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Miércoles, 21 Agosto 2013

El odio, el mural y los cuadros

Por Hugo Cravero

 

El Odio


Max Dellupi es un actor, escritor y comunicador cordobés. Gracias a Víctor Hugo Morales se hizo conocido en el país con el personaje de Telma, que junto a Nancy, dos señoras paquetas de clase media acomodada, despotrican contra la presidenta en un banco de plaza. El squetch, original del Canal 10 de la Universidad de Córdoba, dura 3 minutos, y de manera desopilante se envenenan hablando mal del kirchnerismo, con teorías retorcidas y conspirativas.


Lo extraño es que esta forma de humor es superado por el resentimiento que se escucha a veces en colas de supermercados contra el gobierno. Se soportan verdaderos dislates, enfundados desde la toxicidad mediática, que se repite como redes siniestras.


El odio parece triunfante, cuando se cafetea en un bar y ese canal de noticias miente de manera inquisidora en el fondo del boliche, silente y corrupto. El parroquiano lo relojea y termina hablando por boca de otro. Ni más, ni menos.
Simples mortales repitentes de las blasfemias cargadas de ira, en nombre de una libertad de dudosa procedencia.

El Mural


Los pibes de El Movimiento son unos flacos que militan desde siempre. Mi hija Rocío se cruzó a dos ellos en Cuba, donde hicieron un mural en Santiago en homenaje al Che. Entienden a la cultura como un derecho de todos, de acceso amplio y libre. Sus trabajos son coloridos, repletos de matices, amor, rebeldía. Una mixtura que los convierten en mágicos y que circulan ya todo el continente.


El 10 de diciembre de 2012, en medio del mega recital, por los 29 años de democracia, en la Plaza Acceso Sur de Baigorria un grupo de estos muchachos pintaron el mural donde Néstor Kirchner le ordena al general Roberto Bendini que baje los cuadros de los dictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone del colegio militar del Palomar. La imagen nos sigue emocionando hasta las lágrimas. Aquel desprolijo presidente, a menos de un año de gobierno, el 24 de marzo de 2004, tenía ese gesto inmenso para todos los que abrazamos la causa de los derechos humanos. Fue como un respiro de alivio urgente al alma. Un triunfo de la verdad ante tanta mentira.


Manos llenas de ese odio televisado las 24 horas, creyeron insultar uno de los hechos más hermosos de la historia nacional. Qué ilusos. Cómo creen que el amor por los cumpas que dieron la vida por este sueño colectivo, va ser borrado por idiotas funcionales.


Hay y habrá más murales, pintadas, grafitis, canciones, poemas, amaneceres, crepúsculos, días nublados, noches azules palpitantes, donde la tibieza de un tiempo de cosecha siempre estará atenta de la gloria final.

 

Los Cuadros


La victoria popular va a ocurrir. De eso no hay dudas. No será mañana, ni el próximo jueves por la tarde. Pero llegará, porque hay gente que nunca se rindió, ni se rendirá.


Hay etapas de quietud y silencio. Hay momentos de ruptura y movilidad.


Si algo dejó esta década, fue el triunfo en las cabezas de miles de jóvenes. El compromiso se sumó al cotidiano andar.
No podemos dejar de emocionarnos en ver tanta pibada hermanada a un proyecto. Esa pintura de una realidad implacable, no habrá cobarde aerosol capaz de borrarla.


Sólo se sabe, que está más cerca que nunca esa conquista de los tiempos. Para el mal de esos pocos, para el bien de todos los demás que seguimos garabateando arco iris en tapiales y horizontes.