Los resultados en Buenos Aires dejan en claro algo: el odio y el atropello sólo pueden detenerse de una manera, con unidad. Quien no lo entienda incurre en una absurda falacia o se convierte en simple cómplice de la derecha gobernante. Una copia barata de lo mismo.
La pregunta ahora es cómo llevar esa premisa a Baigorria. Cómo bajarla al plano local. Cómo dejar de lado vanidades, egos y mezquindades para construir algo tan grande y novedoso como se merece la ciudad.
Existe una urgencia que recorre cada calle de Baigorria. Se advierte cuando un pibe busca algo para comer en un tacho de basura, cuando una esquina se inunda luego de un temporal, cuando una familia debe emigrar por falta de trabajo o de una vivienda digna. Es ahí donde se impone la necesidad de sumar a todos en un frente capaz de derrotar los fantasmas de un pasado y los espejismos de un presente que sólo repite el ayer una y otra vez.
Los baigorrienses no sólo deben dejar afuera de la cancha a fachitos de baja estofa y niños bien con intereses inmobiliarios bajo el brazo, sino también a personajes incapaces de querer y defender la ciudad. La unidad debe darse con quienes amamos profundamente cada centímetro de este suelo que nos cobija y espera, día tras día, a una dirigencia con la grandeza suficiente para estar a la altura.
Buenos Aires marca el inicio de algo potente. En Granadero Baigorria tenemos la responsabilidad de recoger ese impulso, encontrarnos en lo que nos une y entender, de una vez por todas, que el único camino posible es caminar juntos.







