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Jueves, 05 Febrero 2026 A 213 años del Combate de San Lorenzo

La Posta El Espinillo

La morada rural fue testigo de una historia naciente. En éste informe recordamos el sitio dónde estuvo el rancho que sirvió de descanso y correo de peregrinos que atravesaban estas tierras

Por el licenciado Hugo Cravero

La Posta El Espinillo perteneció a un sistema de comunicación y transporte habilitado por la Corona para el desarrollo comercial entre Buenos Aires y El Paraguay. Aunque la centralidad de los españoles no permitía el negocio con otras naciones, el contrabando se había intensificado de manera inusitada por el siglo XVIII en la región del Río de la Plata, aunando así el paso de comerciantes por caminos improvisados y los parajes.

El recorrido desde Asunción al puerto de Buenos Aires, que sería la capital del último Virreynato por el Reino de España creado en 1774, y el traslado de las riquezas extraídas de las minas del expoliado Alto Perú, aceleraron la creación de postas y rutas transitables.

A mediados del 1700 se creó Camino Real, y con él llegaron las mencionadas moradas. Estos ranchos de paja y barro eran construidos en la nueva ruta, y servían para refrescar caballos, el descanso de los viajantes y su alimentación. A su vez también utilizaban como correo entre los pueblos a través de carretas o chasquis.

Este sistema de Postas desde Buenos Aires a Asunción fue creado por el Virreynato en 1774. Según publicó en su libro, Historia de Granadero Baigorria, Iván Piermatei, el recorrido de las mismas se iniciaba en la capital del Río de la Plata, pasando por Rincón de las Hermanas, Arroyo del Medio, Arroyo Seco hasta llegar al Espinillo. Es válido acotar que la Posta de San Lorenzo, intermedia con la del Espinillo y la del río Carcarañá, fue creada en 1790 a posteriori del emplazamiento de estas dos, a una legua al norte del histórico Convento franciscano.

La existencia de la Posta Espinillo fue documentada por John Robertson Parish en su libro “Cartas del Paraguay”, material que editara en 1834 junto a su hermano, Williams, sobre sus aventuras por América del Sur, cuando comercializaban productos y mercaderías por esta parte del mundo.

Aunque el escocés nombró a la Posta como “San Lorenzo”, en un error fácil de corregir, porque como ya dijimos anteriormente el paraje sanlorencino estaba a una legua al norte del Convento, y por tal motivo el único puesto al sur más cercano donde sería el histórico Combate era el Espinillo, podemos afirmar que lo descripto por éste no es otro que el paraje que nos dio el motivo de éste informe. “Por la tarde del quinto día llegamos a la Posta de San Lorenzo, distante como dos leguas del convento del mismo nombre, construido sobre las riberas del Paraná, que allí son prodigiosamente altas y empinadas”, escribió Parish.

La noche del 2 de febrero de 1813, a las 22 horas las tropas del por entonces Teniente Coronel José de San Martín llegaban a El Espinillo. Allí el comerciante, al servicio de la Corona Británica, se contactará con el Gran Capitán y éste lo invitará al Combate histórico de San Lorenzo la madrugada siguiente, donde los Granaderos derrotarán a las fuerzas realistas en una breve reyerta.

El primer maestro de la Posta, término como se lo conocía a los responsables de estos parajes, fue Juan Tuval quien falleciera en 1787. El cargo fue cubierto por Anselmo Basualdo Ramos con un contrato de 5 años renovable según el Virreynato del Río de la Plata. Éste segundo encargado de la Posta falleció el 22 de junio de 1812, y fue su hijo Sebastián Basualdo, y su viuda, Francisca Roldán, quienes lo reemplazaron. Es bueno decir que también Sebastián Basualdo tendrá una participación activa la noche del 2 de febrero de 1813, porque según el historiador rosarino Carlos Wladimir Mikielievich, el joven puestero colaboró en reponer las cabalgaduras cansadas de los Granaderos de San Martín y de las milicias rosarinas al mando de Celedonio Escalada.

El mismo Mikielievich sitúa al Espinillo en los límites de Granadero Baigorria y Capitán Bermúdez. El escritor que fuera creador durante el siglo XX de trabajos de investigación de relevancia sobre la recolección histórica de la región del Gran Rosario, afirmó que “sobran razones para señalar como lugar de emplazamiento de la Posta El Espinillo las inmediaciones de la bajada que, con la denominación de El Espinillo, era ya conocida en el siglo XVII”.

