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Miércoles, 24 Mayo 2023 Nota de tapa de la edición 267 de El Urbano

Naty

La actual secretaria de Salud y Medio Ambiente encabeza la lista de concejales del oficialismo. La funcionaria supo sobrellevar la pandemia y el plan vacunatorio que aplicó más de 110 mil dosis en la ciudad.
En este perfil, un breve repaso en la vida de Natalia Annunziata, una de las personas que pasó a la historia grande de Baigorria

Escrita por el licenciado en Periodismo Hugo Cravero

- Creo en las energías, en las terapias alternativas, en los registros akáshicas - dice la ariana a un periodista de mismo signo zodiacal y tan eléctrico como la muchacha que de manera eficiente y admirable se puso al hombro la responsabilidad de vacunar una ciudad en plena pandemia.

- La búsqueda de terapias complementarias la pongo en práctica en mi vida y en mi profesión, todos los días -

Natalia Annunziata habla claro. Es didáctica hasta en las cosas diarias. Así como en una entrevista, en medio del miedo y la incertidumbre, con precisión explicaba el cuidado para esquivar el covid o el proceso vacunal, puede hablar de su vida, sus metas, de Nicolás, su compañero cotidiano, de Toto, ese ya adolescente que supo adoptar como hijo, de su madre y su inmortal padre, Guillermo.


Naty tiene 35 años y es bioquímica. Tiene consigo varias responsabilidades y muchas certezas.

- Estudié bioquímica quizás porque de chica vi a una tía que era la única bioquímica de un pueblo. Ella y mí tío, médico, se radicaron en Arteaga y durante años fueron los únicos que se dedicaban a la medicina allí -

La funcionaria municipal suele recordar esos años de niñez, de veranos en el pueblo del oeste santafesino, de sus primos contemporáneos, de sus amigos pueblerinos y sus tíos, una suerte de súper héroes terrenales asistiendo a una comunidad.
El destino de Naty rondaba por la salud. Era fija. Aunque tenía decidido estudiar Farmacia, minutos antes de inscribirse a la carrera, mientras realizaba los trámites previos en la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmaceúticas cambió y eligió Bioquímica. Tal vez por esa añorada infancia entre tubos y reactivos, pero quizás porque eso le acercaba más a la gente.


- Nosotros fuimos una familia pequeña y muy unida -

Natalia siempre lo repite como un rezo. Como un mantra. Y no le quita razón.

El núcleo íntimo fueron tres. Ella, única hija, su madre, Mirta, y su papá, Guillermo. Hace diez años se sumó al clan Nicolás, su compañero de vida, y el hijo de éste, Tobías, o como lo llaman Toto, hoy todo un hombre de 19 años.

Hasta el mismo día de su muerte Guillermo Annunziata quiso que su hija fuera feliz.
- Él siempre estaba cerca de mis decisiones. Todo se hablaba en familia. Éramos tres y todo pasaba en la mesa familiar -

Los primeros novios, las relaciones sexuales, los riesgos al salir a la vida, las frustraciones, los estudios. Todo era motivo para que en lo de los Annunziata se dialogara.

- Guillermo - como lo nombra con un afecto que arremete el alma - fue mi pilar, mí mentor. Él estaba cerca de mis decisiones. Nunca creí que lo iba perder tan pronto -

La llegada de Nico y Toto fue el ejemplo de lo que Guillermo era y propulsaba.

- A Nico lo conozco cuando trabajaba en la Cámara de Diputado con Érika Gonnet en 2013. Él estaba con otro diputado, pero los jueves, cuando había sesiones, teníamos tiempo para charlar y así fue que empezó nuestra relación -

Nicolas ya tenía un hijo. Toto de 9 años.
- Un día Nico vino a buscarme a Baigorria, para ir con Toto a Victoria. y se rompió el auto. Ese día mi viejo conoció a Nico y a Toto. Y se inició una relación hermosa. Para Guillermo, Nicolás fue el hijo varón que no tuvo y Toto su nieto -


- El partido, el peronismo, la básica, los compañeros, lo viví desde muy chica. Tengo recuerdos desde niña de estar en la básica de Moreno y la ruta, de las reuniones hasta tarde, de mí papá como un referente activo, y mí mamá acompañando -

Todavía hay viejos militantes que la recuerdan. Pequeña, riendo y jugando en un improvisado espacio para los hijos de los compañeros. Sus tíos postizos, sus padrinos, sus amigos más cercanos, nacieron allí.

Su vinculación directa a la militancia, eso de ponerle el cuerpo a campañas y discusiones sobre los destinos de la ciudad comenzó en 2012. Ya por entonces, la hija de Guillermo comenzaba a marcar la cancha y paulatinamente ponía su impronta en cada paso que daba.

Tenía la paciencia que su padre inculcaba, pero había algo más. Una capacidad de gestión, que en la actualidad es todo un sello propio.

En ese 2012 pasó por el Concejo junto a Favio Maurelli, edil con el quien ahora comparte fórmula por el oficialismo para las próximas elecciones.

Luego, como se dijo, en el año 13’ llegó a la Cámara de Diputados de la mano de Érika Gonnet. Ya en 2015 se sumó a la administración de Adrián Maglia como vice coordinadora de Gabinete.


