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Lunes, 25 Agosto 2014

Los 15 años de El Urbano y la llegada de Ignacio Guido

Por Hugo Cravero

 

 

1

El Urbano nace por necesidad. Ya lo hemos escrito y contado en varias ocasiones. En medio de ruedas de mates, o de vino tinto, o en algún delirio de radio matinal, relatamos la idea que generó éste periódico, alguna vez quincenal, hoy mensual.
También dijimos que antes del 20 de agosto de 1999 hubieron otras experiencias previas, ensayando lo que sería en definitiva el periódico. Ya en el 97 habíamos publicado unas hojitas llamadas “El Pasquín” y en 1998 también lo hicimos con el nombre de “El Urbano”. Entendíamos de la necesidad de un medio gráfico de estilo periodístico, tabloide y papel diario. A la ciudad llegaban del Cordón Industrial otros semanarios, que cada tanto rozaban la información baigorriense. A su vez ya existían nuestras queridas revistas de interés general.
Pero queríamos algo novedoso, comprometido y bien escrito.
Obviamente que todo no se pudo a la vez… novedoso fue, desde un primer momento, porque no había, ni hubo nunca antes, en Granadero Baigorria un periódico de esas características, dedicado íntegramente a la noticia. Pero lo demás, se fue ganando con el tiempo.
Hoy seguimos en la senda de la búsqueda de esos prefacios, en la construcción cotidiana de una manera de brindar la información, pero en especial ubicándonos en un lugar de la vida. Dependientes de la clase a la que pertenecemos desde siempre, tratando de traicionarnos lo mínimo posible al final de cada jornada.

2

Ignacio fue desde siempre.
A Guido lo buscábamos desde siempre.
Ignacio Guido es el resumen de años de lucha, de compromiso. De esa rabia contenida, de esas marchas cada 24 de marzo. De esos pañuelos generosos… orgullo universal.
Uno puedo rondar por lugares, rotando pieles, tiñendo pasados, pero siempre se es lo que es.
15 años atrás, cuando éramos pocos los que escribíamos lo que hoy es un logro colectivo, hubieron muchos que preferían seguir en la nada, sin espejos retrovisores.
Ahí no entendíamos bien lo que nos jugábamos, sabíamos que había que buscar dónde nadie había buscado en el periodismo de cabotaje, había compañeros que reivindicar, había (y hay) hijos de putas locales que denunciar.
La Calamita es nuestro peor recuerdo como sociedad, como baigorrienses. Nosotros jamás dudamos en investigar sin medir consecuencias personales o laborales.
Debemos decir que éste periódico, tres veces fundido en esta década y media, ninguneado por selectos intendentes, ignotos concejales, y “paquetas” instituciones de bien público, el “paquincito de mierda” (según una ex funcionaria municipal que hoy se dedica a llevar legajos de oficina a oficina en la comuna local), fue el primero en empezar a desentrañar el horror en la quinta operacional del Segundo Cuerpo de Ejército, que funcionó como centro ilegal de detenciones de personas, desde finales del 75 a mediados de 78 en Eva Perón 1530 de Granadero Baigorria.
Nosotros, cuando la nada invadía y se nos decía que era innecesario revolver lo ocurrido, dijimos que por ese lugar más de 100 compañeros entrañables del campo popular fueron vejados, torturados, asesinados, desaparecidos por seres execrables.
Y todavía nos falta escribir tanto.
Aún hoy seguimos buscando a otros nietos nacidos en cautiverio en La Calamita. Como es el caso del hermano o hermana de Iván Fina, hijo de Isabel Carlucci, que fuera secuestrada el 10 de agosto de 1976 de su trabajo, en Capitán Bermúdez, por un grupo de tareas embarazada de 6 meses, y que por relatos recolectados sabemos que fue vista por última vez con vida en el centro clandestino antes de dar a luz.

3

Nuestro inicio fue en tiempos que costaba encontrar una sonrisa. Finales del gobierno Carlos Ménem, inicio de la infame Alianza. Días de las noches del neoliberalismo triunfante.
Ahí, cuando el horizonte se mezclaba con la bruma pesada del desánimo, en medio de la masacre preambular del 2001, arrancamos la bohemia aventura de informar y soñar.
No había más que ganas de hacer andar la rueda. Hubo momentos que no sabíamos si al mes siguiente íbamos a salir.
Atravesamos ollas populares remendadas a papas y fideos, gomas quemadas ante el olvido, clubes de trueques para salvar la comida diaria, corralitos y cobardes huidas presidenciales, hipocresías televisadas. En sí, somos hijos de aquella Argentina y felices de esta, tan distinta, a pesar de la mala prensa.
Lo que nunca faltó, antes y después, en cada tramito de este andar, fue el amor. Fue y es nuestro motor.
Amor profundo a esta ciudad, su historia, sus locuras, sus miserias y grandezas. No podríamos haber sobrevivido sin Granadero Baigorria.
Amor por esta profesión que suele dejarnos en yanta, en banca rota, pero que toma revanchas que ensanchan el alma y la vida misma. Somos de la especies de enamoradizos que afirmamos que el periodismo nos salvó no todos los males y tentaciones.
Amor por el otro, a pesar de todo. Por el que se va temprano a laburar o el que en cada amanecer se jura cambiar el mundo, aunque siempre fracase. Amor por cada uno de nuestros semejantes, que tuvo o tendrá un compromiso más allá de su aliento y su corazón.

4

Los remates son los difíciles, aun cuando sabemos que esta historia, la de El Urbano, no ha terminado, ni tiene fecha de vencimiento.
Será, tal vez, porque alguna vez, en otro siglo, en una de esas tupidas verdes plazoletas baigorrienses, a esa niña de bucles y mirada de miel le escribimos eso de “que preferimos los comienzos que los finales… que los finales suelen ser tristes…”.
Por cada comienzo, por cada aurora, por cada meta que nos da la causa de arranque e inicio. Cada día, cada suspiro.
Felices 15 años, Urbano querido.
Felices 15 años, querido lector atento, amigo y crítico.