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Miércoles, 05 Agosto 2026 En homenaje

Marcelo Ramírez, el pibe que sólo quería cantar para estar cerca de su mamá

En febrero de 2018 Marcelo dio una nota para El Urbano Digital, y la entrevista fue escrita en formato de perfil periodístico por Hugo Cravero.
Ante la triste noticia de su fallecimiento, resubimos la narrativa

“A nuestra hija le pusimos Érika Noelia”, le dijo un hombre de su edad al vilo de las lágrimas que lo reconoció en un bar. “Ustedes fueron los que marcaron la vida. Con ustedes conocí a mí esposa en un baile y después le pusimos ese nombre a nuestra primera hija en su honor”. Marcelo Ramírez no puede esquivar su pasado próximo, tan recurrente como sus canciones, esas que con Marcelo y los Cristales llenó clubes, salones de fiestas, camping.

Incansables fueron los viajes que lo tuvo como figura, en la década del 90’, de una de las bandas cumbieras más influyentes y de seguidores de toda la región, aunque él no se canse de decir que nunca le gustó que la orquesta llevara su nombre. “Pasó que nos convocaron para estar en el disco Luminarias 1989, y cuando tuvimos que registrar el nombre en SADAIC, había otro grupo que se llamaba como nos hacíamos llamar nosotros, ‘Los Cristales’, así que hubo que ponerle Marcelo y Los Cristales”, recuerda.

Marcelo nació en San Fernando. A los 15 años su vida dio un vuelco impensado. Su mamá había muerto y él se quedaba solo al cuidado de su hermano Daniel de 9 años. “Mi vieja le pide delante de mí a Luis Ull, que era un amigo de la familia, que nos cuide como un padre. Cosa que hace hasta el día de hoy”, rememora. Fue el “Flaco” Ull quien se hace cargo de los pibes y quien intenta que Marcelo pueda cantar. “Al morir mi vieja yo estaba muy mal y un psicólogo me dice que empiece a cantar. Mi mamá cantaba tangos y a mí gustaba mucho hacerlo”, comenta. En sí la música le regresa la vida a Marcelo y lo acerca a su madre.

“Al principio cantaba folclore. Pero había un grupo de cumbia en Baigorria que se llamaba Ramón y sus Tropicales, de Ramón Almada que tocaba el acordeón. Ahí empecé a cantar. Yo tenía 17 años”, explica. “Me acuerdo que la primera actuación fue en los carnavales del barrio San Fernando. Esa misma noche tocaba Don Trabuco, y el cantante del grupo, Yayo, me dio ánimo para cantar y seguir. Así fue que empecé”, dice.

Esa orquestación además de cumbia santafesina, también hacía chamamé. Pero a finales de los 80, ya sin Ramón hubo que definir el destino. Ull se puso el grupo al hombro y consigue que puedan grabar en el disco Luminarias. El material discográfico pertenecía a una audición radial de LT3 de mucha aceptación popular y entrar allí no era fácil. “Luego de grabar el tema ‘Tarjetita de invitación’ para ese disco, hicimos de todo para que nos difundan en las radios. Nos quedábamos noches enteras escribiendo mensajes para el programa del “Gringo” Gammarotta, de LT 3, donde pedíamos el tema que habíamos grabado. Hacíamos distintas letras, cambiábamos lapiceras y las llevábamos a la radio. Y un día empezaron a difundir nuestro tema. Fue increíble”, cuenta y se ríe como ese niño de San Fernando que fue.

Hábil el Flaco Ull, se asoció con Carlos Guerra, el productor del mundo cumbiero de Rosario en los 90’. Guerra era dueño del sello discográfico Musigrand, donde todas las bandas grababan sus materiales. Pero además era el director del programa de Canal 5 “Explosión Tropical”, que conducía Jorge Bedolla. Ese espacio televisivo, que se emitía los sábados a la tarde, batía récord de audiencia en la televisión rosarina. A su vez con el éxito del programa se hacían bailes en toda la región de cobertura del 5.

“Como Luis estaba con Guerra nosotros teníamos muchos bailes. Trabajábamos de miércoles a lunes. Sólo parábamos los martes. Además no teníamos problemas de los horarios. Hacíamos picnics, actuaciones nocturnas. No parábamos”, recuerda Marcelo. “Era una locura lo que nos pasaba. Como teníamos muchas actuaciones Canal 5 pasaba la publicidad de los bailes constantemente y Luis se las ingeniaba para que nosotros estuviéramos en la publi siempre. Así que éramos muy conocidos. Íbamos a un bar y nos reconocían. Nos pedían fotos, autógrafos. Fueron casi 10 años de mucha exposición”, comenta.

Marcelo y los Cristales grabó 9 discos y fueron muchas la participaciones en otros materiales. Luego de grabar en Luminarias vino el primer disco ‘Ojos Azules’, en cassette. Luego siguieron otros, como ‘Ay niña’, ‘El amor’. Ganaron un disco de oro con éste último.

Hay datos relevantes que esta nota no puede dejar de lado. Uno es que Marcelo y Los Cristales siempre tuvo la misma formación. Al contrario de lo que ocurre en otras bandas de ese género, el grupo nunca cambió sus músicos. “Nosotros siempre nos manejamos como una cooperativa. Todos ganábamos lo mismo. Los instrumentos lo comprábamos entre todos, las canciones que hacíamos la registrábamos entre todos. Hubo una vez que uno de los muchachos del grupo se quedó sin trabajo y el grupo le pagó el sueldo hasta que consiguió otro laburo”, cuenta Marcelo.

En 1994, en la cresta de ola, Marcelo y los Cristales desbordaron el camping municipal de Granadero Baigorria. Fue cuando presentaron el disco El Amor. Allí Marcelo grabó con Ezequiel la canción Mamá. “Ese día en el camping metimos 12 mil personas”, recuerda.

“Fueron años de mucha felicidad. Conocí a miles de personas y cultivé amistades que aún conservo”, dice.

Marcelo, ese pibe que tuvo que afrontar el dolor de la perdida de la madre, hacerse cargo de su hermano Daniel, quien toca la conga en el grupo, logró lo que no buscó. Él sólo quería cantar como la vieja, pero jamás ser un referente de la movida tropical, un ídolo de masas. En la actualidad hay gente que lo reconoce y le vuelve a pedir un autógrafo, una foto o simplemente un abrazo, como en aquellos años de sana alegría.