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Martes, 23 Noviembre 2021 Publicada en El Urbano de noviembre

Un grupo de baigorrienses hace 40 años juegan a la pelota paleta en el playón del hospital

Pelotaris a comienzo del milenio, en el playón del hospital Pelotaris a comienzo del milenio, en el playón del hospital

Debido a la construcción del Complejo Paganini, los pelotaris están buscando otro sitio para seguir practicando la disciplina

Escrita por el licenciado Hugo Cravero

Los muchachos, que ya eran unos muchachones, se juntaban a pelotear en plena calle.
Cruzaban una cuerda de vereda a vereda, que ataban en árboles testigos, y comenzaban su encuentros deportivos.
Era el ritual. Esos mismos solían encontrarse para jugar al fútbol, pero la pelota paleta era otra cosa. Había que comprarse la raqueta o hacerla de manera artesanal. Había que conseguir las pelotitas de tenis. Había que hacerse de la cuerda, para que haga de red.
Las disputas eran en territorios amigos. Mejor dicho en las calles de barrio Centro.
Eran otros tiempos. Eran los inicios de los 80’.
El tránsito en las siestas sabatinas era casi nulo y los deportistas se alistaban para la competencia, siempre en pareja.
Por lo menos había dos partidas, por entonces, que se practicaban los fines de semana en el barrio. Una por calle Arenales y otra por Pueyrredón.
- En un comienzo no había mayores inconvenientes, pero luego cuando comenzó a haber más autos en el barrio la cosa se empezó a complicar - dijo uno de los pelotaris consultado.
El crecimiento del parque automotor hizo mudar a los amigos a lugares más cómodos y seguros.
Así fue que los participantes de la pelota paleta se empezaron a reunir en el playón del hospital Eva Perón, donde otro grupo ya venía jugando desde hace tiempo, estos ya con una red de verdad y en un espacio sin distracciones externas.


Más que pelota paleta los muchachos de barrio Centro y, luego, en el playón del hospital, jugaban algo parecido a un tenis criollo. Pero la cosa va por ahí.
La historia de la pelota paleta, o pelota vasca, tiene origen en Argentina en tiempos coloniales. Desde 1776, cuando se conformaba el virreinato del Río de la Plata, existe documentación del juego en la colonia del sur de América.
Vascos llegados a estas pampas trajeron la disciplina, y poco a poco la fueron argentinizando.
A la raqueta de hueso de vaca la fueron reemplazando por una de madera. Y a la pelota de cuero por una goma.
De aquella pelota paleta a las prácticas de tenis autóctono, se sumó la particularidad baigorriense. Dato no menor de ésta crónica.
Porque a las tardes de sábados o feriados, se acompañaron los asados, las amistades perdurables y eternas, las anécdotas increíbles vividas.
Por casi 40 años por ese espacio de cemento, detrás del Eva Perón, entre la morgue, el chalet de odontología y la seda actual del 107, decenas de hombres, algunos más jóvenes, y unos cuantos veteranos, se encontraban para jugar y algo más. Un cable a tierra. Una excusa para ser felices.

- Por el playón jugaron por lo menos casi cien baigorrienses - dice otro de los partícipes. Y no le erra.
Desde el ex intendente Miguel Ansoleaga, Enrique Scoponi, ex presidente de la cooperadora del hospital Eva Perón, periodistas locales, personas de renombre, comerciantes y vecinos pasaron por allí.
- Personas que quizás estaban enfrentadas por algún problema específico no tenían drama de hacer pareja para un partido - comentan.
Los encuentros siempre fueron en un plano de camaradería y amistad.
Todo un sello propio de Baigorria.

La construcción del Complejo Paganini, o mejor dicho Predio Eva Perón, trae avances y la reutilización de espacios ociosos para la ciudad.
Pero a los pelotaris los deja sin cancha. Sin espacio para poder seguir jugando a ese tenis criollo y baigorriense.
- Los de la obra ya nos dijeron que tenemos que ir. No queda otra - manifestaron.
Algunos de los originales muchachones, más los nuevos que se sumaron a través de los años, no quieren que esos momentos desaparezcan.
- Ya estamos en búsqueda de otros playones, de otros lugares, para no perder esta tradición - agregaron.
40 años después, los muchachos de entonces quieren seguir jugando y encontrándose. Un escape único, necesario y baigorriense.