Gran Rosario, Martes, 27 Junio 2017 05:53

Jueves, 01 Diciembre 2016 20:52

#AceitedeCannabis Mamá cultiva, en Baigorria también

Valeria Gauna, junto a su familia, autocultiva marihuana para su hijo con autismo. Integra la agrupación que pide despenalización del cultivo personal de cannabis y uso medicinal de la planta. “Yo no enveneno más a mi hijo con drogas. Hoy lo reemplazo por algo natural”, dijo la mujer a El Urbano Digital

 

Qué límite tiene el amor.

Cuál es tu compromiso máximo que estás dispuesto hacer por un ser amado.

Cuántas fronteras impensadas traspasarías por un hijo.

Estás preguntas no están en juego cuando la salud y el futuro se conjugan en tiempo de Madre. Como si fuera parte de la lógica de nuestro país una vez más son ellas las que toman la posta en un tema que relaciona la vida y el amor.

El cultivo de cannabis para hacer de esas plantas aceite para el uso medicinal está en el orden del día en el Congreso Nacional y en la Legislatura Santafesina. El debate de las propiedades curativas de una planta que goza de mala publicidad ya no queda en ámbitos cerrados, sino que se discute y se avala si mediar hipocresías.

Valeria Gauna es una vecina de Baigorria. Vive en Bon Vivant, y tiene una familia constituida por sus hijos (Franco de 20 años y Lázaro de 3) y su esposo Andrés. Hasta ahí la vida normal de una familia baigorriense de clase media. Lo que la hace distinta es que en fondo de su casa tiene unas 30 plantas y plantines de marihuana, para usarlas para la creación de resina de cannabis y luego aceite para uso medicinal.

La mujer de mirada profunda y conceptos claros integra Mamá Cultiva, una agrupación de familias del país que busca la despenalización del autocultivo de cannabis para hacer el aceite para uso fitoterapéutico. “Yo empecé usar la marihuana porque sufría de fibromialgia. Luego de haber probado todo tipo de medicinas, descubrí que el cannabis era un paliativo para el dolor”, comentó Valeria quien hace casi una década innovó en un método alternativo para mitigar las consecuencias de su dolencia.

Valeria tuvo otra experiencia en la familia con la marihuana antes de llegar al aceite e integrar Mamá Cultiva. “Mi hijo Franco tiene una discapacidad motriz. Eso le trajo problemas sociales, fobias y pánicos”, contó a El Urbano y agregó que: “Hasta que hace unos años empezó a fumarla y eso lo hizo descansar y dejar atrás sus problemas”. La decisión de Franco, con el consentimiento de la familia, no sólo lo ayudó en su inserción social sino que dejó de tomar tranquilizantes y pastillas. “Mirá, si ponés en una balanza y me decís que elija entre que mi hijo se fume un porro antes de dormir o se tome un clonazepam elijo lo primero, porque sé que no lo estoy envenenando”, sentenció Valeria.

Pero la determinación familiar del autocultivo y creación de aceite de cannabis fue por Lázaro, su otro hijo. El niño de tres años tiene un trastorno de espectro autista (TEA). “Al año de nacido nos empezamos a dar cuenta que Lázaro no era igual que los demás nenes de su edad. Y de a poco vimos que se fue apagando”, dijo. Luego de visitar profesionales le fue diagnosticado autismo al bebé.
El autismo no sólo desconecta a la persona que lo padece de su entorno sino que sufre ataques epilépticos y crisis. “Cuando se produce una crisis en un autista éste se golpea contra el piso o las paredes, lloran, gritan, se ríen, se lastiman o te muerden, se parten la cabeza y no se dan cuenta. Parecen poseídos y vos no sabés que hacer. Es terrible”, aseguró Valeria al narrar lo que vive una familia en esas circunstancias.

“A principio de julio de éste año Lázaro tuvo una crisis muy fuerte y eso me demolió. Fue un domingo, estábamos todo y eso nos determinó que teníamos que buscar algo alternativo”, relató Valeria para explicar cómo llega a Mamá Cultiva. “Ya veníamos viendo el tema del cannabis a través de las redes sociales. Así que me comunico con Jorge, esposo de Valeria Salech presidenta de Mamá Cultiva Argentina, quien me dijo que me contacte con AREC (Asociación Rosarina de Estudios Culturales) para plantear nuestra realidad”, dijo quien al reunirse con la institución de Rosario consiguió aceite de cannabis para que Lázaro inicié su tratamiento.

“Recuerdo que el 12 de julio un chico de Beltrán nos trajo un gotero con aceite y esa noche le dimos y a la mañana repetimos la dosis”, relató y los efectos fueron increíblemente rápidos. “Al mediodía siguiente salimos hacer mandados, como siempre con Lázaro en el asiento de la bicicleta, y notaba que ya no estaba en su mundo, comenzaba a mirar las cosas, los árboles, los pájaros. El tema fue que cuando llegamos a la farmacia primero y al súper después, Lázaro se pudo contactar con la gente. Fue a horas de haberle dado las primeras dosis de cannabis”, aseguró y remató diciendo: “Lázaro se había conectado”.

