Antonella está sentada en el medio de la vieja estación de trenes, que hace de centro cultural.
Es una más del auditorio, cargado de jóvenes que como ella vinieron a la presentación del libro del periodista que escribe ésta crónica.
Es jueves 29 de noviembre de 2012. La excusa siempre es válida porque en ese encuentro lo que menos se hablará es del material a presentar, sino de política. Y mucho.
Son años efervescentes, de debates cruzados, de la Ley de Medios y el conflicto Gobierno - Campo. Del resurgir de las luchas colectivas. De Fidel, Hugo, Evo, Lula, de Néstor y Cristina. De hermosos pibes politizados.
Anto era ella y sus lentes redondos. Su rostro adolescente, su pequeña altura y su voz con una dulce cadencia que culmina en graves tenues y armónicos.
Temerosa y con respeto se acercó a la mesa donde estaban los disertantes, entre ellos el periodista rosarino Leo Ricciardino, y dejó una adhesión del Movimiento Evita. Ese mismo espacio que con coherencia intacta sigue militando con pasión y compromiso en pleno 2021.
Una década después Antonella García sonríe desde una cuidado cartel publicitario. Sus gafas gigantes le cubren su cara aun redonda, pero ya con rasgos claros de mujer. Ya no es más esa casi niña tímida, todo lo contrario.
Pero cómo llegó allí.
Cómo Anto hizo hocicar a tirios y troyanos el pasado 12 de septiembre en las PASO.
Cómo esa militante social, construida como persona y cuadro político al clamor de las ollas populares, la asistencia inquebrantable en los barrios olvidados en el oeste perdido de una ciudad que no mira hacia al occidente, en audiciones radiales con voces silenciadas desde los tiempos de los tiempos, en los comedores, merenderos, copas de leches que sólo algunos tienen en cuenta en elecciones, triunfó por 27 votos al candidato del oficialismo.
Cómo se puede ganar desde el amor inexorable por el otro, sin mediar odios y ventajas infames.
Camino Muerto sigue siendo mala palabra en aquellos que ni tienen puta idea de lo qué es vivir sin agua potable, tapados de basura, barro y la incertidumbre de no saber si hay un mañana en los que lo habitan.
Ahí se divisa a la petisa de amplios anteojos. En ese lugar lleno de precariedades la muchacha, que tiene un aire más propicio a una intelectual universitaria, hunde su militancia.
En las casillas humildes, Antonella organiza con sus compañeros. Lidera pero no invade. La barriada la respeta, la admira, le quiere. Es una compañera más que no viene con recetas mágicas.
Con lluvias, con el sol diáfano del verano implacable, en las heladas que pega más fuerte cuando el piso de la habitación es de tierra, siempre está, sonriente y solidaria. Justa y voluntaria. Al frente de todos, sin mercaderes de la pobreza eterna.
Allí Antonella construyó su victoria electoral, sin saberlo, ni proponérselo.
En 2017 participó en la fórmula que buscó a la reelección de Ana Paula Milo. Desde el Movimiento Evita y la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular) se sumó a la propuesta de Cristina Fernández de Kirchner de crear Unidad Ciudadana.
Ahí acompañó a la referente de Alejandro Ramos. Aunque Milo quedó a unos votos de la renovación de su banca, esa elección la marcó a fuego. Junto a otros compañeros siguió en la construcción de una alternativa política para la ciudad.
En el año 19’ fue la segunda de la lista de Unidad Ciudadana, acompañando a Mauro Ferrero D’atri para la concejalía y a Daniel Cousello para la intendencia.
En esa campaña el ramismo decidió no participar, por esa extraña composición que es el espacio del ex intendente donde los intereses políticos tiene un difuso umbral entre los negocios y los cargos.
En ese año se consiguió llevar al Concejo al camporista Ferrero D’atri, pero había comenzado algo que parece no tener fin. Una renovada forma de hacer política que es necesaria en la ciudad.
La CTEP convocó a los vecinos en Vigil y la ruta. En el espacio verde y amplio, enfrente del Hogar Escuela, los camiones sanitarios del Movimiento Evita atenderán en dos días a centenas de baigorrienses en agosto pasado.
Oftalmología, clínica, odontología. Urgencias que se delatan en la falta del Estado.
Una vez más es Antonella la que encabeza la jornada. Todo ronda en ella.
Con esa extraña mística tiene tiempo para atender a la prensa, dar instrucciones desde mínimas a máximas, estar a disposición de cualquier consulta.
Organizar y seguir organizando.
Para que el cambio sea efectivo, y no otro fracaso social e histórico en la ciudad, hay que proteger a Antonella. Y los que como ella saben que el destino es grupal.
Jamás en soledad.
Pero las alarmas sonaron. Más allá de la alegría de propios, también festejaron la pírrica victoria aquellos que se hicieron millonarios tras su paso por el Municipio local. Esos que continúan reforzando cuentas bancarias y cuevas fiscales a costa de cualquier Estado, nacional, provincial, municipal, comunal, lo permita.
Como afirmaba Antonio Gramsci: "Decir la verdad es siempre revolucionario".
No habrá que dejarla sola, porque la traición y la vuelta de los negocios está cerca. Si eso pasara Granadero Baigorria daría varios pasos para atrás, y quizás nunca pueda desarrollarse en una sociedad entre iguales.
Pero si se puede dejar de lado a los perversos de la política.
Si se puede utilizar estructuras y recursos para llegar, y después ningunearlos, la ciudad será otra.
De una vez y por todas
Se viene un aire nuevo. Una chance para los de abajo, los eternos olvidados.
Un viento a favor que hace falta. Uno de los nuestros. Uno que parecía no llegar nunca.
Habrá que estar despierto, sumar a otros, ser generosos y abrir ventanas.






