Gran Rosario, Domingo, 20 Agosto 2017 02:55

 

Martes, 25 Octubre 2016 14:30

Los lazos de familia del cura Bochero en Baigorria

Fabiana Patricia Brochero es sobrina biznieta de un santo. Y no es mentira. Es más sus hijos, Mélani, Romina y Diego son sobrinos tataranietos de un ser, que desde su compromiso en vida y los milagros después, dejó un recuerdo vívido en la familia que reside en barrio Bon Vivant de Granadero Baigorria

 

“Mi papá siempre nos decía que en Córdoba un tío de su abuelo estuvo consagrado a la fe, le decían tío Gabriel, que lo habían designado al curato de San Alberto en Traslasierra”, comentó Fabiana a éste periodista. Ese sacerdote era José Gabriel Brochero, o mejor dicho San cura Brochero, el cura gaucho.

Fabiana fue una de las 80 mil de personas que vivieron la canonización del argentino el pasado domingo 16 en el Vaticano, cuando el Papa Francisco lo hizo santo junto a otros 6 personas que subieron en el pedestal celestial (los nuevos santos son: el mártir de la Revolución Francesa Salomón Leclercq, la carmelita francesa Elisabeth de la Trinidad, el obispo español Manuel González García, el niño mexicano José Sánchez del Río y los beatos italianos Ludovico Pavoni y Alfonso María Fusco).

Pero vale la pena sumar unos párrafos a ésta narrativa para contar cómo Fabiana viajó con sus hijos a Roma para ver la santificación de ese familiar tan lejano en tiempos, pero tan cercano en sentimiento y fe a Dios.

Según comentó la sobrina biznieta, la familia Brochero nunca dejó la vocación y su compromiso con el catolicismo. “El cura Bochero fue un hombre de alma misionera, que se fue a evangelizar a lugares inhóspitos de Córdoba”, recordó y pareciera que esa conducta se mantuvo de generación en generación.

Su viaje a Roma empezó hace 10 años atrás cuando con su esposo e hijos viajó a Villa Cura Brochero, pueblo donde pasó los últimos años el santo y que hasta antes de su muerte se llamaba Villa del Tránsito. “Siempre fuimos Villa Cura Brochero, pero esa vez nuestra hija menor Mélani, que a los 6 meses de nacida nos pronosticaron sólo tres meses vida, dice sus primeras palabras al ver una imagen del cura. Dice ‘mirá nono’, porque mi papá se parecía mucho a mi tío bisabuelo”, se emociona al recordar el hecho. “Venir al Vaticano para que Mélani pueda conocer al Papa Francisco es algo que le habíamos prometido y lo logramos”, sumó.

La idea de viajar como dijimos era una necesidad para el alma. Pero cómo hacerlo, con qué recursos. En 2013 cuando su hija mayor, Romina, viaja a Río de Janeiro al Encuentro de las Juventudes, donde Francisco presidió la actividad, las ganas se incrementaron más. Pero al conocerse la canonización de su familiar la decisión estaba tomada. Todos iban a viajar a Roma para la santificación. “Y al ponerlo en mano de Dios lo demás estaba asegurado”, pensó Fabiana.

“Empecé a golpear puertas, enviar cartas a Ministerios, a la Gobernación, a todos lados. Les contaba que queríamos ir por nuestra familiaridad con el Cura Brochero, pero en especial por Mélani, su amor por ese nono, por sus ganas de conocer al Papa Francisco. Ella aún no puede comunicarse bien pero sabe lo que quiero y nosotros queríamos cumplir su sueño”, relató Fabiana.

“La fe mueve montañas. Fui hablar con el arzobispo de Rosario Eduardo Marín, le conté el sueño de mi hija, le dije que éramos familiares del santo, y sin dudar de la veracidad de nuestra historia envió una carta al Papa solicitándole nuestro pedido y enseguida desde Roma llegó la contestación con la invitación al protocolo”, dijo.

Los recursos fueron prácticamente costeados por la familia. Su esposo y sus hijos trabajaron para poder pagar la estadía y hubo gente que ayudó al financiamiento de los pasajes. “Recién el 4 de octubre pudimos cerrar el viaje. El 9 teníamos que estar en Roma, y el 7 nos dieron los pasajes, el día de la virgen del Rosario”, comentó Fabiana que a pesar de todos los pesares nunca perdió la fe.
Ese 16 de octubre será eternamente recordado por la familia Brochero de Baigorria. Por Fabiana, Romina, Diego y en especial por Mélani que pudo estar con el Papa Francisco, recibir su bendición y su cariño.


San cura José Gabriel Brochero

 

El cura gaucho nació en 1840 en Villa Santa Rosa, Río Primero Córdoba, en lo que era La Confederación Argentina. A los 26 años se ordenó sacerdote y al año de ser cura se lo vio en el socorro de enfermos en la epidemia de cólera que azotó Córdoba Capital en 1867.

En 1869 lo enviaron al curato de San Alberto, en el valle de Traslasierra. Allí en un territorio de más de 4 mil kilómetros cuadrados de serranía el joven curita se las ingenió para llevar el evangelio a los 10 mil habitantes que estaban en el lugar. No había escuelas, ni caminos, ni iglesias. Nada en medio de la nada.

Ahí nació su condición de cura gaucho. Al lomo de una mula, con yagas en sus nalgas cabalgó las extensas distancia no dejando a nadie de lado. Con todos se daba, con gente de fe, con malvivientes, con políticos para llevar lo necesario para sus pagos.

Él mismo se sumaba a brigadas para abrir caminos o levantar la pared de una escuela. Era la piedra fundamental para hacer lo que sea por el bien de los demás.

El que hoy es el primer santo argentino, nacido y fallecido en el territorio nacional (es de aclarar que San Héctor Valdivieso Sáenz nació en 1910 en Buenos Aires, pero en 1914 se radicó con su familia en España. Allí en 1934, antes de la guerra civil, fue asesinado junto a otros 8 religiosos en el pueblo de Turón, a 20 kilómetros de Oviedo), muere en Villa del Tránsito en 1914 con lepra por haber estado conviviendo con enfermos de ese mal.

San cura Brochero fue declarado Venerable en 2004 por el pontificado de Juan Pablo II, pero en 2013 luego de confirmarse un milagro a su nombre tras la recuperación de Nicolás, un niño que en el 2000 estaba a punto de morir luego de un accidente de tránsito en Córdoba, fue nombrado Beato por el Papa Francisco.
El pasado 16 de octubre el mismo Papa lo declaró santo al corroborarse su segundo milagro. Camila tuvo una recuperación sin explicaciones para la ciencia. La niña había sufrido un infarto masivo en el hemisferio derecho de su cerebro luego de una feroz golpiza de su madre y de su padrastro. La recuperación de la nena sanjuanina se lo adjudicó al cura gaucho.

En sí son decenas los milagros que a él se le atribuye, pero los corroborados científicamente y teológicamente son dos. Los necesarios para serlo santo.

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