La escuela 127 cumple 120 años y su historia está en sintonía a la vida de nuestro país y la ciudad. La institución nace cuando el 5 de junio de 1893 el gobernador Juan Manuel Cafferata firmó el decreto para empezar a pagar los sueldos de dos docentes que ya venían siendo los maestros del pueblo pagos por las primeras familias del incipiente del lugar.
Para ubicarnos en la reseña, tenemos que recordar que en abril de 1889 el gobierno provincial le aprobó a Lisandro Paganini la traza del pueblo. Paganini sólo pensaba en un gran negocio inmobiliario y poco le importaba el futuro de los criollos e inmigrantes que paulatinamente fueron arrendando las tierras del millonario que militaba en el Partido Autonomista Nacional del genocida de Julio Argentino Roca. Mismo partido que gobernará la provincia durante los años que Paganini se dedicó a fundar pueblos con la venía y los datos precisos de sus amigos en el poder.
En sí, durante los años que Paganini adquiere las tierras que formarían el primigenio pueblo, lo que hoy son los barrios San Miguel y Centro (1884), el hombre de negocios acuerda con Juan Orsetti para que este sea su puestero y persona de confianza para el subarrendamiento de las tierras fértiles.
Tanos, españoles, vascos, gallegos, algunos europeos del este y gauchos en busca de un futuro, fueron poblando el paraje. Para 1888, un año antes que el gobernador José Gálvez le autorizara a Lisandro Paganini la traza del pueblo que llevaría su nombre, la población del lugar, que era pequeña aun, necesitaba para sus hijos una escuela donde aprender lo elemental. Es por eso que ya en ese año las personas de mayor ingreso económico y proyección popular contrataron a los primeros maestros de manera particular para educar a los niños. Juan Orsetti y Constantino Secco, otro pionero de la ciudad, contrataron a Mario Cutruneo y a su mujer Paulina, quienes serían para la posteridad los primeros maestros del pueblo. Los docentes brindaban las clases en una casa que el mismo Orsetti prestaba para tal fin.
En forma paralela a la llegada de los Cutruneo a estos campos, donde la ruralidad abundaba, Orsetti junto a Secco y otros “paganinenses” que de a poco levantaron su estatus económico y social, empezaron los formales pedidos al gobierno provincial para crear una escuela para toda la pibada. Eran tiempos de la ley 1420, sancionada por el congreso Nacional en agosto de 1884, bajo la primera presidencia de Roca, que daba forma a la necesidad de una educación popular, libre, gratuita y laica, para todos los hijos de los inmigrantes y criollos del país.
Como buena medida de la modernidad y la construcción de un capitalismo autóctono, la idea de igualar en la educación era la posibilidad de sacar a los pibes de las calles y formarlos como ciudadanos para la sociedad de consumo naciente. En nuestras pampas además había que bañar a los hijos de los inmigrantes de ‘argentinidad’, de allí la universalización de la escuela primaria y la laicidad, pues no todos los que llegaban de la Europa pobre eran católicos.
En base a estos fundamentos, los reiterados pedidos de las familias patricias y el aumento paulatino de la población, el 5 de junio de 1893, a 4 años de la conformación oficial del Pueblo Paganini, el gobernador Juan Manuel Cafferata autorizó la creación de la Escuela Elemental Mixta Nº 16, hoy Escuela Nº 127 “Presbítero Manuel Alberti”.
En rigor, lo que Cafferata firmó fue la oficialización de la escuelita que ya funcionaba en una propiedad de Juan Orsetti desde hacía unos años, donde había útiles, unos bancos y elementos precarios para dictar clases. A su vez se decretó el pago mensual del matrimonio Cutruneo como docentes provinciales. El sueldo de estos durante los años de gestión particular es muy difuso. Todo indica que Orsetti les paga a los maestros dándole la casa en gratuidad por sus labores y residencia, a cambio de la educación de un grupo selector de chicos del lugar. No es extraño imaginarnos que la dupla pedagógica hubiese cobrado con huevos, gallinas, hortalizas y otros alimentos sus servicios. El decreto decía, a su vez, que se nombraba a Paulina Cutruneo como directora de la escuela en formación y su marido maestro.
Otro dato confuso es la ubicación de la casa de los Cutruneo, lugar donde estuvo la escuela tanto de manera particular, como los primeros años ya en el estado provincial. Se calcula que en el trayecto de calle Moreno, entre la Ruta 11 y Pueyrredón, en la vereda norte, aproximadamente a la mitad de esa cuadra estaba la casita donde se inició la aventura de enseñar en Baigorria.
Lugares donde estuvo la escuela
La 127 se paseó en varias casas del pueblo, hasta su definitiva ubicación de calle Sáenz y San Lorenzo. Paganini tuvo su traza aprobada desde el 11 de abril de 1889, pero no fue ciudad hasta que el 2 de enero de 1917 formó la primera comisión de fomento, separándose formalmente del Pueblo Alberdi, que después quedó bajo la órbita de Rosario. Este dato puede agregar, tal vez, a que nuestra escuela fundadora la ningunearan durante casi 50 años vagando de viviendas en viviendas sin edificio propio.
El trayecto migratorio del establecimiento se pierde en los primeros años, debido a que la institución no tiene registros históricos. Calculamos, que luego de la casa que prestó Juan Orsetti, a finales del siglo XIX cuando se releva del cargo al matrimonio Cutruneo por Moira Martino de Luexes, esposa del primer jefe de la estación de trenes de la ciudad, y el paulatino crecimiento de la currícula educativa, la escuela empezó el itinerario de mudanzas.
