Hubo un joven Daniel que le buscó un motivo a la vida.
Un pibe que indagó en un Cristo pobre la obligación de los iguales y se fue a vivir al Remanso Valerio en los 80’, donde el paisaje del Paraná y sus humedales le inundaba sus ojos claros cada atardecer lento.
Allí forjó su ser solidario, su misión colectiva, su respuesta.
Dany se comprometió en la barriada, despreciada por las minorías acomodadas del viejo Paganini. Fue uno más. Gracias a sus iniciativas el Remanso supo de comedores y merenderos, huertas comunitarias, e hilvanó la defensas de los derechos siempre postergados.
La historia baigorriense cuenta que fue él, junto a otros aventureros, los que pusieron la primera radio de FM en Baigorria, en el corazón de Remanso Valerio, con la llegada de las radios truchas, rompiendo silencios, gritando injusticias, luchando por otro mundo posible.
Luego su vida se vio atravesada por otros desafíos, latente ante la búsqueda de igualdades. A veces en caminos allanados. Siempre con la otredad a cuesta, aunque se perdiera al final de la partida.
Fue el Partido Socialista el que lo vio militando ya en la adultez. Una lógica manera de expresar su compromiso con lo vivido. “Si no podemos cambiar el rumbo global, empecemos por la ciudad”, se habrá dicho entonces.
Una de las últimas veces que tomamos un café me habló de sus cabañas en Oliveros, de ese pueblo ribereño que se parecía tanto a ese Baigorria que vivimos de chico. Del saludos cordial, del fiado a simple vista, del cuidado fraterno y humano entre los vecinos.
No creo en el fin de la vida después de la vida. Sé que Daniel Magagnini no se fue, ni se irá. Granadero Baigorria es una parte de las partes donde él es un integrante vital y cotidiano de la ciudad.
Hasta la vuelta amigo. Será un gusto reencontrarte en las esquinas lúcidas del pueblo, en esos mismos lugares donde fuimos felices, que hace imposible el olvido.






