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Domingo, 29 Mayo 2022 Ni una menos

Quién era Nora Escobar

El femicidio de la mujer de barrio Martín Fierro, Granadero Baigorria, estremeció a la sociedad . Crónica de los hechos que busca saber más de la víctima. Su vida, sus sueños inconclusos, sus metas

Primera foto: Ella y Aarón

Nora mira a Aarón con admiración, fascinada por su respuesta.
Lo sostiene, pequeño e indefenso, con su brazo izquierdo. Con una sonrisa mutua se contestan con un amor que viene desde otros tiempos.
Es uno de sus tres nietos, hijo de su única hija, Karen. Los otros dos niños que completan la lista de su familia son Nemías y Samuel.
La criatura la observa. Contempla sus cabellos finos y rubios, su cara alargada y delgada, sus ojos marrones intensamente tristes.
Hay una complicidad detenida en un instante, en una micronésima fracción de segundo. Una historia que quedó trunca.
En aquella tarde, cuando con Karen se contaban sueños y desdichas, Nora jamás pensó cómo sería su fatal destino.
Cómo su crimen movilizaría a una ciudad al grito de: “Ni una menos”.

Pesar el dolor y definir el futuro

La relación entre Nora y Gregorio era un calvario. Lo dicen los relatos de los vecinos de barrio Martín Fierro, Granadero Baigorria, Santa Fe.
Aunque vivían en pareja desde hace 6 años, en 2019 se casaron en el Registro Civil de la ciudad.
Tal vez la mujer creyó que aquella decisión aplacaría al violento. Pero no, el femicida sometía a Nora a golpizas y destratos. Las peleas, los celos de su asesino, llevaron en varias ocasiones a la separación de ambos.
Ese 22 de abril, el día de su muerte, Nora buscó casas y departamentos para alquilar. Así lo afirmaron los peritos que investigaron su actividad en las redes sociales e internet. Ella había definido la situación, había pesado los tormentos y el poco futuro que existía allí.
Iba a dejar al agresor. Intentaría rearmar sus cosas, sus contactos, sus querencias.
Y vivir. Sin miedos.

Ese era su horizonte. Sus últimos WhatsApp lo confirman. Tenía todo preparado para participar el domingo 24 del Maratón de 15 kilómetros en Puerto Norte, en Rosario. Había cruzado mensajes con su entrenador donde le manifestaba su entusiasmo por el reciente desafío.
Correr era su nueva pasión y se preparaba con la meticulosa capacidad que la describía en cuerpo y alma.
Nunca se sabrá, quizás Ramón Gregorio Brítez si lo sepa, pero tal vez minutos antes de la fatal discusión, Nora seguiría en esa misión eterna de la felicidad y la libertad.