En 2019 ya había sonado su nombre para la lista del oficialismo del Concejo local. Pero el 2020 le tenía reservado el hecho que la va a dejar en la historia de la ciudad, cuando otro escriba cuente para los presentes un pasado donde no hubo espacios para tibios.

En los primeros meses del 2020’ Naty' fue nombrada subsecretaria de Salud. El dengue era noticia para enero y febrero del comienzo de la segunda década del nuevo milenio, con más de 86 casos en la ciudad y ella daba sus primeras entrevistas en una oficina con pocas cosas. Un escritorio, una computadora desconectada y sin mouse, dos sillas y un sillón inútil era el espacio donde la recientemente nombrada recibía a la prensa y sus colaboradores.

En esas primigenias notas lo que decían de Natalia, eso de su obsesiva y rigurosa forma de trabajo, se notaba a simple vista. Híper activa y comprometida en su nuevo rol, la joven funcionaria, que aún no había logrado hacer el duelo de su padre muerto en agosto del año anterior, estaba al pie del cañón. Firme y consciente de la misión que Adrián Maglia le había asignado.

En una de esos encuentros periodísticos, en off, el coronavirus era parte de la charla informal que se cruzaba en las consultas con la bioquímica. Nunca le esquivó al tema, siempre lo trató con cuidado.

Hasta que un día decretaron la pandemia.

Allí se notó la dimensión ejecutiva y humana de Natalia Annunziata.


Todo se cerró.

El presidente tomó la posta y habló a un país.

Era mediados de marzo de 2020 y la pandemia era una realidad.

Había por delante un mapa que no indicaba cómo llegar. Adónde llegar. Era una ruta jamás transitada por nadie.

Naty tenía una doble responsabilidad. A la misión de apuntalar a su madre enferma y recientemente viuda, se sumaba la tarea que el intendente, su jefe político, le dio. En su función estaba el deber de atender al vecino, y para eso el Municipio destinó esfuerzo y recursos económicos.

- La vida se modificó, como a todos. Llegar a casa, con miedo, no tocar nada, limpiar mercadería, sacarse la ropa, entrar a bañarse. Tenía temor de enfermar a mí mamá, pero no podía dejar de estar en la calle -

En medio de las dudas y la poca información que había por entonces, Natalia transmitía claridad.

Y daba calma.

Por entonces muchos periodistas no sólo iban por la noticia, sino para fortalecerse con la voz serena e inteligente de la muchacha de lente grandes, amplificados con el barbijo que dejaba ver sus ojos saltarines y negros.


En febrero de 2021, cuando ya se proyectaba la vacunación contra el mal que puso patas para arriba a la humanidad toda, el centro cultural Cholo Montironi había sido elegido como vacunatorio.

Hay que detenerse un momento para entender el trascendental hecho. Pocas localidades en la provincia usaron instalaciones del Estado municipal para emprender tremenda faena. Granadero Baigorria fue una de ellas.

- Adrián (Maglia) me dijo que dispusiera de todos los recursos para que vacunemos a toda la comunidad y así fue -

En marzo de 2021 se sabía que en cualquier momento el vacunatorio iba a comenzar en el Cholo. Pero no había una fecha precisa.

- La provincia nos había enviado un freezer, pero no teníamos mucho más. El viernes 5 de marzo nos avisan que empezamos con el vacunatorio el lunes 8. El sábado la Municipalidad compró una heladera para las vacunas que van de 2 a 8 grados. Además hubo que aprender a manejar el software para cargar los datos ese fin de semana, para tener todo preparado para los primeros vecinos -

O sea, que en tres días, también hubo que saber cómo poner las mesas, sillas, acondicionar el inmenso local del Cholo, redoblar la seguridad, asistir con grupos electrógenos extras el edificios por la eventualidad de un corte de luz.

- Nunca Adrián (Maglia) nos retaceó gastos. Él me dijo ‘usá los recursos que hagan falta’ y lo hicimos - remarcó orgullosa.


Fueron tiempos valientes y de coraje sin precedentes. Y allí, en medio de la tempestad estaba ella. Sonriente, desafiante a la calamidad de la época.

Hoy su labor en la Secretaría también la vinculan con Medio Ambiente, y allí está junto a su equipo tratando de llegar a la comunidad para el desarrollo y sustento ambiental de la ciudad.

Cuando hay un operativo sobre la prevención de enfermedades, o cuando se sale a vacunar a las plazas o espacios públicos, contra el covid y la gripe, ella está al frente. Da a entender que ella está con sus vecinos, con sus entrañables compañeros de trabajos, con el otro, siempre.

Natalia Annunziata siempre será la hija de Guillermo y Mirta. Pero su labor la potenció y la convirtió en la dirigente que es.

Hay personas que pasan por esta vida viendo pasar el viento, y ahí se queda. Pero hay otras que enfrentan tormentas, crean soluciones, asisten y colaboran para que el tiempo no sólo pase

Natalia Annunziata es de esos seres que pesan en sus decisiones y pisan fuerte para que el próximo ande seguro.

Cuando arremetía lo peor, ella estaba ahí. Con una sonrisa y una respuesta. Hoy, en el amaine del temporal, sigue allí, con su familia y el amor por la ciudad que su inculcar ese que cada tanto, desde otro plano, le da consejos y le recuerda la senda por donde hay que transitar sin traicionarse.