Se tiene el dato que hasta 1915, la escuela se afincó en una construcción que aun está en pie en la esquina de Rivadavia y Buenos Aires. Luego y hasta 1925 aproximadamente el colegio funcionó en el “Camino a San Lorenzo”, actual Avenida San Martín al 700, donde después se radicó la Comisaría Nº 32, luego denominada 24. El último paraje de la institución hasta su destino final fue el edificio de Pueyrredón y Rivadavia. Esta casa, que pertenecía a la familia Secco, de estilo colonial, de amplio patio, salones cómodos y molino, fue derrumbada a principio de los 90, como mueca de la segunda década infame argentina, signada por el neoliberalismo, que intentó poner al olvido como bandera.
Sáenz y San Lorenzo
El pedido de edificio propio se remonta a tiempos anteriores de la comisión de fomento. La escuela que vagó por casas de alquiler o prestadas, recién vio plasmada su sueño el 29 de marzo de 1941.
En junio de 1930 en la intendencia de Juan Sala se crea la comisión pro edificio, para gestionar ante el gobierno provincial el pedido formal del predio escolar. De manera oficial se envía al gobernador santafesino Pedro Gómez Cello una carta de reclamo y en noviembre se repite otra misiva, pero ya proponiendo donde podría ubicarse la misma, utilizando 30 metros de la Plaza 9 de Julio de la vereda oeste.
Como es lógico de esperar no se dio respuesta alguna a la comisión, tal vez influidos por la grave situación institucional que comienza atravesar al país desde el 6 de septiembre de ese año cuando los militares, en complicidad como la Sociedad Rural y los sectores conservadores de la Argentina, dieran el primer golpe de estado en la historia de la patria. Tras derrocar a Hipólito Yrigoyen, las provincias también fueron intervenidas, es por eso que al redactar la segunda nota, ya el gobernador no era Gómez Cello, sino el Teniente Coronel Benito Oiz, puesto por la junta militar de facto.
Las idas y venidas de la primera década infame, donde al golpe de estado, le fue seguido por la proscripción de la Unión Cívica Radical y el Partido Comunista, la persecución, cárcel y tortura de militantes sociales, y fraudes electorales reiterados en todo el territorio; el futuro del establecimiento propio se perdió en la misma nebulosa que la patria y sus derechos constitucionales.
A finales de 1938, el escribano Raúl Casas logró que los 10 herederos de Lisandro Paganini donaran los 30 metros de plaza de la vereda que da a calle San Lorenzo para la creación de la escuela, y allí volvió a florecer el anhelo popular. Debemos aclarar que esto se dio en el gobierno de Juan Secco, que pertenecía al Partido Democrático Nacional, misma filiación que el gobernador Manuel María de Iriondo.
Iriondo, conservador, católico y de ultra derecha, que a finales de 1919 fundara con otros de su misma calaña la Liga Patriótica Argentina, fuerza paramilitar que rompía huelgas, perseguía a militantes sociales, entre otras actividades delictivas, tenía una buena relación con los Secco. En 1939 es Vicente, otro integrante de la familia adinerada, quien gobernará la ciudad hasta el 41. Luego de “unas elecciones teñidas por el fraude, lo que hizo que el Partido Demócrata Progresista, que se consideraba ganador y que llevaba a Juan Sala hijo como jefe comunal, renunciara a ocupar la minoría en la comuna”, según comentó a este periodista el historiador baigorriense Raúl Zavattero.
El estrecho lazo entre la derecha gobernante en la provincia y la vernácula, influyó para que en tiempo récord se construyera los primeros salones del edificio donde hoy esta la escuela.
El 21 de Julio de 1940 Iriondo y Secco, junto al cura de entonces, jefes policiales, el director de la escuela, Pedro Martí, docentes, la pibada local y los vecinos participaron del descubrimiento de la piedra basal del edificio. Esa mañana gélida de domingo de aquel julio, en un descampado y rural barrio Centro, un gobernador, ganador a través del fraude de moda por esos tiempos y temido por su pasado fascista, iba a cumplir su palabra.
Podemos imaginarnos a los criollos y a los inmigrantes ya radicados en Paganini mirar con desconfianza al hombre de bombín. Hasta logramos escuchar voces decir que era una locura lo dicho por don Manuel. “El año que viene, en 1941, las clases de estos niños se iniciarán acá en sus aulas nuevas, lista para educar y servir a la patria”, suponemos que habrá dicho el elegante mandatario de bigotones anchos, como mostachones, después de entonar el himno y que el párroco bendijera todo, como Dios manda.
Pero Iriondo le puso la tapa a todos, como quien dice. El domingo 29 de marzo de 1941, a diez días de dejar su cargo a su sucesor Joaquín Argonz, otro conserva del PDN, el gobernador volvía a la ciudad a inaugurar el edificio de la escuela, que comprendía de 6 salones, una dirección, despensa, sanitarios y la casa que ocuparía el director. La ciudad volvió a vestirse de fiesta, con músicos en vivo, invitados de rigor, mucho blanco en los guardapolvos de los purretes y la emoción de padres y docentes. Ah… y por supuesto, el curita y el agua bendita reglamentaria
Había pasado casi 50 años de la confirmación de la creación de aquella Escuela Elemental Mixta Nº 16. Pero a pesar de un manojo de cretinos que gobernaron aquí o allá, los padres y los chicos jamás menguaron en el deseo de la construcción de un futuro para los justos. La escuela tomaba revancha de los atropellos vividos por los nefastos de siempre, y como lo hizo continuamente y lo seguirá haciendo, en busca de un país mejor.






