La noche entre el 22 y 23 de junio de 1977 en barrio San Fernando no fue tranquila como acostumbraban ser en el vecindario obrero de la ciudad del Cordón Industrial. En la oscura y fría jornada, en la intersección de Las Verbenas y 9 de julio de Granadero Baigorria, los asesinos que integraban la patota de “La Calamita” iban a llevar adelante uno de los actos más atroces y cobardes realizados en la dictadura. Nueve compañeros militantes del PRT-ERP (Partido Revolucionario de los Trabajadores - Ejército Revolucionario del Pueblo) fueron fusilados, tras el montaje de un supuesto enfrentamiento.
Obviamente, los medios de comunicación, muchos de los hoy se golpean el pecho hablando de libertades y democracia acomodadas para sus intereses, reflejaron la mentira servilmente. “En un enfrentamiento abatieron en Rosario a nueve extremistas”, titulaba con letra de molde Clarín, regodeándose como lo hace en la actualidad cuando detrás de alguna fábula conspira contra el gobierno nacional. La Capital, el decano de prensa Argentina, también era cómplice. El diario de la familia Lagos por entonces, hoy del Grupo UNO (Daniel Vila – José Luís Manzano), decía “En un procedimiento mueren 9 extremistas”. El texto de la “noticia” era casi similar en ambos medios, pues sólo reprodujeron el parte de guerra del Segundo Cuerpo de Ejército que le daba forma a la matanza.
La Masacre se llevó a cabo luego que los militantes fueran secuestrados y torturados en el centro clandestino de detención La Calamita, de Eva Perón 1530 (ex calle Córdoba) de Baigorria. Durante años el relato nadó en una nebulosa, pues no había datos fehacientes. Se sabía que no había sido como los asesinos decían y los diarios reproducían, pero los responsables y los detalles fueron brindados en el 2009 cuando el represor “arrepentido” Eduardo "Tucu" Costanzo pidió ampliar su declaración indagatoria en la Causa por crímenes de lesa humanidad denominada Guerrieri I.
Según lo dicho por Costanzo “el simulacro fue protagonizado por tres de sus compañeros en el banquillo de acusados: Juan Daniel Amelong, Jorge Fariña y Oscar Pascual Guerrieri, quienes montaron la farsa”. En el juicio oral el “Tucu”, que perteneció al nefasto grupo de verdugos, comentó que en la funesta noche “estuvieron los integrantes de la Patota de La Calamita, desde donde los llevaron a esa casa (de las Verbernas y 9 de julio) a los militantes políticos. Los que participaron fueron Juan Carlos Bossi, Alberto Pelliza, Amelong, Fariña, Rodolfo Isach, que quemó un Falcon viejo en la puerta de la casa para darle más espectacularidad del operativo, y también Pascual Guerrieri, que estaba con un megáfono en la calle pidiéndoles que se rindieran, pero era sólo un simulacro. Amelong estaba adentro con los detenidos mientras se escuchaban disparos desde el interior".
“Todo fue una matanza dentro de la casa con los detenidos, entre los que estaba el doctor Corazza", agregó en su relato el represor. Según recordó Costanzo, el grupo estaba formado por militantes del ERP al que había detenido Jorge Walter Pérez Blanco en la zona sur de Rosario.
Seis de los nueve compañeros fusilados fueron reconocidos por los mismos sicarios, pues también habían incluido sus nombres en el parte que luego los diarios transcribieron. Ellos fueron: Eduardo Luis Franco, Domingo Laborde, Hilda Helena Merkel Rivas, Alberto “Beto” Corazza y Jorge Alberto Madeo e Irma Montenegro. Los otros militantes siguen desaparecidos y sin identidad. Todos los muertos de aquella lúgubre noche pertenecían a la cúpula del ERP regional Rosario.
Irma Montenegro, “La Negra Celia”
Los restos de la asesinada Irma Montenegro fueron identificados y restituidos a sus familiares en un acto realizado el jueves 10 de julio pasado en el cementerio de Puerto San Martín donde fueron finalmente inhumados. La mujer, oriunda de San Lorenzo era estudiante de psicología y responsable política del ERP – PRT de Rosario, fue la primera de las detenidas del grupo de los militantes fusilados en el malogrado simulacro. La Negra Celia, como era llamada en la organización marxista, fue capturada por Gustavo Bueno y Pérez Blanco.
