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Lunes, 23 Noviembre 2015

Breve líneas después del balotaje… entre la tristeza y la alegría

Opinión Hugo Cravero

 

Empiezo éstas palabras advirtiendo que no se puede caer en la tristeza.
Eso no.
Jamás.
Ya lloramos y puteamos anoche.
Pero ahora hay que levantar la cabeza, erguirse, mirar hacia el horizonte, secar las lágrimas y sonreír… cagarse un rato de risa, buscando un momento feliz, aunque sea recordar un capítulo de Capusotto, tal vez ese scketch donde Diego hace del doble de “Bratt Pit” y promete “Pito para todas”, pero que no puede ahora porque tiene una ferretería y está atareado con su belleza y su labor empresarial…
No sé cómo, pero hay que hacerlo. Es nuestro deber desde ahora… afrontar la militancia con la alegría necesaria para que no nos ganen nunca más.
Hay que contener a esa marea de pibas y pibes que militan desde hace unos años y sólo saben de triunfos. Hay que contarles una vez más la historia popular, la de nosotros, la que nos trajo hasta aquí. Hay que decirles a esa muchachada luminosa que lo que viene no sólo son cantos, banderas, marchas, dedos en V o puños zurdos en alto…
Lo que vuelve es lo que nunca se fue. La lucha de clases… como la que vivimos en los 90’ o padecieron nuestros hermanos en los 70’.
Tenemos que ir por nuestras epopeyas, la del peronistas en el 45’ y después en el 55’, la de los anarquistas ajusticiando en post de la libertad más absoluta, la de los socialistas en la búsqueda de leyes laborales, la de los comunistas organizando sindicatos… tenemos que saber que todos somos uno, sin divisiones, sin internitas, sin facturas viejas.
Enrique Gigena, dirigente histórico del Partido Comunista santafesino alguna vez contó que en los 80’ en uno de los bancos cooperativos hubo despidos masivos. El tema era que los que “despedían” eran dirigentes del PC y muchos de los despedidos eran camaradas. Gigena, que fue partícipe activo de los Rosariazos, era secretario del Partido de Rosario. Y a él llegaron las críticas de los compañeros… en sí la queja era por qué eran ellos los que se quedaban sin trabajo siendo afiliados del PC… Enrique lúcido como siempre les dijo: “Ustedes qué son… comunistas… entonces luchen por sus puestos de trabajo y la de todos los demás compañeros como tales… sean revolucionarios siempre, defiendan lo colectivo como revolucionarios, aunque el enemigo diga ser parte de los nuestros”.
Esa es la reflexión.
Ese es el gollete de todo esto.
No bajemos los brazos. No podemos, porque ahora está en nosotros la historia, como alguna vez la tuvieron tantos otros que hoy admiramos a la distancia y otros anónimos, que aunque no sepamos sus nombres siempre estarán.
El 22 sólo se perdió una batalla. Importante, poderosa. Pero no la última. Ese combate final, cuando realmente logremos ser libres, sin explotados y explotadores, la darán otros, en otros tiempos. Pero necesitan hoy de nosotros para que ello ocurra.
Vamos arriba. Altivos y felices de ser coherentes y dignos de una sociedad entre iguales.