El periodista, quien en 1962 fundara la Sociedad de Historia de Rosario y que en mayo de 1963 editara el primer número de la Revista de Historia de Rosario, de la cual se imprimirían cuarenta volúmenes bajo su dirección, también sumó a los datos de la posible ubicación del rancho y caballeriza donde descansaron tantos paisanos luego de largas travesías, que “el apellido Basualdo coincide en el comprador original a la Junta de Temporalidad de la lonja de 1500 varas a la vera del Paraná en enero de 1775, Juan José Basualdo, donde se iniciaba la bajada citada hacía norte, con el del maestro de Posta designado para El Espinillo en 1787, Anselmo Basualdo Ramos, segundo responsable del puesto rural”. Mikielievich hizo la simple deducción que en un territorio tan despoblado, como era el Pago de los Arroyos, los apellidos similares podrían pertenecer a una misma familia. Además Juan José era un influyente español amigo de los representantes de la Corona en el Río de la Plata y esto podría haber facilitado el trámite para que algún pariente pudiera llegar al cargo de maestro de Posta.

Otra información que sumó Carlos Wladimir, y que publica Plácido Grela en su libro El Espinillo, son los planos realizados por el agrimensor español Julián de Bustinza y el ingeniero Enrique Blyth en el siglo XIX. Grela dice que “la Posta se situaba a 2000 varas castellanas, o sea unos 1.700 metros, al oeste de la bajada”. Según estos datos la Posta El Espinillo, el primer sitio poblado por criollos y españoles en la zona donde hoy están las ciudades de Granadero Baigorria y Capitán Bermúdez, se ubicaba en el límite occidental de ambas localidades. Para ser ecuánime, tal vez, se podría decir que El Espinillo pudo haber estado en el extremo sudoeste de Bermúdez o en el extremo noroeste de Baigorria.

Por su parte el municipio de Capitán Bermúdez ha definido que la Posta estuvo en su territorio y no en las coordenadas brindadas por Mikielievh, Bustinza y Blytch. La comuna bermudence contrató en el 2012 al prestigioso agrimensor Juan Manuel Catagnino quien determinó que la Posta estuvo en el barrio Copelo en esta ciudad, más precisamente en las inmediaciones de donde ahora se encuentra la Plaza de la popular barriada llamada Antártida Argentina.

Catagnino trabajó con planos datados desde 1820 y por la ubicación de un pozo de agua que se repetía en varias documentaciones, llamado Pozo de Silva, más la traza del Camino Real, que por Granadero Baigorria se recorre por calle Junín en los barrios San Miguel y Martín Fierro y por la ciudad vecina lo atraviesa de sur a norte detrás de las vías del Ferrocarril Mitre, pudo definir el posible lugar del paraje. Éste informe, elaborado por creador de la Federación Nacional de Agrimensura, del cual fue su primer presidente, fue publicado en un libro llamado “La existencia de la Posta El Espinillo” en 2013.

En referencia a la bajada, que dio el nombre a la Posta, otros relatos históricos también la nombran. El denominado Ejército Grande, comandado por Justo José de Urquiza, se detuvo a finales de 1851 en estas costas para descansar, reponer víveres y fuerzas. Urquiza ya había definido desde hace tiempo enfrentar a su antiguo aliado, el General Juan Manuel de Rosas, con tropas propias, del Imperio del Brasil y unitarios en el exilio. Entre los integrantes venían también enemigos acérrimos de Rosas como lo eran Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento.

Fue Sarmiento a quien Urquiza designó como boletinero de sus fuerzas. El ex presidente graficó con su pluma esplendida lo que era estás pampas hace más de 160 años atrás. El boletín número 6, creado el 25 de diciembre de 1851 decía: “Descendimos a tierra y montar a caballo fue obra de unos minutos. A caballo, en la orilla del Paraná, viendo desplegarse ante mis ojos en ondulaciones suaves, pero indefinidas, hasta perderse en el horizonte, la Pampa que he descripto en el Facundo, pues la veía por primera vez en mi vida”.

De la Posta no queda nada físicamente en pie. Rancho de paja y barro fue su estructura. Tampoco podemos decir con exactitud el lugar donde se levantaba el destino ansiado. Su nombre lo dice todo. Espinillo… pastizales, árboles bajos, cimarrones lejanos, la huella que llamaban Camino (y Real), y la mirada atenta ante el temor de lo desconocido y, lo peor, los conocidos indígenas siempre en su justa lucha por lo que fue suyo y se les arrebató a sangre y fuego.

Lo que no se puede negar es que por ahí la historia pelegrina tuvo capítulos increíbles, aun algunos ocultos, necesarios para saber de dónde venimos, por dónde estuvimos y quiénes somos en el día a día por andar.