La finca La Calamita, donde funcionó un centro clandestino de detención de personas desde finales de 1975 hasta mediados del 78 en nuestra ciudad, de calle Eva Perón (ex Córdoba) 1530, vuelve ser noticia ante el desprecio del actual propietario del predio, Pablo Benzadón, que una vez más lo están utilizando para desarrollo comercial.
Así como sin respeto a la Memoria de los más de 100 compañeros que fueron detenidos, torturas y desaparecidos en el lugar, ya se había denunciado por éste medio la presencia de una molienda de plástico en el 2008 o una doma de caballos en el 2006, ahora en el casco de la antigua chacra de don Ángel Calamita funciona una playa de estacionamiento de camiones tanques. A su vez se puede ver desde la calle un depósito de garrafas de gas y construcciones precarias que aparentemente se alquilan a bajo precio.
Es de recordar que desde hace más de una década, militantes sociales y de derechos humanos de la ciudad y la región vienen solicitando la expropiación del predio para convertirlo en Museo de la Memoria. El tema fue abordado por la legislatura santafesina, pero hasta el momento sólo se ha logrado que no pierda estado parlamentario año tras año, sin resolver el futuro del sitio.
El 13 de noviembre de 2003 la expropiación se convirtió en la ley 12192, pero el entonces gobernador Jorge Obeid dejó pasar el tiempo estipulado para la ejecución de la norma. Desde entonces, la diputada provincial Alicia Gutiérrez tomó el tema. Ahora, la iniciativa se encuentra en la Comisión de Asuntos Constitucionales pero no tiene fecha de tratamiento.
Hace un mes, la diputada provincial del Frente para la Victoria, oriunda de Granadero Baigorria, Érika Gonnet volvió a poner el tema de la compra de La Calamita por parte del Gobierno santafesino en la agenda diaria, cuando con alumnos de segundo y tercer año de escuelas secundarias de la ciudad, Escuela Media 422 y Escuela Técnica 550, llevaron el pedido en la jornada “Diputados por un día”. Los pibes rescataron el valor histórico del espacio y la necesidad de preservarlo para las generaciones futuras.
Además existe para La Calamita una medida cautelar de no innovar dictada hace dos años por el juez federal Marcelo Bailaque.
La Calamita, una ruinosa finca en la zona rural de Baigorria, estuvo bajo la órbita del Batallón 121 del Segundo Cuerpo del Ejército. En los juicios llevados adelante por los Tribunales Federales rosarinos, en las causas Guerrieri I y Guerrieri II, la propiedad es citada como uno de los principales centros ilegales que funcionaron en el Gran Rosario en la última dictadura militar.
Durante el desarrollo de los juicios se realizó en La Calamita el reconocimiento del lugar y solicitó al Equipo de Antropología Forense buscar restos óseos en un reducido espacio. “Queda aún mucho por investigar, por lo cual la justicia estableció una medida cautelar para que el predio se mantenga sin modificaciones y preservar las pruebas”, dicen en un comunicado desde Documenta Baigorria, el espacio de derechos humanos local que quedó a cargo del rescate histórico.






