos antes decíamos que la única calle que ubicamos con la intención de nombrar una presencia femenina es la que lleva su nombre. Fue durante la gestión de Humberto Sdrigotti, a finales de la década del 80’, y por un proyecto de los concejales Margot Fariña y Raúl Zavattero, que se cambió la denominación de Córdoba a Eva Perón.
La querida Evita aparece en dos espacios públicos más en Baigorria. Uno es el hospital de la ciudad, que durante los años dictatoriales fue cobardemente rebautizado tratando de tapar el sol con las manos, y otro es el parque Acceso Sur, inaugurado en la gestión de Alejandro Ramos, en el extenso ingreso a la ciudad desde Rosario.
La Estación Esperanza, la casona de estilo europeo recuperada hace unos años en la entrada de la Baigorria por Avenida San Martín, también la sumamos a las instituciones públicas con nombre femenino. La vieja estación de trenes francesa, una de las construcciones más antiguas de la localidad, cuyo edificio data de 1886, tres años antes que el gobernador José Gálvez le autorizara la traza del pueblo a Lisandro Paganini, hoy es utilizada por la municipalidad baigorriense para actividades sociales y el Concejo local lo usa para sesionar cada miércoles a la mañana.
Ya se anticipó que sólo son dos las instituciones educativas llevan designación femenina. Una es las escuela 6.418 de barrio San Fernando, Rosario Vera Peñalosa. Aquí lo que se destaca es que hay un nombre propio y de peso en la educación argentina, pues “Rosarito” fue una educadora y pedagoga que tuvo un compromiso indispensable en la educación inicial del país en las primeras décadas del siglo pasado.
La otra institución es “Nuestra Señora de la Esperanza”, la escuela Especial de barrio Centro que está bajo la órbita del Arzobispado rosarino y la supervisión del cura párroco Gabriel Del Paso.
Y no hay más.
En las demás calles, instituciones, espacios públicos, escuelas, están nombrado próceres, fechas patrias, representantes históricos y algún que otro vecino destacado. Como si no hubo mujeres, y no hay, en Granadero Baigorria que han hecho palmo a palmo la ciudad.
La vida política baigorriense también es raquítica en la existencia de las mujeres. Sólo hubo dos intendentas fueron responsables del ejecutivo en los casi 130 años de historia de pueblo, y los 101 años de comuna primero y municipio después. Otro dato es que estas jefas comunales no fueron elegidas por el voto popular, sino que estuvieron a cargo de la municipalidad en interinatos.
Beatriz Costa de Zappalá, más conocida como Betty Zappalá, estuvo un breve periodo en las vacaciones del intendente Alfredo Secondo en el verano de 1996.
Romina Luciani fue la que más tiempo estuvo al frente del Municipio. Fue desde diciembre de 2012 a mediados de 2014, en la suplencia de Alejandro Ramos, que tomó la Secretaría de Transporte de la Nación. Romina, que dejó la intendencia por cuestiones de salud, también fue la mujer más votada en la historia de la ciudad, pues fue electa concejala, en 2011, con el 70% de los votos.
El Concejo baigorriense está también en falta en éste tema. Desde 1983, año que se conformó el primer cuerpo deliberativo vernáculo, a la fecha sólo 13 mujeres fueron integrantes del parlamento local. Hubo periodos que Baigorria no tuvo una sola dama en el recinto y en la actualidad de siete ediles sólo hay una mujer, la concejala del partido Creo en el Frente Progresista Cívico y Social, Graciela Bordón.
Pero quizás lo más indignante, como cierre y remate de ésta narrativa periodística es que la plaza de barrio San Fernando lleva el nombre de un proxeneta.
Para entenderlo hay que remontarse a principios de la década del 30’ cuando rufianes judíos, integrantes de la Zwi Migdal, una asociación tratante de mujeres con ramificaciones mundiales, mudaron sus prostíbulos de Rosario a Paganini, en barrio San Fernando. Allí los hermanos Duckler, Saúl y León, fueron las caras visibles de la organización delictiva regenteando los dos burdeles que funcionaron desde 1933 al 38.
Los Duckler hicieron grandes compras de lotes en el despoblado San Fernando, pero fue León, un polaco, cafisho, violento y boxeador, quien se destacó más en la barriada del norte baigorriense. Algunos aún lo recuerdan en su vejez por la calles del barrio, no tanto por ser un fiolo en sus años de juventud sino por un hombre comprometido por el bien de la población, colaborando, inclusive, en la creación de la escuela 6.418. En honor a él es que la plaza de San Fernando se llama “León”, como un amague de la historia y una burla de la memoria.
A pesar de todos los desprecios del patriarcado, en Baigorria se disputa lo instituido. En la ciudad hay dos organizaciones de género sin fines de lucro, Las Evas y las Mirabal. Ambas ONG vienen luchando por la igualdad absoluta, esa que sólo nos hará realmente libres y felices. Fueron ellas las que se pudieron adelante de la campaña a favor de la despenalización del aborto, y además asisten a mujeres víctimas en estado de violencia social y familiar, y brindan charlas en escuelas e instituciones.
Al cierre de ésta edición (ver nota aparte) las compañeras que integran Unidad Ciudadana presentaron al Concejo un proyecto de ordenanza, similar al de Rosario, pidieron la paridad de género en la conformación del parlamento baigorriense. Otra prueba más que afirma que hay una revolución feminista y social que no se puede parar, más allá que en Baigorria todavía la jugada si estando chueca y del lado de los que dicen cambiar algo para no cambiar nada.