Segunda foto: Quién era Nora Laura Escobar

Ella está feliz.
Lo dicen sus gestos.
Su risa tímida y orgullosa por haber cumplido con la meta. Había terminado un nuevo maratón y llegar al final de una carrera era parte de sus logros personales que más ambicionaba.
Ese pulgar arriba resume sus deseos que viene desde niña, cuando quería ser deportista.
De chica soñó ser maratonista. Ella que sólo sabía de distinguidos en la escuela, allá en su ciudad natal de Morón, provincia de Buenos Aires, ya se veía disputando encuentros de running, desafiandose en cada reto.
- Mi mamá era sobresaliente en todo. Sus libretas eran todo diez - cuenta Karen.
Sus padres eran exigentes con ella. La escuela era la prioridad, así que eso de correr maratones y de prácticas deportivas no eran aprobados en su familia.
Aplicada al máximo Nora vino a vivir al Gran Rosario y fue mamá de su única hija, Karen.
- Ella era mí mejor amiga. Nos contábamos todo, era mí confidente - dice la muchacha de unos veintitantos que apenas supo que su madre no estaba yendo a trabajar inició una búsqueda que arrojó el trágico final.
Aún sin estar distanciadas, Nora y su hija hacía tiempo que no se mensajeaban y tampoco se visitaban. Por eso Karen se enteró de la falta a los trabajos de Nora dos semanas después de la extraña actitud de la mujer que no faltaba a ningún compromiso.
- Mí mamá trabajaba en casas de familias en las labores domésticas. Tenía tres empleos en blanco -
En sus trabajos era admirable. Por su eficacia y por no faltar jamás. Esto fue lo que alarmó a los empleadores de Nora y uno de ellos se contactó con Karen para consultar sobre los motivos de la ausencia laboral de la madre.
- Al enterarme fui a la casa de mí mamá y el asesino me dijo que hacía tres meses que se había ido y que no sabía dónde se había mudado. Él me mintió -
La denuncia se hizo el 5 de mayo en la Comisaría 24ª y el viernes 6 se realizó el primer allanamiento en la vivienda de ambos de Liniers 1781, de barrio Martín Fierro.
En esa ocasión los policías entrevistaron a Brítez, y éste volvió a repetir el alejamiento de Nora del hogar desde hacía tres meses, de su separación de hecho desde octubre del año pasado. El mismo Brítez confesaría a los agentes de los problemas con su esposa y les afirmó que esta era la novena vez de se separaban.
Asimismo los uniformados notificaron la presencia en el patio de la casa de una vereda recientemente elaborada en formato de “L”. El femicida argumentó que había construido la losa con cemento y materiales que tenía de sobra para completar el piso del terreno trasero.
En el procedimiento habían actuado perros de la agrupación Bomberos Voluntarios, pero el grosor del concreto imposibilitó a los canes olfatear con precisión y encontrar el cuerpo.

La búsqueda de Nora

El fin de semana del 7 y 8 de mayo la investigación sobre la desaparición de Nora se intensificó. Su cara comenzó a navegar en las redes sociales, y los movimientos de género locales y la Subsecretaría de Género y Diversidad municipal se sumaron a la causa.
Para el lunes 9 la ciudad estaba abocada a saber qué había pasado con Nora. Dónde estaba esa mujer delgada y ropa deportiva que hacía casi 20 días no aparecía por ningún lado.
Ese mismo lunes se convocó a una marcha pidiendo por Nora, y el martes 10 a la mañana un grupo nutrido de baigorrienses, amigos y familiares de la mujer, se reunieron en el Centro de Justicia Penal de Rosario para exigir la aceleración de las averiguaciones.
Ese martes la causa cambió de la Oficina de Paraderos a la Fiscalía de Homicidios Dolosos a cargo de Marisol Fabbro. La fiscala pidió la autorización de un segundo allanamiento más exhaustivo en el hogar, y la jueza Silvia Castelli lo autorizó.
A la tarde del 10 de mayo, la Agencia de investigación Criminal (AIC) volvió a la vivienda otra vez con los perros de los Bomberos Zapadores. El lugar estaba cerrado con candado y todo indicaba que Brítez había huído.
Esta vez se realizó la prueba de Luminol, un reactivo químico que permite detectar la presencia de sangre en espacio por más que hayan sido limpiado previamente, y se procedió a la rotura de la vereda en “L”.
Además de encontrar sangre en varios ambientes de la casa, el cadáver de Nora Laura Escobar fue hallado debajo de la losa.

