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Martes, 22 Marzo 2022 A 46 años del golpe de Estado

La Masacre de calle Las Verbenas y 9 de julio

En una noche fatídica de junio de 1977, nueve militantes del ERP fueron fusilados en el barrio San Fernando. La historia estuvo oculta, pero el reclamo popular y la memoria colectiva no pudieron con la amnesia. En este informe, quiénes fueron los compañeros ultimados y quiénes sus asesinos, y la restitución de los restos de Irma Montenegro, una de las víctimas

Escrita por el licenciado Hugo Cravero

La noche entre el 22 y 23 de junio de 1977 en barrio San Fernando no fue tranquila, como acostumbraban ser en el vecindario obrero de la ciudad del Cordón Industrial. En la oscura y fría jornada, en la intersección de Las Verbenas y 9 de julio de Granadero Baigorria, los asesinos que integraban la patota de “La Calamita” iban a llevar adelante uno de los actos más atroces y cobardes realizados en la dictadura. Nueve militantes del PRT-ERP (Partido Revolucionario de los Trabajadores - Ejército Revolucionario del Pueblo) fueron fusilados, tras el montaje de un supuesto enfrentamiento.

Los medios de comunicación, cómplices del terrorismo de Estado, reflejaron la mentira servilmente. “En un enfrentamiento abatieron en Rosario a nueve extremistas”, titulaba con letra de molde Clarín, no muy lejano a lo que en la actualidad el grupo mediático realiza en su nefasto pseudoperiodismo. La Capital, el decano de prensa Argentina, también era partícipe silente. El diario de la familia Lagos por entonces, hoy del Grupo Televisión Litoral, decía: “En un procedimiento mueren 9 extremistas”. El texto de la falsa información era casi similar en ambos medios, pues sólo reprodujeron el parte periodístico del Segundo Cuerpo de Ejército que le daba forma a la matanza.

La Masacre se llevó a cabo luego que los militantes fueran secuestrados y torturados en el centro clandestino de detención La Calamita, de Eva Perón 1530 (ex calle Córdoba) de Baigorria. Durante años el relato nadó en una nebulosa, pues no había datos fehacientes. Se sabía que no había sido como los asesinos decían y los diarios reproducían, pero los responsables y los detalles fueron brindados en el 2009 cuando el represor arrepentido Eduardo "Tucu" Costanzo pidió ampliar su declaración indagatoria en la causa por crímenes de lesa humanidad denominada Guerrieri I.

Costanzo declaró: “El simulacro fue protagonizado por tres de sus compañeros en el banquillo de acusados: Juan Daniel Amelong, Jorge Fariña y Oscar Pascual Guerrieri, quienes montaron la farsa”.
En el juicio oral el “Tucu”, que perteneció al grupo de verdugos, comentó que en la funesta noche “estuvieron los integrantes de la patota de La Calamita, desde donde los llevaron a esa casa (de las Verbenas y 9 de julio) a los militantes políticos. Los que participaron fueron Juan Carlos Bossi, Alberto Pelliza, Amelong, Fariña, Rodolfo Isach, que quemó un Falcon viejo en la puerta de la casa para darle más espectacularidad del operativo, y también Pascual Guerrieri, que estaba con un megáfono en la calle pidiéndoles que se rindieran, pero era sólo un simulacro. Amelong estaba adentro con los detenidos mientras se escuchaban disparos desde el interior".

“Todo fue una matanza dentro de la casa con los detenidos, entre los que estaba el doctor Corazza", agregó en su relato el represor. Según recordó Costanzo, el grupo estaba formado por militantes del ERP al que había detenido Jorge Walter Pérez Blanco en la zona sur de Rosario días antes.

Seis de los nueve fusilados fueron reconocidos por los mismos sicarios, pues también habían incluido sus nombres en el parte que luego los diarios transcribieron. Ellos fueron: Eduardo Luis Franco, Domingo Laborde, Hilda Helena Merkel Rivas, Alberto “Beto” Corazza y Jorge Alberto Madeo e Irma Montenegro. Los otros militantes siguen desaparecidos y sin identidad. Todos los muertos de aquella lúgubre noche pertenecían a la cúpula del ERP regional Rosario.


Irma Montenegro, “La Negra Celia”


Los restos de la asesinada Irma Montenegro fueron identificados y restituidos a sus familiares en un acto realizado el jueves 10 de julio de 2014 en el cementerio de Puerto San Martín donde fueron finalmente inhumados. La mujer, oriunda de San Lorenzo, que era estudiante de psicología y responsable política del ERP – PRT de Rosario, fue la primera de las detenidas del grupo de los militantes fusilados en el malogrado simulacro. La Negra Celia, como era llamada en la organización marxista, fue capturada por Gustavo Bueno y Pérez Blanco.

La restitución de Irma se logró por un trabajo en conjunto con su hijo Gabriel, el fiscal Gonzalo Stara, que trabaja en los juicios de lesa humanidad en la zona y el Espacio por la Verdad y la Justicia de San Lorenzo. Gabriel quedó bajo el cuidado del hermano de Irma y la esposa de éste, quienes lo criaron como propio, ocultándole su identidad para protegerlo, según su tío.
A los 20 años, Gabriel supo la verdad por casualidad: "Buscando ropa en un cajón encontré una partida de nacimiento a mi nombre donde aparecían Irma y Angel como mis padres. Empecé a preguntar y nadie me decía nada, hasta que finalmente me contaron", relató hace unos años en un medio de la región. "Empecé a interesarme en la vida de quien fue mi madre, en averiguar datos", agregó.

Gabriel supo que había sido asesinada en la madrugada del 23 de junio de 1977. Aquel día fue avisada del hecho su abuela materna, quien debió presentarse en un frigorífico del Gran Rosario para reconocer los restos de su hija, quien había sido brutalmente acribillada. El cuerpo de Irma fue entregado a la familia, pero en un féretro sellado. "Mi abuela fue obligada a velar a cajón cerrado y nunca supo fehacientemente si eran o no sus restos", explicó Gabriel.

Además, indagó sobre Ángel, su padre biológico. "A él lo conocí cuando tenía 25 años, tras haber descubierto la verdad. Me contó que había estado preso y exiliado. En 1977 trabajaba en Acindar, lo detuvieron y lo llevaron a México y luego a Suiza. Estuve en contacto con él hasta su muerte y hoy tengo lazos con sus hijos. Me dijo que muchas veces trató de acercarse a mí, pero mi tío se lo impidió".

"Mi tío dejó de pagar el nicho y (los restos de Irma) pasaron a tierra. Eso complicó las cosas", comentó Gabriel. A partir de la investigación de la ex fiscal Mabel Colalongo —luego reemplazada por Gabriel Stara en la Causa Manuel Casado— el Equipo Argentino de Antropología forense la exhumó y las muestras obtenidas fueron cotejadas con el ADN del hijo de la víctima y con el que su tío había dejado en el Banco Nacional de Datos Genéticos.

Los resultados no dejaron dudas, eran los restos de Irma y Gabriel es su hijo biológico. "La primera sensación es extraña, de alivio por pensar que aquel velatorio que hizo mi abuela era efectivamente de su hija y de hallar a quien realmente fue mi madre", remató.