A 4 meses de tratamiento Lázaro sólo tuvo una sola crisis, empezó a balbucear, a comer verduras y carne (cosa que antes no hacía, sólo se alimentaba a yogures o flanes), a jugar con su hermano y su padre, a sumarse de a poco a la familia. “Él empezó con una dosis 60 – 1, o sea una gota de resina de cannabis y 60 de aceite de oliva (que es la mezcla con lo que se prepara el gotero) a pasar a 20 – 1. Se les fue aumentando la dosis y bajando. Eso lo vamos viendo con el resultado que va produciendo el tratamiento”, dijo Valeria. El tema es que no hay una tabla ni una fórmula para el uso del suplemento fitoterapéutico. Como bien lo define la entrevistada las cantidades a dar de los tratados difiere a “ojo de madre” observando la evolución de cada uno. Hoy Lázaro toma dos veces al día.

La familia baigorriense, que vale aclarar que no es la única que está desarrollando esta forma alternativa de mitigar problemas de salud con la marihuana pues por lo menos 3 hogares más de la ciudad está llevando adelante la misma experiencia, consiguió sus primeros goteros para Lázaro gracias a la solidaridad de Mamá Cultiva y AREC que no comercializa el aceite sino que lo distribuye para quien lo necesita de manera gratuita. Pero es necesario que todos los que integran ésta agrupación auticultiven cannabis para no detener la producción de la resina del cannabis, la base del mencionado aceite.

Luego de conseguir semillas desde España, traídas por correo en un sobre común y de haber pagado más de mil pesos el envío y las cepas, la familia plantó los cáñamos con el cuidado que ésta especie requiere. “Nos enseñaron hacer un indoor para dejar las masetas germinando, que es un ropero que está revestido en papel refractario, cerrado e iluminado con lámparas de bajo consumo. Los primero días le dejábamos luz durante todo el día, ahora que ya son plantas el procedo es de 18 horas de luz y 6 a oscuras”, comentó Gauna al narrar cómo es lo que es el cuidado y tratamiento para hacer florecer el cannabis.

Las plantas de marihuana necesarias son las hembras, que es la que genera la flor que con la que se hace la resina. Las machos polinizan a las femeninas y si están un mismo ambiente puede “hemafroditizar” a la planta lo que hará que la misma deje de florecer. Es por eso que los autocultivadores tratan de no mezclarlas para poder cosechar los cogollos sin problemas. A pesar de lo complejo que es conseguir semillas, plantarlas, germinarlas y esperar su crecimiento, a Valeria y su familia los plantines de marihuana le crecieron de manera espectacular. “Las semillas llegaron en agosto y ahora están hermosas”, dijo la madre quien ya habló con sus vecinos sobre la existencia del cannabis en su patio.

“Mis vecinos conocen a Lázaro y saben de su autismo. Ellos son solidarios y entienden el por qué de las plantas”, mencionó Valeria que sabe de la ilegalidad del cultivo pero eso no la detiene en buscar un paliativo para su familia. “Sé que puedo ir presa, por dos o treinta plantas. Y podemos ir presas todas las que integramos Mamá Cultiva por asociación ilícita, pero son los riesgos que tomamos todas para salvar a nuestros hijos”, sentenció.

Las integrantes de Mamá Cultiva autocultivan. Cada una de ellas en sus casas plantan distintas variedades de marihuana con propiedades determinadas según los casos a tratar y desde allí nace la distribución solidaria de los goteros con aceite. En rigor hay dos propiedades destacables en el cannabis. Una es el THC y la otra es la CBD. La primera pertenece a las especies de marihuana sativas y la segunda a las índicas. En una rápida síntesis podríamos decir que el THC sirve para casos de trastornos psicológicos, trastornos del movimiento, el dolor y el glaucoma entre otros, mientras que el CBD por su contenido analgésico mitiga dolores, siendo ideal para pacientes con cáncer.

Hace unos meses la familia de Lázaro cosechó los primeros cogollos para elaborar aceite de cannabis. Con las especificaciones dadas con anticipación por compañeros de la agrupación los vecinos de Baigorria sacaron cuidadosamente las flores secas y con un proceso de congelamiento a los cogollos primero y luego un meticuloso hervor en baño maría de más de seis horas a un temperatura exacta, más otro delicados pasos, se obtiene la resina que luego se diluirá con aceite de coco o aceite de oliva.

En días que se debate el uso medicinal de aceite de cannabis, es necesario también discutir una ley de autocultivo, para evitar que detrás de todo esto haya un gran negocio de laboratorios que ya han puesto los ojos en el cannabis y sus virtudes curativas. Son las familias que conviven con enfermos los que saben beneficios que brindan la marihuana y las virtudes que ella tiene. Día tras día se descubre algo sobre del cannabis, endiablado por algunos que saben que detrás de todo esto hay un gran negocio.

Pero aún hay gente que sigue poniendo el amor ante todo, sin medir consecuencia en la búsqueda de un vivir mejor de su próximo.

Quién puede condenar al amor entonces. Quién es capaz de medir las decisiones que se toman cuando se está en ese callejón de la vida.

Valeria, su familia, y las mujeres que ponen su cuerpo y su libertad como garantía, son el ejemplo necesarios a contar en tiempos donde parece que lo malo vuelve a estar a la moda. Los casos que asiste o puede asistir la marihuana y sus propiedades curativas no puede estar supeditado a la moral o los negocios de unos pocos.

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