El motel La Gruta, de Silvestre Begnis y avenida San Martín está en venta. Así lo dice un gigante cartel que lo ofrece al mejor postor, íntegro o en parcelas, desde mediados del año pasado.
El hotel alojamiento, uno de los más populares de la zona, nació a principio de la década del 70’ con el nombre de Jagüel y era la continuidad de un boliche bailable que estaba conectado con éste a través de pasillos.
“Esos años eran de gran movimiento, era una ‘gran peatonal’ la ruta 11 desde San Lorenzo a Baigorria. Todo andaba, los bares, los restaurantes, las discotecas y los moteles”, recuerda un viejo empleado del lugar de citas. “Acá había un boliche bailable, donde las parejas, o alguna chica que ejercía la prostitución, usaban unas piezas que estaban conectadas con el negocio para poder tener sexo”, sigue comentando el hombre. La manzana donde hoy está el motel era un sitio de mucha movida nocturna por esos años.
Uno de los primeros dueños del Jagüel fue Alfredo “Mono” Obberti, quien puso parte de sus ahorros como futbolista en la creación del alojamiento. Con los años, el motel cambió de nombre para llamarse La Gruta y ampliar las instalaciones. Ya sin el bailable al lado, los propietarios agrandaron el hospedaje, con más habitaciones y comodidades. Según rememoran a principio de los 80’ se solían rentar hasta 160 habitaciones por sábado, una estadística nunca más repetida en la vida del motel.
En 1989 la sociedad primigenia lo vendió a dos empresarios dueños de dos moteles reconocidos del Gran Rosario. Estos sostuvieron por casi 30 años el lugar, reinvirtiendo en el edificio. Se sabe que apenas compraron el hotel se invirtió unos 400 mil dólares en reformas y mejoras.
Las sucesivas crisis económicas, el fin del corredor exitoso de la ruta 11, la desocupación galopante, el cambio de hábitos de jóvenes, amantes y trampas, y recientes hechos de violencia, pusieron en una situación trágica al lugar. Ir al ‘telo’ pasó de moda, parecería, aunque se sepa que desde este sector se sigue innovando con cenas, o mejores habitaciones, para que la clientela no decaiga.
La cuestión es que La Gruta está en venta. Los dos dueños no quieren saber más nada con el negocio del sexo y el amor. “Somos grandes, yo tengo 75 años y el otro propietario 80. Ya no estamos con ganas de seguir en el rubro”, dijo a este medio Enrique Mondino, uno de los vendedores. Aunque se entusiasma al decir que en el lugar podría funcionar perfectamente un hotel, cosa que en la ciudad es necesario, aun más con los desarrollos inmobiliarios en auge y la llegada de la UTN a Baigorria.
En sí, parte de la historia pueblerina se apaga. El motel La Gruta, espacio de miles de encuentros, amorosos y furtivos, quizás deje de existir, dando paso a otros espacios, tal vez tan importantes como éste para ser contados en un futuro.






