Para iniciar estás líneas tenemos que remontarnos a los inicios del pueblo. Como ya escribió este periodista, Lisandro Paganini, ni fue visionario, ni fue un buen paisano que quiso formar una ciudad para el bien de los criollos e inmigrantes ansiosos en anclar sus vidas a tierras fértiles. Paganini, como terrateniente, vinculado a la Liga de Gobernadores que llevara al genocida de Julio Argentino Roca a la presidencia en dos oportunidades (1880 – 1886, 1898 – 1904) luego de la mal denominada ‘Campaña del desierto’, supo de ante mano la traza de las vías al actual ferrocarril Mitre.
Es por eso que compró barata estas tierras y luego fundó el pueblo que llevaría su nombre hasta 1950, que pasó llamarse Granadero Baigorria.
Los primero pobladores se movilizaban con estos trenes. A principio del siglo XX toda la región vio la llegada de europeos pobres, que utilizaban estos medios para desplazarse a las ciudades de mayor importancia. La empresa británica propietaria del Central Argentino había dispuesto varios viajes diarios desde Rosario a Sunchales, ida y vuelta, lo que hizo que el flujo de pasajeros sea muy activo. Los primigenios habitantes de Paganini, entonces, se movilizaban con el tren metropolitano, que desde nuestro pueblo hasta Rosario tenía tres paradas; en la estación Zarratea de Alberdi, en Avenida Travesía y Génova y como fin del recorrido, en Rosario Norte, de Wheelwright y Corrientes.
Tuvo que pasar unas décadas para que el transporte motor iniciara su servicio, desde Rosario hasta la ciudad. Irónicamente la extensión de recorridos de pequeñas bañaderas que hacían de ómnibus se dio específicamente cuando la Zwi Migdal (red de trata de mujeres mundial que se desarrolló desde principio del siglo pasado hasta entrada la década del 30’, haciéndose fuerte en la Argentina en Capital Federal y Rosario. La asociación delictiva estaba compuesta por judíos polacos que traían de la Europa de este hambrienta a jóvenes engañadas con promesas de empleo y después eran obligadas a prostituirse) muda su mundo prostibulario a nuestro pueblo. Desde el 1º de enero de 1933 los quilombos que llevaban adelante los rufianes hebreos quedaron prohibidos en Rosario por decisión del concejo local tras una férrea persecución a mafiosos y facinerosos proxenetas tanto por la policía como los medios de la época. Meses antes de cumplirse la sentencia, los polacos, a través de mujeres como testaferros, también de origen judaico, llegaron a un acuerdo con el jefe comunal de entonces, Juan Sala, para instalar los puterios en Paganini.
La llegada de las “Casas de tolerancia”, situadas en conventillos flamantes, de construcción de alta gama y belleza, que fueron edificados con gran velocidad en barrio San Fernando, trajo consigo un excelente aporte recaudatorio al gobierno comunal, un crecimiento a la zonas vecinas de los quilombos en lo comercial tras la creación de bares o negocios de venta de comida para asistir a parroquianos habitué a este mundillo y la extensión de las líneas colectivos hasta calle 25 de mayo y Ruta 11, asfaltada a principio de los 30’.
La ampliación del servicio de los micros, no sólo trajo a los hombres en busca de saciar soledades y tristezas, sino que sirvió para que el pueblerino empiece a modificar su manera de llegar a Rosario. A su vez a finales de los 30, la empresa 9 de Julio inició su recorrido desde Puerto San Martín hasta la Plaza Sarmiento de la ciudad vecina y a principio de los 40’ otras firmas arrancaron su trayecto desde Rosario a ciudades de la Ruta 11, como Santa Fe, Coronda, Oliveros, entre otras.
Pero el ingenio popular ya hacía mella en los de Paganini. Podríamos afirmar que el primer transporte urbano fue el ideado por Don Cruz Ludueña, quien a su vez era el único policía de la seccional 32 (hoy 24). Don Cruz buscó una manera decorosa para incrementar su magro salario como defensor de la ley. “Con un carruaje tipo Break, conocidos como Breque, de cuatro ruedas, dos caballos y seis butacas”, recuerda Raúl Zavattero historiador local, “el policía/chofer llevaba a pasajeros desde calle Belgrano y San Martín al cementerio El Redentor”. La idea de Ludueña fue rápidamente copiada por otros que también se sumaron a la aventura de ser un remiseros a tracción a sangre.
Ya en los 50’ comenzaron a circular los primeros taxis de vecinos que veían que los ómnibus sólo llegaban a la ciudad por la Ruta 11 y no entraban a los barrios. Fue por esos años que se creó la empresa de colectivos de capitales locales llamada El Libertador. Su recorrido era desde el Cementerio hasta Bullevar Rondeau y calle Martín Fierro, de Rosario, donde estaban las paradas de los tranvías 5 y 25 que llevaban al centro rosarino.
Ya a finales de los 70, principio de los 80 la empresa 9 de Julio ingresó líneas de colectivos exclusivas para Baigorria. Durante años las líneas Roja, Negra y Verde, ingresaron por los barrios de la ciudad hasta Rosario. La Roja y la Negra llegaban al Cementerio, mientras que la verdes llegó a circular por los barrios Los Naranjos, Paraíso y Santa Rita.
En 1996 en la intendencia de Alfredo Secondo cumplió con una promesa electoral. Traer líneas de colectivos urbanas de Rosario a la ciudad. Secondo hizo un acuerdo con la empresa La Florida, propietaria por entonces de la línea 102, para recorrer barrios de la ciudad y sumarse luego al recorrido rosarino. En 1997 con bombos y platillos los colectivos celestes, se sumaron a los ya existentes en la localidad.
En la actualidad existen dos líneas urbanas de Rosario que ingresan a la ciudad. La 103 Negra que recorre barrio Centro y San Miguel, pasando por el Cementerio El Redentor y la 143 Negra que circula por barrio Los Naranjos, Paraíso, Centro y Martín Fierro. A su vez la interurbana 35/9 Verde entra a los barrios Bon Vivant, Santa Rita y San Fernando. Recientemente se sumó la Línea M que pasa por la Ruta 34 S, calle Silvestre Begnis, para terminar su trayecto en Ibarlucea.






