Don Lisandro lo llamaban en el paraje rural que aun no llevaba su apellido como identificación de pueblo. El escribano, que amasó una cuantiosa fortuna, no se escapa de los otros millonarios y acomodados políticamente tras la unificación definitiva del territorio nacional, después de la anexión de Buenos Aires. Ya los caudillos habían quedado devaluados detrás de la derrota del general Justo José Urquiza, por Bartolomé Mitre, en la batalla de Pavón en 1861. Muerto en el exilio chileno Felipe Varela, todo sueño de federalismo se había convertido en efímero.
El fundador nació el 28 de junio de 1837 en Buenos Aires en una familia acomodada de emigrantes italianos de la región de Lombardía. Las ansias de crecimiento económico a costa de cualquier cosa no les funcionaba a los familiares directo del eximio violinista Nicolás Paganini con la gobernación del Brigadier Juan Manuel de Rosas. Fue ese el motivo por el cual los adinerados se mudaron a Rosario, lejos del Restaurador y cerca de los conspiradores de un país para unos cuantos.
Lisandro de muy joven se vio motivado por su participación social y política, es por eso que a los 20 años de edad inauguró un periódico llamado “Museo literario” y fue tercer escribano graduado en Rosario en 1861. Su pronta llegada al mundo de los negocios inmobiliario lo hizo un conocedor a la perfección del tema. El país estaba despoblado, había una pampa deseosa de la llegada de miles de europeos cargados de sueños y ganas de progresar, y una ilimitada posibilidad de hacer toneladas de dinero, en la adquisición de tierras vírgenes por dos mangos para rentarlas o venderlas a valores astronómicos. En rigor, nada ha cambiado en el mundo donde un par de atorrantes acumulan ganancias gracias al trabajo de las mayorías pasivas ante la estafa y la masacre.
Por entonces una manera para la especulación financiera era la fundación de pueblo. Y don Lisandro fue uno de los precursores en el “fato”, pues es válido aclarar que el muchacho, hijo de tanos ricos, no sólo creó la traza de nuestra ciudad, sino estuvo involucrado en varias formaciones de pueblos del sur provincial.
A mediados de la década del 70’ Paganini era propietario de una de las tres escribanías de que había Rosario y era parte de la Sociedad de Crédito territorial de Santa Fe, una entidad financiera que duró unos pocos años, pero que imprimió el espíritu dinámico para integrar el mercado inmobiliario.
Uno de los mayores influyentes de esta institución “pionera” fue Carlos Casado del Alisal, un español latinfundista que se radico en la zona en 1857. Con menos de 30 años, el hombre nacido en 1833 en Villada, llegó al país y al poco tiempo ya estaba vinculado a los grandes negocios de esa época. Integró el 1864 el Directorio Provisional en la ciudad de Rosario para la construcción del Ferrocarril Central Argentino, en carácter de tesorero. En 1865 creó el Banco Casado y posteriormente adquirido por el Banco de Londres. Con la venta de este banco, comenzó a comprar grandes extensiones de tierras en el país, con una particular atención en Santa Fe.
Alisal se convirtió en uno de los mayores terratenientes del mundo, con un latifundio mayor al territorio de Gran Bretaña, después de la guerra de la Triple Alianza, cuando se convirtió en testaferro para la apropiación de enormes dominios en el Chaco Boreal (actual Paraguay Occidental) que entonces fueron llamados Campos de Don Carlos Casado. En el remoto campamento de San Carlos, dentro de estos grandes terruños madereros de explotación de tanino fueron reducidos a la esclavitud los indígenas tomáraho, originarios del lugar. Esta comunidad apenas sobrevivió a la explotación, muriendo muchos de ellos de enfermedades curables, abandono y hambre.
Con este “nene” Paganini hizo una buena diferencia. Casado también fundó pueblos, como San Genaro y Casilda. Fue este pueblo que Alisal contrató a Paganini como escribano en 1872. Además el capitalista multimillonario, primer presidente del Banco de Santa Fe en 1874, lo sumó a Lisandro para ser parte del Ferrocarril Oeste Santafesino, que uniera Rosario con Cruz Alta en 1883.
Las buenas migas políticas y su influencia en el mundo ferroviario hizo que Paganini comprara a Francisco Villarruel en 1884 las parcelas de tierras que hoy ocupan los barrios Centro y San Miguel, con la clara intensión de poblarlo de arrendatarios y darle forma de pueblo, sabiendo que, a su vez, por esos lugares iba instalarse una estación de trenes de pasajeros de las vías que lo atravesaban. Luego de varios “bochazos” del gobierno provincial en la aceptación de los planos para conformar el poblado, el 11 de abril de 1889 Lisandro Paganini lograba el sueño del pueblo que llevaría su apellido por 60 años, luego que el gobernador José Gálvez firmara el decretado autorizando la traza.
Desde el momento de la compra de los terrenos y hasta la autorización de la ciudad, Paganini confió el alquiler de los mismos a un italiano oriundo de Casale Monferrato, región de Piamonte Italia, llamado Juan Orsetti, considerado en nuestra historia autóctona como el primer poblador de Baigorria. Como un verdadero adelantado Orsetti sub alquilaba las tierras que él arrendaba a Paganini a otros colonos. Era una costumbre por entonces, sin ánimo de error este tipo de trato tenía la definición para Lisandro Paganini como ‘Colonizador - administrador’ y para Juan Orsetti como ‘Colonizador – arrendatario’.
Otros pueblos donde Lisandro tuvo algo que ver
Paganini además de crear nuestra ciudad y ser el escribano de Casado en la traza de Casilda, estuvo en la formación de lo que hoy en día es la ciudad de Fray Luis Beltrán al participar como escribano en la compra de Domingo Borghi de los lotes de la actual localidad del Cordón Industrial.
Otras dos comunidades fueron fundadas por Paganini, de igual manera que nuestra ciudad, son Barrancas en 1889 y en 1891 Puerto Gaboto.
Don Lisandro, “roquista” a muerte
Queda claro que Paganini fue una fiel imagen de los años que se fue formando el país agro exportador y capitalista, a pedido de las potencias mundiales. De militancia liberal, vinculado con las políticas de Julio Argentino Roca, lo llevó a tomar posturas ante la revolución de 1880 y hasta formar parte de las tropas del presidente Nicolás Avellaneda, donde Roca era el ministro de Guerra, enfrentado con el gobernador bonaerense Carlos Tejedor. En ese año participó junto a su hijo Carlos de las batallas Barracas y Corrales, decisivas para el triunfo de la poderosa Liga de Gobernadores y que llevó al poderoso militar a la presidencia ya sin oposición alguna, luego del genocidio cometido a los pueblo originarios en la mal conocida “Campaña del desierto”.
Un dato para tener en cuenta de Paganini es que su hermana, Virginia, se casó con Lisandro de la Torre (padre) dando a luz a tres hijos, entre ellos a Nicolás Lisandro De la Torre, político santafesino destacado, creador de la Liga del Sur y del Partido Demócrata Progresista.






