Lic. Hugo Cravero
Rabanito se levantó temprano de buen humor, como siempre lo hacía, la mañana del lunes 23 de febrero 2009. Tomó unos mates mientras repasaba las noticias con su radio encendida con volumen bajo. Salió de su casa a las 8 de la mañana como era costumbre, para hacer su recorrida diaria.
Jorge Acosta a sus 62 años era albañil y comerciante, pero alternaba su trabajo cuentapropista con la militancia peronista, es por eso que esa mañana salió de su casa de barrio Bon Vivant a visitar amigos, charlar con los vecinos, escuchar a la gente que comúnmente solía consultarlo por problemas cotidianos. Desde ese día no se lo vio más con vida y desde allí comenzó un pedido de justicia que llega hasta hoy.
El cuerpo carbonizado de Rabanito fue hallado la tarde del miércoles 4 de marzo, en el viejo monte de pinos y eucaliptos que había en el extremo noroeste de Baigorria, donde hoy está el loteo Lomas de Alicia, a diez días de búsqueda desesperada de parte sus compañeros de militancia y familiares.
La investigación sobre la muerte de Acosta cayó en una primera instancia al Juzgado de Instrucción n° 13 y luego pasó la causa al n° 14, a cargo de la jueza María Laura Sabatier quien caratuló a la misma como “muerte dudosa”.
Pero, qué hipótesis cruzadas existieron desde un primer momento tras el mortal hallazgo. Quién era para la ciudad ese hombre de baja estatura, verborrágico, de voz aguda y leve canto entrerriano, entrañablemente querido por sus cumpas peronistas y por sus opositores políticos.
Rabanito había nacido en Victoria, Entre Ríos, en el paraje Rincón Doll, el 6 de diciembre de 1946, pero sus padres lo anotaron en el Juzgado de Paz el 29 de diciembre. Desde muy chico se mudó a Baigorria junto a su familia, donde aferró sus afectos y su compromiso social.
Como peronista, Acosta estuvo perseguido por las dictaduras que padeció el país, en especial el último golpe de Estado de 1976. Aunque nunca se quebró, ni ahondó sobre sus problemas durante el mandato de Jorge Rafael Videla, se sabe que Rabanito fue solidario con sus pares que eran buscados por los militares. Esto le puso una marca ante lo peor y una admiración por sus compañeros.
Llegada la democracia Rabanito profundizó su militancia, participó de todo encuentro que pudo, fue consultado para armar espacios, crear básicas, acompañar candidatos. Él no sólo le ponía voluntad a sus participaciones, sino que sumaba conocimientos capacitándose y transmitiendo sus saberes a los más jóvenes, sin más valor que el de seguir construyendo partido para una ciudad mejor.
A mediados de los 90', resistiendo la presidencia de Carlos Menem, Rabanito, junto a otros militantes peronistas, algunos veteranos como él, pero otros jóvenes ansiosos para cambiar la realidad, iniciaron un nuevo espacio político, basado en la doctrina del partido Justicialista que estaba siendo vulnerada por el neoliberalismo gobernante. Ellos fueron los creadores del Instituto de Análisis de la Realidad Argentina (IARA) y de allí surgió la concejalía del abogado Walter Gómez, quien fue edil de la ciudad de 2007 a 2011.
La desaparición y muerte de Rabanito tuvo sus ribetes políticos, pues el espacio que militaba estaba distanciado, por entonces, del oficialismo que conducía el intendente Alejandro Ramos. Esta idea se diluyó, como también la posibilidad de un suicidio a lo bonzo de parte Acosta, arrojándose combustible y prendiéndose fuego así mismo. “Mi papá estaba lleno de vida. Era alegre, a mí papá lo mataron, jamás se hubiera suicidado”, objetó por por aquellos días, al periódico El Urbano, Diana Acosta hija de la víctima, desoyendo la primera línea investigativa que el comisario Raúl Perotti, a cargo de la seccional 24, había comentado a la prensa, y que luego era avalada por Instituto Médico Legal, quien fueron los primeros en manifestar al hecho como “causa indeterminada de muerte”.
La búsqueda de Rabanito fue frenética. Esa misma tarde noche del 23 de febrero, Diana y su madre no pararon de llamar a amigos de Acosta. Era extraño no haya vuelto al mediodía a almorzar, ni a la siesta. Algo no estaba bien y lo sabían. Recién a las 48 horas les tomaron la denuncia, pero la inquietud y preocupación venía en aumento.
Diana y sus compañeros fueron a todos los medios, locales, rosarinos y provinciales. Salían a buscarlo, por las calles de la ciudad y localidades cercanas. La presencia de las redes era incipiente por eso se lo buscaba con lo que se podía. Se hacían colectas para poder enfrentar costos. Se pusieron carteles en columnas y se fue casa por casa.
A las 18:35 del miércoles 4 de marzo un llamado anónimo alertó a la policía local que un cuerpo carbonizado estaba en uno de los senderos del monte de árboles hoy inexistente, donde en la actualidad está la urbanización llamada Doña Alicia. Al llegar los efectivos se encontraron con un perro también calcinado, la bicicleta de Jorge acomodada en un pino, su bolso intacto con unas pertenencias y dinero, un bidón de nafta y Rabanito muerto. No es un dato menor decir que la autopsia dictaminó que Acosta había fallecido el mismo 23 de febrero o la madrugada del 24.
A 14 años la familia y sus compañeros siguen pidiendo justicia, afirmando que a Rabanito lo mataron. En su audición radial Walter Gómez dijo: “La causa quedó catalogada como 'muerte dudosa', pero nosotros sabemos que a Rabanito lo mataron. Sabemos que habrá justicia alguna vez para él y su familia, y condena para los culpables”.
El recuerdo, el pedido de esclarecimiento y el cariño eterno es lo que queda flotando en el aire baigorriense, para un ser que transcendió en la ciudad por su lucha de igualdad y compañerismo.








