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Miércoles, 24 Enero 2018

Para el cura Yacco los legisladores que aprobaron la reforma previsional son: “traidores al pueblo” e “hijos de puta”

El párroco bermudence condenó al gobierno de Cambiemos 

Por Marcelo Ontivero

 

Era diciembre de 1994 y las políticas económicas neoliberales del menemismo arrasaban el Cordón Industrial, dejando a su paso cadáveres fabriles, desocupación y miseria, cuando unos curas comprometidos por los más necesitados y angustiados por la realidad social convocaron a una marcha bajo el lema “sin trabajo digno no hay pan ni paz” y eligieron el 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, -fecha que la Iglesia recuerda la orden impartida por el rey Herodes de asesinar a todos los niños menores de dos años en Belén para acabar con la vida del recién nacido, Jesús de Nazaret- convencidos que la movilización popular es una herramienta justa y necesaria para enfrentar a los poderes dominantes. En aquella histórica jornada más de 2 mil personas caminaron en silencio por avenida San Lorenzo, desde la agonizante Verbano hasta la moribunda estación ferroviaria. Unos meses después, Carlos Menen era reelecto presidente y el modelo continuaba exprimiendo a casi todos, menos, a una selecta minoría.

Desde entonces, todos los años, sin importar que signo partidario gobierne sacerdotes, organizaciones sociales, partidos políticos y algún que otro vecino recorren unas cuadras de la ruta bajo la misma consigna y por los sectores más vulnerables de la sociedad. En la última marcha, a cada paso, estuvo presente nuevamente el fantasma neoliberal del ajuste económico, los tarifazos, la crisis laboral y la pérdida de derechos adquiridos. El Párroco de Santa Catalina, Salvador Yaco, uno de los iniciadores de las movilizaciones manifestó ante los concurrentes que “la lucha trabajo-capital es histórica” y que la pelea del trabajador por la dignidad y sus derechos ante las patronales empresariales “nunca ceso ni cesara”.

El cura apuntó que en el Cordón Industrial grupos trasnacionales “con sus puertos privados son dueños del río Paraná” imponiendo con sus “socios terratenientes y testaferros cipayos del imperialismo la mono producción sojera” en el país “con el beneplácito de los gobiernos nacional, provinciales y locales, se llevan ganancias millonarias con salarios de hambre”. Mientras, sostuvo el Presbítero, “alimentamos a los países más poblados del mundo” en Argentina hay millones de personas que “sufren hambre, desocupación y discriminación” y existe “trabajo en negro, contratos basura, prostitución, narcotráfico, contaminación y accidentes laborales”.

“El Cambiemos de Macri ha profundizado y profundizará muchísimo más la grieta entre los argentinos”, advirtió el sacerdote y agregó que buena parte de la sociedad acompaña de manera “activa o pasiva este <cambio> que conlleva mayor pobreza, iniquidad social, despidos de trabajadores, cierre de fuentes laborales, tarifazos en los servicios de luz y gas y que solo cierra con represión, Gendarmería y apremios ilegales”.

Un Yaco auténtico y genuino, el mismo que supo enfrentarse a las autoridades del Arzobispado rosarino y al gobernador, Carlos Alberto Reutemann, para defender a los trabajadores municipales bermúdences que estaban siendo pisoteados y avasallados en sus derechos y garantías laborales por el entonces gobierno radical de Gerardo Carlucci a comienzo del nuevo milenio, expuso su pensamiento cuando este cronista lo consultó sobre el rol que la Iglesia debía jugar ante la compleja coyuntura nacional: “La Iglesia está en absoluto silencio, la indignación tiene que brotar del estómago, del corazón, de las tripas, de nuestros labios, de nuestras mentes. Tanto dolor por lo que pasó en el Congreso con los jubilados (N de R Reforma Previsional) cuando cayeron algunas piedras, no estoy de acuerdo con las agresiones, pero, es lo mínimo que se merecían habría que poner una bomba ahí dentro (sic) son traidores y perdóname la expresión ‘son hijos de puta’, entonces, deberían salir los obispos a decir esto mismo como lo digo yo, son traidores (los legisladores) y entregadores del pueblo que se cantan en los pobres, en los jubilados y en los chicos y los obispos tienen intereses porque la Iglesia Católica está subvencionada y sostenida por el gobierno, tenemos que ser honestos en esto. La Iglesia tiene que ser la voz de los que no tienen voz, salir a decir lo que tiene que decir sin miedo a lo que venga, pase lo que pase, estando al lado de los que menos tienen y más sufren”.