Voy a tratar de ser breve y concreto.
Para 1949, cuando el presidente comunal del todavía pueblo Paganini era Juan F. Secco, aparece en las actas, como vocal, Enrique «Coco» López. Un panadero, dueño de la panadería La Proveedora, quien luego será empresario vinculado a la construcción y venta de nichos en el cementerio local.
Coco era un peronista activo y militante. De esos que no ocupan grandes cargos, pero sí cortan el bacalao.
Desde 1955, luego del derrocamiento de Juan Perón y la proscripción del peronismo, será Coco el referente de ese espacio político, más aún cuando la familia Secco, que gobernaba la ciudad desde 1938 a través de los hermanos Juan F., Vicente y Constantino José, se desvinculó de la política, y más aún del justicialismo, para dedicarse de lleno a los negocios y a la floreciente industria Juan F. Secco.
Fue Coco quien comenzó, sin darse cuenta, un proceso de diálogo político que, sin ánimo de equivocarnos, se sostuvo hasta agosto de 2003, cuando falleció en funciones Humberto Sdrigotti.
Coco organizó, junto con otros, el peronismo en el 58 para generar una alianza con el frondizismo local, logrando que Juan «Piruque» Acosta ganara las elecciones comunales. También lo hizo en 1963, para que los radicales del Pueblo, brazo político de Arturo Illia en Baigorria, gobernaran la ciudad de la mano de Guillermo Falletti, y en 1965, con José Horacio Monti.
Esto se repitió en 1973 con el regreso de la democracia, cuando el peronismo jugó fuerte con el retorno de Juan Perón a la patria, apoyando la candidatura de Piruque Acosta dentro del FREJULI.
En esos años hubo una mirada de ciudad, un proyecto. El asfalto en barrios céntricos con el aporte de los vecinos, gracias a créditos otorgados por la Caja de Crédito de Baigorria, que en la actualidad tiene su continuidad en el Banco Credicoop, y la mano de obra municipal; la construcción de las escuelas 6418 y 550; la formación de cooperativas e instituciones intermedias; el avance de nuevos barrios. Hubo un criterio más allá de las posturas políticas e ideológicas. La ciudad, los vecinos y su desarrollo eran el eje.
Esta estrategia pueblerina, muy baigorriense, se gestó en los bares y boliches de la ciudad. Venía de finales de los 40, pero se sostuvo y se afianzó.
Había un método: discutir el futuro, pero sin perder el tiempo con el contexto nacional. Fue así que, en los 60 y en los 70, las familias Acosta, Falletti, Monti, Secondo, López, Sdrigotti, entre otras, se reunían los últimos viernes de cada mes a comer un asado en el club Paraíso para ponerse de acuerdo. Ahí nacieron los carnavales, la decisión de qué hacer con el camping y cómo fomentar el ánimo social para colaborar en escuelas, calles y cuadras.
Había un interés por el otro, más allá de que puertas afuera se discutía cómo hacerlo, pero la base estaba.
Era una gran familia en la que los pibes de los dirigentes aún lo recuerdan sin sentirlo como un peso, porque esos contrincantes políticos eran sus tíos, sus padrinos, amigos de la vida.
Luego de la peor dictadura, ese pacto se sostuvo. No nos equivocamos al decir que este acuerdo, a veces explícito y en ocasiones implícito, tuvo su última etapa tras la muerte de Humberto Sdrigotti, cuando este atravesaba su tercer mandato, el 12 de agosto de 2003.
De 1983 a 2003, aunque Coco López ya estaba alejado de la política local, esa forma de acordar siguió durante la intendencia de Monti, junto a su secretario de Gobierno, Alfredo Secondo; en 1987, con Humberto; en 1995, con Alfredo como intendente; y de 1999 a 2003, con Sdrigotti y su reemplazo interino hasta diciembre de ese año, de la mano de Secondo, quien era presidente del Concejo al momento del fallecimiento del caudillo justicialista.
Después no hubo más tratos. El corto mandato de Ansoleaga y la magra intendencia de Daniel Lioy no lo permitieron, y menos aún la manera autárquica que tuvo Alejandro Ramos al momento de gobernar.
Esto tampoco lo hizo Maglia en sus 13 años de gestión.
En 2027 hay una oportunidad histórica en Granadero Baigorria de volver a construir un Pacto Social.
La ciudad tiene una dirigencia política brillante. Jóvenes que son cuadros, no unos improvisados. Saben de la localidad, conocen su historia y a los vecinos y los barrios. Comprenden las necesidades y se percatan de que solos no pueden llevar adelante ese desafío.
Por eso es necesario que esos militantes, más allá de sus simpatías nacionales o provinciales, se unan en un punto en común para que, por lo menos, los venideros 20 años tengan un punto de desarrollo.
Hoy nada se planifica, todo es a la marchanta. Las cosas se hacen porque se hacen. Y ese es el peor error que se comete.
El magliaísmo puede ser parte de esto nuevo, que ya nació hace rato. Porque estos jóvenes que apuestan a la ciudad y que creen en el diálogo democrático ya se consensuan, discuten y planifican el destino.
Si el electorado baigorriense sabe elegir y sus dirigentes son coherentes, Baigorria tendrá una meta y un bien común.
Eso será digno de escribir, informar y, con el tiempo, historiar.