La restitución de Irma se logró por un trabajo en conjunto con su hijo Gabriel, el fiscal Gonzalo Stara, que trabaja en los juicios de lesa humanidad en la zona y el Espacio por la Verdad y la Justicia de San Lorenzo. Gabriel, quien hoy tiene 38 años, quedó bajo el cuidado del hermano de Irma y la esposa de éste, quienes lo criaron como propio, ocultándole su identidad "para protegerlo", según su tío. A los 20 años, Gabriel supo la verdad por casualidad: "Buscando ropa en un cajón encontré una partida de nacimiento a mi nombre donde aparecían Irma y Angel como mis padres. Empecé a preguntar y nadie me decía nada, hasta que finalmente me contaron", relató al portal de noticias sanlorencino SL 24. "Empecé a interesarme en la vida de quien fue mi madre, en averiguar datos", agregó.
Gabriel supo que había sido asesinada en la madrugada del 23 de junio de 1977. Aquel día fue avisada del hecho su abuela materna, quien debió presentarse en un frigorífico del Gran Rosario para reconocer los restos de su hija, quien había sido brutalmente acribillada. El cuerpo de Irma fue entregado a la familia, pero en un féretro sellado. "Mi abuela fue obligada a velarla a cajón cerrado y nunca supo fehacientemente si eran o no sus restos", explicó Gabriel.
Además, indagó sobre Angel, su padre biológico. "A él lo conocí cuando tenía 25 años, tras haber descubierto la verdad. Me contó que había estado preso y exiliado. En 1977 trabajaba en Acindar, lo detuvieron y lo llevaron a México y luego a Suiza. Estuve en contacto con él hasta su muerte y hoy tengo lazo con sus hijos. Me dijo que muchas veces trató de acercarse a mí, pero mi tío se lo impidió".
"Mi tío dejó de pagar el nicho y (los restos de Irma) pasaron a tierra. Eso complicó las cosas", comentó Gabriel. A partir de la investigación de la ex fiscal Mabel Colalongo —luego reemplazada por Gabriel Stara en la Causa Manuel Casado— el Equipo Argentino de Antropología forense la exhumó y las muestras obtenidas fueron cotejadas con el ADN del hijo de la víctima y con el que su tío había dejado en el Banco Nacional de Datos Genéticos.
Los resultados no dejaron dudas, eran los restos de Irma y Gabriel es su hijo biológico. "La primera sensación es extraña, de alivio por pensar que aquel velatorio que hizo mi abuela era efectivamente de su hija y de hallar a quien realmente fue mi madre", remató.
La frustrada toma de John Deere
La matanza de Las Verbenas y 9 de Julio está íntimamente ligada con la con la toma de John Deere. En un episodio que Hugo Alberto Ojeda escribió para Rosario 12, el escritor baigorriense comentó que "a mediados de 1959, cuando Baigorria no había terminado de ser Paganini, la línea de producción empezó a largar tractores. 60 hectáreas en el suroeste del pueblo, una planta industrial de más de 50.000 metros cuadrados cubiertos, accionistas sin rostro, un gerente yanqui y casi 2.400 obreros dándole plusvalía al metal: la John Deere".
Ojeda rememoró que "la historia es algo más que la verificación de acontecimientos del pasado irrumpiendo en el presente cotidiano. A pesar de que el SMATA local nunca se destacó por su combatividad, varias huelgas paralizaron la producción durante semanas en la década del '60. Una mañana de invierno, los escuadrones a caballo reprimieron a sablazo limpio a cientos de obreros y los corrieron desde los portones de la fábrica hasta dispersarlos en cercanías del Control de la policía Caminera".
El relato indica que "la sirena sonaba (suena) cada 8 horas señalando los 3 turnos. En el otoño del '75, dos Torinos grises sin patentes empezaron a aparecer estacionados bajo la sombra de los eucaliptos, del otro lado del paso a nivel. Siempre con dos represores, moviéndose a cara descubierta y haciendo ostentación de armas largas".
Ojeda recuerda el tono de la época. "Era difícil volantear. Aún así, los delegados elegían el cambio de las 16 para hacer las asambleas en la canchita. Era un mar de cascos blancos, más de mil obreros desafiando la presencia de los paramilitares y discutiendo qué hacer en esos meses vertiginosos".
La fecha no es precisa, en abril (o mayo) un comando del ERP ocupó la estación del ferrocarril de Baigorria y tomó el puesto de guardia de la John Deere. "Al día siguiente de la toma guerrillera, con la anuencia de sus directivos, una compañía del Batallón de Arsenales 121 entró en la John Deere y los oficiales arengaron a los trabajadores. Un obrero lo recuerda bien, un milico trazó una línea en el piso y les dijo: "Ustedes está de un lado, nosotros del otro", recordó el historiador.
Ya no quedaron dudas, los delegados que no eran colaboradores y los obreros combativos renunciaron y se exiliaron. "El jueves 23 de junio de 1977, la mayoría de los guerrilleros que tomaron la fábrica de tractores, después de haber sido torturados en La Calamita, fueron fusilados y arrojados al interior de la casa ubicada en las Verbenas y 9 de Julio de Baigorria", contó Ojeda.







