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Lunes, 31 Octubre 2022 Noticias de ayer

A 50 años del accidente de trenes en Baigorria que podría haber sido una tragedia mayor

Foto gentileza Amigos del Riel Foto gentileza Amigos del Riel

El expreso rápido El Santafesino chocó de lleno con un carguero detenido en la estación de la ciudad la madrugada del sábado 17 de junio de 1972. El siniestro marcó a fuego al poblado de algo más de 10 mil habitantes. Crónica de los hechos de un recuerdo que aún flota en los vecinos que vivieron aquella jornada

Nota de tapa de la edición 260 de El Urbano

Por El Licenciado Hugo Cravero

La madrugada era apacible y quieta.

El aire bajaba liviano con anuncios de heladas y escarchas matinales, para el último sábado del otoño de 1972.
Carlos Monzón había peleado la noche anterior en un salvaje match contra el francés Jean Claude Bouttier, a quien le ganó por abandono en el décimo tercer round, luego de haber caído en el sexto asalto. No había argentino que no haya temido por la derrota del gran campeón en ese momento, y en el pueblo lindero hacia el norte de Rosario, ése iba hacer el tema de conversación exclusivo la mañana siguiente.

Pero no.

El ruido estremecedor de hierros ferozmente golpeándose entre sí, la bocina alocada de la locomotora anunciando lo peor, la frenada aguda e impotente, despertó a gran parte del casco histórico del viejo Paganini.

A las 4:40 de la mañana del 17 de junio, en la gélida nocturna jornada, el expreso rápido El Santafesino impactó de lleno contra una formación de carga detenida en la vía auxiliar en la estación de trenes de Granadero Baigorria.

Cuatrocientos pasajeros vivieron el horror de cerca. A causa del accidente dos trabajadores ferroviarios fallecieron y tres personas sufrieron heridas.


El tren 27, llamado también El Santafesino, hacía su recorrido Capital Federal – Santa Fe Capital como cada viernes. El 16 de junio de 1972 entre las 22 y 23 horas el expreso iniciaba su servicio desde la estación Retiro.

Los medios gráficos al momento de escribir la noticia afirmaron que la formación estaba compuesta por una locomotora diésel, un furgón de estafetas postales, dos coches de equipaje, dos de primera clase, dos pullman y dos de clase única.

El viaje del Santafesino no tuvo mayores incidentes. La primera, de las dos paradas, había sido en San Nicolás de los Arroyos a horario. Lo mismo ocurriría en Rosario cuando a las 3:40 el tren de pasajeros llegaba sin atraso a la estación Rosario Norte.
La puntualidad hizo que la tragedia no haya sido una catástrofe mayor.


Llegar a Rosario no era solamente una parada de bajada y subida de nuevos pasajeros. Era de renovación de locomotora también. Este rearmando del tren se hacía desenganchando la diésel de la punta y al final de la formación colocar una nueva máquina.

Este mecanismo no siempre se cumplía por el poco tiempo que había entre la llegada y la partida del convoy, pero al llegar a horario El Santafesino modificó la ubicación de atrás para delante, en sentido contrario como había salido desde Retiro.

Según el diario La Capital del domingo 18 de junio de 1972, la continuidad del recorrido, desde Rosario a Santa Fe, tuvo la siguiente formación: Detrás de la máquina propulsora iban el furgón de estafetas, los dos coches de equipaje y recién luego los seis vagones con pasajeros.


El Santafesino retomó destino saliendo de Rosario Norte a las 4 de la madrugada. José Cimino y Alfredo Arias eran los conductores, dos avezados maquinistas del Ferrocarril Argentino.

Medios gráficos de la época, consultados para esta crónica, afirmaron que El Santafesino avanzó con la señal de paso libre al ingresar, por las vías del Ferrocarril General Mitre, al distrito Granadero Baigorria.

Pero al llegar al andén la locomotora, que iba a 70 kilómetros por horas, tomó por la vía auxiliar, y a pesar los intentos de frenado de los motorman la formación dio de lleno contra un tren carguero estacionado con quince vagones, muchos de ellos con sal. Según Los Amigos del Riel el tren de carga se lo denominaba como Condicional 7351.

El cronista del decano de la prensa argentina fue gráfico al describir que la locomotora desapareció bajo los restos del vagón de cola del carguero detenido. El amasijo de metales, las chatas saleras descarriladas, cientos de maletas, bolsos y sacos de cartas esparcidos en el campo helado de junio, más las sombras longilíneas de los eucaliptus, se mezclaban con los gritos y los llantos de los cuatrocientos pasajeros y los trabajadores ferroviarios.

