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Martes, 25 Noviembre 2014

Un poco de memoria para recuperar La Memoria

Breve recorrido histórico sobre la expropiación de La Calamita

 

Por Mario Lozza

Decir La Calamita es también hablar de El Urbano.

Y no es algo falaz.

Sólo al revisar los archivos del periódico se lee que desde los inicios de éste medio, la quinta donde funcionó uno de los centros ilegales de detención de personas que se instaló en la última dictadura cívico militar en el Gran Rosario, fue parte de los recorridos periodísticos obligatorios al escribir e investigar.
El pionero “Informe La Calamita” publicado en marzo de 2001 ya venía precedido de entrevistas a compañeros sobrevivientes de aquel infierno, o a familiares de aquellos que hoy seguimos buscando.

Pero seríamos también muy necios de darle solamente crédito a éste medio. El Urbano fue precursor periodísticamente, pero hubo y hay en la actualidad personas iluminadas que han militado, primero el esclarecimiento histórico y luego en la necesidad en que esa verdad se propale de manera popular.

Lo que sí fue una bisagra en la historia reciente de La Calamita fue sin dudas la demolición parcial de los galpones traseros de la quinta. Los propietarios actuales del predio, los mismos que lo alquilaron para que el Segundo Cuerpo de Ejército desatara el horror nunca pensado en el viejo casco de la Estancia de principio del siglo pasado de Don Juan Sala, decidieron derribar la vetusta construcción. “A mí me avisó Norma Ríos del APDH (Asamblea Permanente de Derechos Humanos) sobre la demolición” recordó Hugo Cravero, director de éste medio y militante del Partido Comunista Argentino. “Fue en junio de 2003… una mañana helada, me acerqué sólo, en bicicleta, sin que ningún compañero o camarada supiera. Y como dijo la ‘Negra’ (Norma Ríos), una topadora de una firma local estaba tirando paredes del lugar… sólo atiné a ponerme delante de la máquina, putear al pibe que la manejaba e irme a mi casa a llamar mis compañeros y a los medios… sé que esa misma mañana se paró con el derrumbe y allí nació la primera Comisión por la Memoria de Granadero Baigorria”, agregó el periodista.

En efecto esa Comisión logró gran consenso en los movimientos sociales y populares de la región. Las primeras reuniones fueron en un terreno usurpado por militantes de izquierda de Baigorria al que se lo había llamado “Pocho Lepratti”.
El sitio, ubicado en calle Formosa al 100 en barrio Santa Rita, tenía un galponcito donde cooperativas trabajaban pequeños emprendimientos y funcionaba el recordado “Club del trueque”. Allí se dio forma al pedido primitivo de exigir la expropiación de La Calamita, para crear en el lugar un Museo de la Memoria popular y colectiva, no sólo de la ciudad, sino de la zona.

Esa Comisión logró que el diputado provincial socialista Eduardo Di Pollina llevara el tema al recinto deliberativo y se aprobara la primera media sanción expropiatoria, logrando también el voto en senadores, pero por la no ejecución del por entonces gobernador Jorge Obeid, la ley cayó. En el 2005 fue el diputado Alfredo Cecchi quien hace el pedido y de vuelta lo votan las dos Cámaras, pero vuelve a caer por no llevarse adelante en tiempo legal la norma.

En 2008 y 2010 la expropiación fue llevada a votación en diputados por la legisladora Alicia Gutiérrez, quien la semana pasada volvió con el tema al recinto y consiguió otra vez la media sanción.

Pero volviendo a aquellos pasos originales, es bueno recordar que los intentos de volver a formar la Comisión por la Memoria se fue desvaneciéndose en el tiempo. El abogado de Derechos Humanos baigorriense, Norberto ‘Beto’ Olivares, siguió muy de cerca todos los procesos de pedidos de expropiación de La Calamita, siendo uno de los principales referentes locales en el reclamo, durante la Comisión y en años que no había nadie para apechugarla.

También otros referentes se comprometieron desde el principio. Es de destacar, a parte de los ya nombrados entre otros, a la recientemente fallecida Herminia Severini, Madre la Plaza; Alicia Bernal, hija del militante comunista Tito Messies desaparecido en La Calamita; el ex concejal y actual referente provincial de La Cámpora, Agustín Bruera; a Daniel Romano, Ángel Perouch, Gastón Aguilar, Juan Pablo Casiello, María Celia Fernández, todos militantes de base social de la región. A su vez, gremios como ATE y AMSAFE también se sumaron desde un comienzo.
Hace unos años se creó el espacio ‘Documenta Baigorria’, con la base de aquella Comisión. Sólo está de aquellos años María Celia Fernández, pero se sumaron un manojo de pibes maravillosos, apasionados por el futuro, pero sin quitarles una mirada al pasado. Son del Movimiento Evita algunos, otros de Baigorria Joven, que aglutina a una pibada cercana a la gestión comunal. También hay vecinos comprometidos con el tiempo que nos toca vivir.

El pedido de hace 11 años, parece que se plasmará en semanas. Lo que se tiene que destacar es que ahora hay una gestión municipal que acompaña el reclamo, no en notas o cartas de adhesión, sino en la acción. La intervención de la diputada Érika Gonnet y la puesta de la jornada de “Diputados por un día” con chicos de escuelas secundarias Baigorria volvió a poner en valor el reclamo histórico. Los alumnos votaron lo que hace tiempo tendría que ser una realidad. La expropiación de aquel sitio oscuro en nuestras conciencias ciudadanas.

La Calamita va de la mano a la realidad del país. En aquellos años iniciales, en 2003, el fin de la Alianza y el desastre neoliberal aun repercutía en cada uno de nosotros. Los milicos asesinos y sus cómplices estaban libres, indultados o impunes por leyes terribles. Hablar de Memoria era algo demodé, arcaico o utópico. Una década después ganamos también en ese territorio, fecundo y necesario.

Un espacio de la Memoria popular y colectivo regional será tan útil para una sociedad que tiene que saber qué pasó y por qué, para seguir construyendo futuro. Y para que en un día cercano también le pongamos nombre y apellido a los responsables de la masacre volviendo a la senda dejada por cada hermano que dejó su vida por un destino solidario y justo.