Llegar a Baigorria desde el oeste, por la ruta 34 S, calle Silvestre Begnis, es una rutina obligada de viajeros que vienen desde la autopista o desde la ruta Nacional 34. Allí la ciudad es otra, la ruralidad invade y se mezcla con la presencia industrial. Los sembrados de soja y la cercanía inminente de Ybarlucea, hacen que el pueblo vaya perdiendo cada día un paisaje que nunca más será.
Pero lo que apenas también se percibe es la realidad económica. El neoliberalismo reinstalado en el país atropella, y no sabe discriminar entre pobres y clase media. En esa campiña verde, forestal y de edificios fabriles, un puesto de venta de tortas asadas se llena de gente comprando lo que podrá ser la compañía de camioneros, y también el salvataje de un almuerzo, o cena, de alguna familia baigorriense.
Esa misma escena, pero con más concurrencia de vecinos locales, se repite en el otro puesto, ya en pleno corazón de Baigorria, en la entrada del Campo de los Curas, hoy Agrupación Deportiva, en la intersección de tres barrios locales, Martín Fierro, Maristas y Los Robles. De esos puntos cardinales, y de otros sectores populares de la ciudad vienen motitos, bicis destartaladas, transeúntes apurados, a buscar la masa de grasa y harina, que zafará, con mate, parte de la misciadura latente.
“Antes teníamos ventas normales. Aquel que pasaba para tomar la ruta y seguía viaje. Algún vecino que buscaba una torta asada para la merienda. Pero hoy viene gente a buscar la torta para la cena”, cuenta a éste medio uno de los puesteros que lleva años detrás de la parrilla, asando lo que alguna vez eran las tortas fritas, pero el ingenio popular logró transformarla en una apetitosa confitura cocida a fuego y carbón.
La crisis económica atraviesa todo el país, y Baigorria no es ajena. Una generalidad que se ve luego de un breve sondeo, que El Urbano realizó para ésta crónica, es la alarmante confirmación de la merma de hasta un 50% de las ventas, en diversos rubros, desde finales de 2015 a la actualidad.
José, el pescador que hace 27 años se instala en la esquina de Eva Perón y Buenos Aires, justo en frente de la escuela media 422, resume la situación con la simple ecuación en su especialidad. “El que se queda sin laburo, se va a pescar y luego pone un puestito y vende pescados. Eso, además de la gente que tiene menos dinero, hace que vendamos menos”, dice el hombre que, hasta hace dos años, por jornada solía vender 100 sábalos asados y ahora apenas llega a 50.
En esa línea, la de la búsqueda de un salvación cuentapropista , no sólo lo afecta a José, que vende un sábalo asado a 150 $, o crudo, en piezas que pueden pesar hasta 4 kilos, de entre 70 y 100$, sino a los churreros callejeros que cada vez son más, con la misma lógica del pescador. O las familias que hacen comidas en sus casas para revender.
“A nosotros nos afecta la falta de trabajo formal e informal. Porque hasta hace poco, la gente que tenía unas changas y con la asignación podía llegar a los tumbos. Pero ahora no hay changas y se siente en las ventas”, comenta una comerciante dueña de un autoservicio de barrio Martín Fierro. En esa sección comercial, el de los comestibles, el ciudadano ya está migrando a las terceras marcas, obviando lo más costoso para poder llevar un plato de comida a la mesa. “Nosotros trajimos productos nuevos, de marcas que nunca habíamos traído. Muy económicos. Con eso podemos dar ofertas, y nos permite sobrevivir”, sostiene la mujer.
Ahora no sólo el baigorriense ha renunciado a la calidad alimentaria, o de aseo, o en productos de limpieza, sino que en otras líneas que hasta hace poco no eran pensados. En este caso, Lucas, un cerrajero de barrio Centro, afirma al periódico de la ciudad que al comprar una cerradura el vecino ya no pide seguridad, sino precios. “Hasta hace poco venía una persona y nos pedía la mejor cerradura, la más segura. Ahora piden la más barata, no importa la calidad”, dice el comerciante.
Como venimos manifestando el plan económico del gobierno de Cambiemos impacta en desocupación, inflación y falta de circulante, dejando a un sector pequeño y acomodado como únicos ganadores en la masacre social que se asiste. Pero esa brecha es cada vez más estrecha. “Yo atiendo desde los talleres chiquitos, hasta concesionarias de autos y motos de alta gama, y a todos le está yendo mal. No se vende lo que se vendía hasta hace dos años”, relata Gonzalo, un joven empresario que distribuye aceites para vehículos en Granadero Baigorria y la región.
“Había talleres que antes nos compraban un barril de aceite, de 200 litros, por mes. Ahora lo hacen cada 90 días. Eso es por falta de laburo”, sentencia Gonzalo, quien cuenta con una importante cartera de clientes y que ve que sus ventas han menguado hasta en un 50%. Otro de los factores que está afectando es el constante aumento de los precios. “A veces, por el incremento del dólar, no tenemos lista para pasarle al cliente”, manifiesta.
El reclamo gremial al Centro Comercial
Por su parte el Centro Comercial de Baigorria recibe constantemente el reclamo de sus afiliados, que están perdiendo por bochorno en la actual economía de mercado. “Nosotros vemos que las ventas han caído entre 30% y un 50%, según el rubro”, dice Daniel Pagani, presidente de la institución local.
Los integrantes del Centro no manejan números reales de la economía baigorriense, pero saben en carne propia de los incrementos generales que se viven. “Lo que más afecta es el valor de los servicios, no sólo energéticos, sino fiscales e impositivos”, agrega al El Urbano Pagani.
Es por ese motivo que la entidad siempre tiene un buen canal de comunicación con la intendencia de Adrián Maglia, quien los atiende ante cualquier requerimiento. “El viernes 15 de junio se lanzó un bono aguinaldo, en conjunto con el municipio, para que los empleados comunales puedan comprar antes de cobrar el salario complementario de julio, lo puedan ya consumir en comercios locales, adheridos al Centro”, comenta el tesorero de la asociación gremial, Rubén Ballestrini.
El bono es una tradición que lleva años realizándose entre el Municipio y el Centro, y consiste en órdenes de compra para gastarlo, sin descuento y ni comisión, en locales comerciales de la ciudad, antes de cobrar el aguinaldo. “Esto es un buen método de compre local y a nosotros nos da una gran ayuda”, confiesa Ballestrini.
Hay un dato insoslayable de la realidad del comercio local que es la necesaria búsqueda de recursos por los empresarios baigorrienses. “Éste año hubo comercios que abrieron el 25 de mayo, cosa que antes no pasaba”, dijo Pagani.