El femicidio

La muerte de Nora se calcula que fue pasadas las 22 horas del viernes 22 de abril. Su última actividad en las redes sociales fue a las 22:12.
Según la Fiscalía, Gregorio Brítez tomó una cuchilla de unos cinco centímetros de ancho y le asestó unas 17 puñaladas. Cinco o seis de estas fueron por la espalda, dejando a la mujer indefensa. Nora cayó herida de muerte porque los puntazos le atravesaron el corazón y un pulmón.
Luego el asesino cavó una fosa para arrojar el cuerpo y a posteriori hizo una losa de concreto a lo largo de cadáver, de unos dos metros por 60 centímetro y otra similar en forma vertical, como respaldo y cimiento, para evitar cualquier filtraciones a la superficie .
Brítez tuvo un cómplice para realizar este atroz hecho. Alberto Alejandro Lipari, de barrio La Cerámica de Rosario, amigo de toda la vida del criminal, lo ayudó para sacar las prendas con manchas de sangre de la escena del crimen en un viejo Renault 6, vehículo visto por los vecinos los días posteriores del asesinato en la casa de Liniers 1781. A su vez colaboró en la confección del pozo y del piso de material donde fue sepultada Nora.
Lipari también le había prestado 5 mil pesos y una valija para que el 9 de mayo Brítez huyera a la provincia de Misiones, donde el asesino tiene familiares, para luego cruzar a la república del Paraguay.
El miércoles 11, a las 16 horas, en el cruce entre Misiones y Paraguay, Brítez fue detenido por Gendarmería Nacional. Veinticuatro horas después Gregorio era trasladado a Rosario para ser imputado por el crimen de su esposa.
El viernes 13 el juez Hernán Potsma dictó la prisión preventiva a ambos hombres por el plazo de la ley hasta que se desarrolle el juicio correspondiente. A Brítez se lo acusó de asesinar y luego enterrar a Nora Escobar en la vivienda que habían compartido juntos. Por su parte, Lipari quedó imputado por encubrimiento agravado.
La carátula del caso fue catalogada como: Homicidio doblemente calificado por vínculo y violencia de género.

El flagelo de Nora

Las peleas entre Nora y Gregorio eran de popular conocimiento en el barrio. Vecinos del matrimonio lo afirmaron a cuanto periodista rosarino, o porteño, se lo preguntaran en los días siguientes del femicidio que conmovió a toda la comunidad.
“Se escuchaban gritos y golpes muy seguido en la casa”, dijeron en la barriada del centro oeste de la ciudad. En una de las palizas Brítez le había roto el tabique nasal a Nora.
Cuando Karen activó la búsqueda de su madre, fueron los vecinos los que la alertaron de la dramática pelea fatal. Un mensaje de WhatsApp le dio una pista a la joven de lo que podría haber pasado.
“¿Hola como éstas? ¿Vos sos la hija de Nora? Nosotros somos vecinos de ella y Gregorio. Hasta hace dos semanas se escuchaban gritos, ruidos de vidrios y después supimos que se mudó Nora. Sé que estuvieron edificando en su casa. Es raro, el perro de ella no está más tampoco.”, decía el mensaje.
La misma Karen otorgó las claves de las redes sociales de Nora, lo que situó su celular en la vivienda de Liniers al 1700 la noche del femicidio.
Todas las pruebas apuntaban a Gregorio Brítez, dejando sin coartada al asesino.

Nora, Karen, Aarón, Samuel, Nemías y Kira

- Ella se fue alejando de nosotros a causa de ese monstruo. Nunca nos peleamos pero hacía un año y medio que no teníamos un diálogo fluido - confesó Karen a El Urbano Digital.
De allí la llegada de Kira a la vida de Nora. La perra, inseparable a su dueña, también no era encontrada y hasta hubo un rumor de que el cuerpo de la mujer yacía junto a la mascota.
Kira fue encontrada y devuelta a Karen, y a sus tres hijos, una semana después del hallazgo fúnebre.
Una revancha del alma. Una pequeña caricia ante tremendo golpe.

Nora iba a cumplir 44 años el 8 de mayo. En plena búsqueda desesperada, preludio del peor final, Karen se detuvo y dijo al aire: “Feliz cumple, mamá”.
Ella hoy la nombra en silencio y se nombra asimismo. Porque sabe que por estos lugares comunes navega su madre, con su tenue soledad, en los rincones de un tiempo que no murió, ni morirá
La hija de la última víctima de un femicida en Baigorria conoce que su mamá le dará fuerza para seguir.
Sabe que el amor nunca se olvida.
Se afirma en sus creencias, porque Nora respira en su piel, por esos tatuajes que cómplices se hicieron en sus brazos cuando el futuro era otro y el mañana daba un respiro. Cuando mamá era algo más que una simple madre.

Nora debe ser recordada siempre para no dejar impune su crimen. Y desde ella, seguir construyendo Justicia para todas las mujeres masacradas por el patriarcado.

Nota de tapa del periódico El Urbano

Escrita por el licenciado Hugo Cravero