Gran Rosario, Martes, 17 Octubre 2017 06:20

 

Lunes, 21 Agosto 2017 20:37

El Urbano. 18 años.

Una crónica en primera persona

 

Por Hugo Cravero

Varias veces comenté que es mentira que El Urbano nace el 20 de agosto de 1999. Ya en 1998 con Vanesa Montenegro, en plena faena de estudiantes, de periodismo ella y de locución yo, pensamos un periódico para la ciudad. Por entonces entraban otros medios gráficos de distribución gratuita desde San Lorenzo y Rosario, pero no había uno local.

Hicimos cuatro números de El Urbano, nombre que se me ocurrió un día tendiendo la ropa en el fondo de casa. Entre guardapolvos húmedos de mis hijas me pregunté: “Y por qué no El Urbano”. Eran tiempos de la intendencia de Alfredo Secondo y su gestión había permitido que la línea 102 de Rosario empezara su circuito en la ciudad.

Aquellas ediciones primitivas no fueron en tabloide y tampoco en papel diario. Fueron momentos de experimentación y ganas de laburar para lo que nos estábamos formando.

En julio de 1999 la intolerancia y la mediocridad de los medios baigorrienses lograban que me rajaran por enésima vez de las FM de Baigorria. En plena campaña electoral fui parte de internas y acuerdos, y me quedé sin aire. Así que no me quedaba otra que reflotar El Urbano y parar la olla. Y allí salió el periódico más o menos parecido a lo que es ahora.

Ahora debo ser totalmente sincero. Yo no estaba preparado para escribir un diario. Los locutores, aunque tengamos redacción y la base periodística en la carrera, no tenemos una gran formación académica en lo narrativo. Tuve la gran ventaja de ser un gran lector desde chico de todo lo que se me pasó por delante. Desde siempre compré Página 12, y me enloquecía en leer a tipos que después supe que eran gigantes en el periodismo. Además por militancia y pasión fui (soy) un pasionario leedor de libros.

En fin, querido amigo, el aprendizaje fino de escritor, de redactor de géneros periodísticos lo fui adquiriendo con El Urbano. Probando. Oteando el panorama.

La aventura de pasar de la radio a lo gráfico me gustó demasiado. Y había una necesidad urgente de aprender. Saber más. Cubrir esos huecos que mi carrera terciaria había dejado.

Esos primeros años fueron durísimos. Baigorria no había tenido hábito similar en el consumo periodístico impreso. Nunca antes había existido un mensuario de éstas características en la ciudad, cosa que documenté cuando escribí la historia de los medios gráficos de la localidad. Estaban las revistas, los folletines, pero periódico de noticias, en papel diario, jamás antes.

Pero además nacimos en los coletazos del neoliberalismo, con desocupados que invadían las pantallas, de una Baigorria cargada de conflicto por el abandono generado en la infamia de los gobiernos de Carlos Menem y Fernando De La Rúa. El Urbano navegó a los ponchazos, al ritmo de un país quebrado por la derecha gobernante, marcado por la desidia y el flagelo de la deuda externa.

En esa época hubo meses donde no salimos a la calle, porque simplemente no se llegaba a pagar la impresión. Fueron grandes agujeros de El Urbano, que tapé con laburos en otros medios. A quién no le pasó lo mismo en ese principio de milenio triste y despojado. Quién no estuvo al borde del colapso, estupefacto ante el atroz final de esa nada que dejaba la convertibilidad y el epílogo de una quimera falaz.

En sí, El Urbano siempre estuvo al compás de la Argentina. Por eso el estirón lo dio en la década ganada. Allí logramos la continuidad mensual y publicar libros, 7 en total. El 1º de mayo de 2005 lanzamos otra episodio mediático, tan inédito para Granadero Baigorria como lo había sido el periódico. ElUrbanoDigital.com, el primer portal de noticias desde nuestra localidad al mundo.
Aunque esto sea para otra crónica, el sitio web es el decano en la red de redes citadina y uno de los primeros de la región.

De a poco, sin darme cuenta, El Urbano y su portal se fueron convirtiéndose en referentes periodísticos de la zona. Y en ese crecimiento sentí que los materiales publicados también sumaban envergadura. No sólo se logró la mensualidad, el fortalecimiento económico y la puesta en valor de los lectores. Se consiguió un nivel de escritura a la altura de cualquier medio de la provincia.

A 18 años, a sólo tres números de la edición 200 de El Urbano, me pregunto si se podrá medir en tinta, en papel, en bit, o en sueños tanto trabajo. O en metros, en litros, en vatios, el compromiso puesto cierre a cierre.

Quizás haya algo que pueda medir el amor a la profesión, la necesidad de contar una historia, recientes, lejana, próxima. Tal vez algo que ponga una métrica a la obligación de subjetibizar lo narrado, sin el temor de que se note de dónde venimos y lo queremos plantear.

En 18 años se ha fallado en la gramática o llegado tarde a una información, pero jamás se pateó en contra a lo éste pasquín pertenece desde siempre. Acá se denunció la complicidad local con la dictadura, se habló por primera vez de La Calamita, se ha contado de atropellos de políticos de lenguas partidas, y también de historias de nuestro pueblo, esa que pesan por su contenido histórico y humano que nos hace ciudad.

Hoy 20 de agosto, a 18 años de aquel Urbano número 1, vuelvo a sentir ese orgullo que te levanta desde el alma en cada cierre de edición, en cada jornada de entrega cellejera en su salida mensual y esa responsabilidad única que es saber que El Urbano es un medio correctamente ubicado en la historia, a pesar que no siempre sea un negocio.

 

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