El impacto fue de tal magnitud que El Santafesino arrastró por casi cien metros al carguero, deteniendo su andar a la altura del cruce de vías de pasaje Obligado.


La nueva formación del tren rápido en Rosario Norte hizo que la tragedia no sea mayor. Los tres vagones detrás de la locomotora, el de estafetas y los dos de equipajes, hicieron de colchón para que el pasaje humano no fuera impactado directamente.

A pesar de esto, un estafetero, que venía como custodio en El Santafesino, y un trabajador ferroviario que estaba en el furgón de cola del carguero, fallecieron en el acto a causa del fuerte choque. La Capital también sumó tres heridos leves, dos ellos también empleados que venían en el vagón postal y una pasajera.

Era obvio que el carguero, con vagones y chatas saleras, había sido movido a la vía auxiliar con antelación para que El Santafesino pudiera pasar sin problemas, pero el cruce vial no volvió al cauce de la traza principal y esto hizo que la formación de pasajeros tomase por el carril ocupado por el convoy detenido.

Ahora bien. Quién o quiénes fueron los responsables de no volver las vías a la normalidad.
Desde un comienzo hubo dos hipótesis sobre las causas del accidente. Según la prensa uno de los motivos pudo ser fue la falla del mecanismo del cambio de vías, vetusto y oxidado. La otra fue la del error humano, el descuido del personal de la estación baigorriense, a cargo de dos trabajadores, a quienes se los denominaban también como cambistas. Uno de ellos era un hombre residente en Villa Gobernador Gálvez y el otro un vecino de la ciudad que vivía en barrio Centro por calle Moreno al 200.
Sea como sea, ambos fueron detenidos y llevados a la vieja Comisaría 32°.

A día de hoy nadie sabe a ciencia cierta cuál fue la causa del siniestro.


El temor de los grandes accidentes ferroviarios flotaba en el aire. Ese mismo viernes previo a los acontecimientos vividos en Granadero Baigorria, a 80 kilómetros de París, en la localidad de Soissons, un tren con 500 pasajeros había causado una tragedia de proporciones. El diario El Litoral de Santa Fe reportaba la muerte de 100 personas.

En Argentina la peor tragedia férrea se había dado dos años antes de los sucesos ocurridos en la ciudad. El 1° de febrero de 1970, a 36 kilómetros de Benavidez, Buenos Aires, dos trenes chocaron luego que un convoy con 300 pasajeros, que hacía el tramo Retiro – Zárate, tras de un desperfecto mecánico quedara detenido en medio de la nada. El Estrella del Norte que venía a toda velocidad con 1090 pasajeros, sin saber que las vías estaban ocupadas, impactó violentamente con la formación quieta.
236 personas murieron y cientos de heridos fue el saldo del tremendo accidente.

Ese amanecer en Granadero Baigorria de ese 17 de junio de 1972 fue lento y terrorífico. Las luces de la primera mañana despejaron aún más el paisaje desolador.

Durante todo el día, hasta llegada la tarde del sábado 17, desde el presidente comunal de la ciudad, José Monti, personal policial y del Ferrocarril Mitre estuvieron palmo a palmo para poder limpiar las vías y continuar la vida como sea.

Pocos, quizás nadie, supieron que esa misma madrugada, cuando se vivía los últimos resquemores de la pelea de Monzón contra el francés de dientes prominentes, en Estados Unidos eran detenidos cincos hombres que intentaron extraer y robar documentos de la sede del Comité Nacional Demócrata en el complejo de Watergate en Washington. Quién pudo saber que cuando El Santafesino llegaba a Baigorria a toda velocidad, se iniciaba el principio del fin del gobierno del presidente Richard Nixon, luego que desde el Washington Post, dos jóvenes periodistas, Carl Bernstein y Bob Woodwardn realizaran la investigación periodística lo hiciera renunciar.

Esa noche, enterrada en el frío y la muerte, el miedo se apoderó de miles. Fue una noche cualquiera, que tuvo su peso específico según donde le tocó a cada uno estar.

La estación de trenes de Granadero Baigorria, ese mojón que fuera el comienzo del ignoto pueblo Paganini, avanzó en su misión de tránsito, destino y continuidad.
La ciudad siguió su vida.
Pero algo cambió luego de esa noche detenida, en ese punto del planeta tan cercano a todos y lejano a tantos.